Un mundo de fábula

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El domingo, para algunos el primer día de la semana, para otros el último, se muestra sombrío, cuando la gente no puebla sus calles; cuando uno transita por ellas, y las nota desérticas, se pone nostálgico; entonces nos asaltan los recuerdos, y nos envolvemos en un escenario distinto, pasa cuando el imaginario secuestra nuestras mentes y nos traslada a un pasado alegre o quizá mustio.
Cada ser humano tiene una historia dentro de sí, que nos acompaña vivencialmente; y que nos trae y retrae; el recuerdo de la familia; las travesuras de la infancia; las anécdotas deportivas; los momentos de humor; las fiestas que disfrutábamos; las contiendas en el barrio; las intensas jornadas artísticas con viejos cantores, y las veladas con las muchachas que inspiraban un amorío.
Todo ello, parece convivir con nosotros permanentemente, y aunque no se crea, generan alguna interrogante, ¿por qué dejamos este valle encantado? –nos preguntamos- tratando de entender la magia de un ciclo distinto, donde creíamos que Papa Noel nos dejaba los regalos en navidad, luego de leer nuestras cartas; que nuestro hermanito era traído por esa ave picuda llamada «cigüeña».
Transitando un domingo cualquiera acumulamos estos recuerdos, donde la ilusión nos mantenía a flote, con situaciones que para algunos serían cómicas, pero que para otros, requerían vivir esta fantasía; eran épocas donde el engaño era permitido y entendido en el trato con niños, que no debían conocer la verdad prontamente, sino hallar la vía como extraída de un gotero; poco a poco.
Las peleas entre padres, algunas veces con violencia, hace preguntarse a los niños; ¿qué está pasando aquí?, dirigen la mirada a sus progenitores y no encuentra respuesta; quizá sea muy difícil responder a un pequeño, cómo explicarle las situaciones que enfrenta el ser humano, en la sociedad; la unión familiar no siempre es fácil, cuando los seres humanos no logran su adaptación.
A pesar de todos los adelantos de la ciencia y la tecnología; sin importar la edad, ni el tiempo transcurrido, uno se sigue preguntando ¿mamá por qué dejaste que nuestro mundo encantado desaparezca?, porque la verdad, jamás dejamos de ser niños, siempre en nuestra interna, seguimos flotando en el mundo mágico de Donald; Caperucita Roja; Peter Pan; el Gato Félix; ¿dónde se fue?
En un domingo desierto, quizá cuando la tarde se torne en noche; habrá un lugar y un momento, cuando los vehículos se muestren fatigados, y nuestras mentes resuelvan contactarse con las musas; y acaso nos preguntemos; ¿por qué no fuimos el príncipe que cogió el zapato de cristal, de la poseída Cenicienta, y luego se quedó con ella?; ¿por qué las historietas fantásticas ya no están con nosotros?
Hoy todo esto se ha desvanecido; el niño, ya no vive su ilusión; martillea su cabeza, en busca de respuestas que no obtiene; participa en juegos vedados; exige a sus padres que le compren regalos; sabe que en la procreación no participa la cigüeña y que Noel no existe; está sometido a la tecnología; aprende lo malo; una situación adversa, donde la fantasía no fluye; la magia tampoco.

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