El libro de cuentos Puka Killa (Editorial Apogeo, 2025), del escritor Joseph Arévalo, se inscribe dentro de una de las corrientes narrativas más persistentes y dolorosas de la literatura peruana contemporánea: la representación de la violencia política que asoló al país durante las décadas de 1980 y 1990. Más que una simple recreación ficcional del conflicto armado interno, este conjunto de relatos constituye una exploración humana, social y simbólica de una herida histórica que, más de cuatro décadas después de iniciada, todavía permanece abierta en la memoria colectiva de los Andes peruanos.

Desde sus primeras páginas, el libro revela una preocupación central por retratar las fracturas que dejó la guerra entre el Estado, las Fuerzas Armadas y los grupos subversivos. Sin embargo, Joseph Arévalo evita caer en el maniqueísmo o en la simplificación ideológica. Sus personajes —campesinos, soldados, profesores, religiosos, senderistas, comuneros o fugitivos— aparecen atravesados por contradicciones humanas, dilemas morales y conflictos interiores que enriquecen la dimensión psicológica de cada relato. En ese sentido, el autor no solo narra hechos violentos, sino también las secuelas emocionales y espirituales que estos producen en quienes los padecieron.

Uno de los principales méritos del libro reside en su construcción estética. Arévalo emplea técnicas narrativas modernas con naturalidad y eficacia: el flashback, el inicio in medias res, la polifonía de voces y los diálogos ágiles permiten que las historias adquieran dinamismo y profundidad. Estas herramientas, heredadas en parte de la tradición posneoindigenista peruana, son utilizadas con equilibrio y sin artificios innecesarios. La influencia de narradores como José María Arguedas, Ciro Alegría y Manuel Scorza resulta perceptible, especialmente en la manera en que el paisaje andino y la oralidad popular se integran a la estructura narrativa.

El lenguaje constituye otro de los grandes aciertos de Puka Killa. En varios relatos aparece un registro transcultural donde el español convive con vocablos y construcciones quechuas, otorgándole autenticidad a la voz de los personajes y reforzando el universo cultural andino. Esta mezcla lingüística no es un simple adorno folclórico, sino una herramienta expresiva que permite representar con mayor fidelidad la sensibilidad de las comunidades campesinas. La oralidad, además, cumple una función esencial: los relatos parecen contados desde dentro de la experiencia colectiva, como si surgieran de la memoria oral de los pueblos marcados por la guerra.

La narrativa de Arévalo posee también una cualidad cambiante y envolvente. Hay momentos de sobriedad y síntesis, pero también pasajes más digresivos y caudalosos, semejantes a los ríos andinos que avanzan entre quebradas y montañas. Esa fluctuación estilística favorece la atmósfera de los cuentos y les otorga una intensidad particular. Los espacios naturales —la sierra, la selva del río Pampas, las comunidades alejadas, los pueblos olvidados— dejan de ser simples escenarios y se convierten en elementos vivos que condicionan el destino de los personajes.

Otro aspecto destacable es la elección de los escenarios geográficos. A diferencia de muchas obras sobre la violencia política centradas exclusivamente en Ayacucho, Joseph Arévalo desplaza su mirada hacia territorios menos explorados por la narrativa peruana contemporánea. Gracias a ello, el lector accede a nuevas geografías del conflicto y comprende que la guerra interna dejó huellas profundas en distintas regiones del país. Esta descentralización del espacio narrativo amplía el horizonte temático de la literatura sobre la violencia política y enriquece el panorama de la narrativa andina actual.

Entre los cuentos más logrados del libro destaca “Puka Killa”, relato que da nombre al volumen. Allí se cuenta la historia de Zacarías Mayte, un campesino que recibe una vaca del Ejército a cambio de delatar a un profesor simpatizante de los alzados. El relato aborda la traición, el miedo y la fragilidad moral en tiempos de violencia. Aunque el personaje intenta salvarse durante un juicio comunal, termina siendo reducido a cenizas en un desenlace cargado de simbolismo y misterio. La luna roja del título funciona como una metáfora ominosa de la sangre derramada y de la culpa colectiva.

