El expoeta del Asfalto, el autor de Los románticos mueren primeros (2013), y el organizador de la Feria Anti-Gil y Poetalica Fest, editó el año pasado el poemario El soldado nostalgia (Teseo y sus flechas de papel, 2020), un poemario de índole urbano-marginal, de voz contestaria, cuestionadora, desmitificadora, que explora, como también enseña la poesía, aquel espíritu tanático y destructor que acecha a la existencia humana, como la protesta social, la soledad, el desamor, la pobreza, la marginalidad, el complot, entre otros.

He hallado en las páginas de este poemario una especie de sinsabor, cuestionamiento, amargura y destrucción por parte del hablante lírico de las diferentes composiciones, que asolan y encubren las reflexiones líricas en sus diversas temáticas desarrolladas, desde el lado más subjetivo del yo poético (el amor contrariado, por ejemplo) hasta la denuncia y protesta por los grandes problemas mundiales (como lo que viene sucediendo en Venezuela o Irán, por ejemplo).

Por ello, el tono poético del poemario tiene un sabor esquizoide, donde existen poemas que recuerdan las voces psicosomáticas que utilizaron (creo yo) los representantes de las principales influencias del autor de Soldado nostalgia: Hora Zero, Kloaka, Neón o Poetas del Asfalto. Y es tan afín aquella línea macroestructural que, como afirma el poeta Víctor Coral en el prólogo del libro, este poemario es de la raza de los poetas de las calles y de la elocuencia, que poetiza sin rendir cuentas, es casi antiacadémica, y siempre está hurgando en la esencia de los seres, las cosas y los hechos.

En ese sentido, me contentaré siempre haber leído aquel poema de este libro de Miguel Fegale que rinde tributo al “primer poeta subterráneo del Perú”: Martín Adán, que, como siempre gusta a los escritores leer temas literarios y escriturales, me alegró reconocer, otra vez, el constante y casi eterno homenaje que le tributan los poetas que han elegido este camino en la poesía. Basta recordar los poemas que le dedicó el poeta Roger Santivañez al creador de Escrito a ciegas (1961).

Por ello, comparto las palabras de la poeta y subdirectora de Poetalica, Lillian Carvo García, sobre este libro: “Poemario contracultural, antisistema y anti-snob escrito desde cualquier esquina del centro de Lima, desde un celular o una mesa vieja”. En todas aquellas acepciones, se aprecia la crisis. Y, como los especialistas del tema han descubierto, todo período de crisis es inmanente a un contexto de revolución, conflictos extremos, luchas sociopolíticas individuales o en conjunto. Desde ese punto se aborda las cuestiones políticas de esta entrega.

Ante esta perspectiva, este poemario desarrolla su propuesta desde un carácter marginal, neourbano, descentrado, posmoderno y anárquico; donde la oralidad popular, criolla o migratoria se entrecruza temáticamente, a partir de una estructura fragmentada y un discurso esquizoide, además de un registro poético narrativo-conversacional que despliega muy bien el hablante lírico en las composiciones. Asimismo, esto demuestra que Miguel Fegale no es un improvisado, ya que también aborda el culto del lenguaje experimentado con los quiebres formales de la sintaxis de los poetas de la tradición poética peruana.

Así, se regocija con los saberes irreverentes del día a día, de la calle y de las masas, para moldearlos con los conocimientos de la poesía peruana canónica, lo que da crédito a su propuesta escritural, que, también, cuestiona y duda de todo aquello que no parece ser la verdad, como un iluminado que sabe que vivimos en las sombras de una caverna de espejismos y mentiras, cuando la realidad verdadera todavía no es asequible a una mirada universal, integradora y cabal de la existencia humana.

Por ello, como muy bien señalaba el crítico literario Gabriel Ruiz Ortega sobre un aspecto similar, esta propuesta “es ajena a los intereses comerciales y académicos que ensucian las almas de muchos letraheridos, otrora escritores idealistas convertidos en mercenarios, capaces de hacer de todo con tal de poner el primer ladrillo de esa pared que jamás llegarán a terminar: la canonización”. En efecto, yo también creo que es encomiable siempre leer a escritores que escriben con las vísceras, con la sangre, con las entrañas; ya que es una forma honesta y sincera de comprender mejor la literatura.

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor peruano (1989). Egresado de la Maestría en Escritura Creativa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Estudió Literatura en la UNMSM. Ha publicado Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019) y Azares dirigidos (2020). Textos suyos aparecen en diversas antologías, páginas virtuales, revistas, diarios, plaquetas y/o; de su propio país como de países extranjeros. Ganador del Concurso de Relato y Poesía Para Autopublicar (2020) de Colombia. Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007). También, ha sido reconocido en otros certámenes literarios.

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