En esta primera columna quiero invocar a la transparencia del trabajo. No hace falta que exista una ley que te obligue a mostrar transparencia en tu trabajo. Si alguien duda de tu labor y de tus responsabilidades, y esas dudas generan crisis a nivel macro, lo mejor es demostrar que trabajaste con honestidad.

Menciono este tenor porque, muy al margen de las preferencias electorales, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) está siendo cuestionado y añado que tanto en el equipo de Keiko Fujimori como en el de Pedro Castillo hay personas con cuestionamientos.

Por el lado de Keiko tenemos, para empezar, a la propia candidata, quien tiene ya procesos por corrupción. Por el lado de Castillo es cuestionable, desde mi óptica, que una funcionaria de la RENIEC esté como candidata a la primera vicepresidencia, como es el caso de Dina Boluarte.

“Todos son inocentes hasta que no se demuestre lo contrario”, dice el dicho, por lo que nos guste o no, solo son culpables, legalmente hablando, a los sentenciados.

Ante tantos cuestionamientos, Si el JNE señala que Pedro Castillo ha ganado en buena lid, a esta institución le sería muy favorable que una auditoria internacional proceda y que les dé la razón.

Con esa acción cerrarían la boca a Keiko Fujimori y su proceso judicial retomaría su curso y quien sabe pudiera terminar en la cárcel. Pero mientras el JNE no opte por una auditoría y otro método que demuestre que su trabajo fue transparente, las dudas seguirán sobre la institución.

Esto en realidad es muy lamentable para nuestro país, porque la crisis institucional en lugar de retroceder está avanzando. La desconfianza en nuestras autoridades está cada vez más deteriorada.

Hoy menciono al JNE porque es la entidad que está en boca de todos, junto con la ONPE. Y hablando de ONPE, su titular Piero Corvetto antes de ser elegido para su actual cargo dijo estar a favor del trabajo transparente, de mostrar hasta las contrataciones al personal, estaba a favor de las auditorías y más aún, a favor de que éstas se muestren al público. Esperemos que no se haya olvidado de esas palabras.

A poco menos de un mes de cumplir nuestros 200 años donde nuestros héroes entregaron su vida por nuestra soberanía, nuestros políticos e instituciones cada vez nos hacen confiar menos en ellos.

La confianza en nuestras autoridades está maltrecha. Parece que solo tuviéramos por mostrar la crisis institucional.

El Poder Ejecutivo tampoco se salva. A lo largo de los años hemos tenido mandatarios plagados de denuncias por corrupción, como Alan García, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski, Vizcarra, y seguro que el próximo que nos gobierne 05 años caerá en lo mismo.

Pensar que Miguel Grau dejó su cargo de diputado para subirse al Monitor Huáscar y pelear por su país. Como el político Grau ya no veremos por mucho tiempo. Ojalá que en el tricentenario los peruanos celebren con alegría y orgullosos de sus autoridades, no como nosotros.

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