“El jarjacha” retoma la mitología andina para construir una historia marcada por el deseo, la culpa y la violencia. El protagonista, un hombre dominado por la lujuria, termina enrolado en el Ejército y muere brutalmente a manos de sus propios superiores. El cuento logra conectar la tradición oral de la figura del jarjacha —ser monstruoso asociado al incesto— con el horror de la guerra interna, fusionando mito y realidad de manera efectiva.

Otro relato notable es “Los besos de la camarada Sung Lee”, donde un agente de inteligencia se infiltra en una columna subversiva y establece una relación sentimental con una combatiente. La historia desarrolla con tensión el conflicto entre el afecto y la traición, mientras muestra las estrategias clandestinas de ambos bandos durante la guerra. Por su parte, “Los reinos del Tayta Erasmo” presenta a una columna insurgente perdida en la selva del río Pampas, acosada por el hambre, la persecución militar y las dudas existenciales de sus integrantes.

“La traición” explora las secuelas psicológicas de la violencia a través de un campesino migrante que vive atormentado por sus recuerdos y busca ayuda psiquiátrica en Lima. El relato destaca por su dimensión introspectiva y por la crítica implícita hacia ciertos mecanismos de poder urbano que terminan reproduciendo nuevas formas de abuso y manipulación.

En “Runa Supay (Hombres diablo)”, Arévalo muestra la irrupción del Estado, el Ejército y las empresas mineras en comunidades altoandinas alejadas, denunciando el desprecio hacia los pobladores indígenas y sus formas de vida. El cuento articula así la violencia política con la violencia económica y cultural. En cambio, “Vox populi (Historia de Zenaida Collque)” se mueve entre el humor negro, la crítica moral y la ironía social para narrar la caída de un sacerdote dominado por el deseo.

“María socialista” se centra en los huérfanos de la guerra y en las consecuencias que el conflicto dejó sobre los niños y adolescentes. “Virgencita de la Candelaria”, probablemente el cuento más extraño y simbólico del volumen, mezcla fanatismo político y religiosidad popular al narrar cómo el cuerpo embalsamado de una camarada termina siendo venerado como una santa durante una festividad puneña. Finalmente, “El mandamás” retrata la decadencia de un antiguo líder senderista liberado tras años de prisión, quien regresa a una sociedad que ya no lo reconoce y termina enfrentándose al abandono y a la muerte.

En conjunto, Puka Killa constituye un libro sólido y comprometido. Joseph Arévalo demuestra dominio narrativo, conocimiento del mundo andino y sensibilidad para abordar una temática compleja sin perder profundidad estética. Sus relatos dialogan con la tradición de la narrativa posneoindigenista y con autores contemporáneos de la literatura de denuncia y protesta social, como Enrique Rosas Paravicino, Julián Pérez Huarancca, Miguel Gutiérrez, Abdulrazak Gurnah o Mo Yan, salvando las distancias.

Más allá de sus virtudes estilísticas, el libro posee un importante valor testimonial y simbólico. Sus cuentos recuerdan que la literatura no solo puede ser un espacio de belleza, sino también un territorio de memoria, denuncia y reflexión crítica sobre la historia reciente del Perú. Puka Killa se suma así a las obras que intentan comprender, desde la ficción, uno de los periodos más traumáticos del país, y confirma a Joseph Arévalo como una voz narrativa atenta a las tensiones sociales y culturales del mundo andino contemporáneo.

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor, corrector de estilo, columnista y amante de los libros. Estudió Literatura y cursó la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023), Operación Catástrofe (2024), Cantera de fuego (2025) y Fábulas de amor y libros (2025). Ha sido distinguido en diferentes certámenes literarios, tanto nacionales como internacionales.

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