ASEDIOS CRÍTICOS A LA LITERATURA PERUANA DE NECKER SALAZAR MEJÍA

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En julio pasado falleció el investigador, catedrático y amigo Necker Salazar Mejía, una de esas figuras que entendían la crítica literaria no como un ejercicio de erudición distante, sino como una forma de dialogar con la historia y con las voces que la conforman. Tuve la oportunidad de conversar con él por última vez durante la Feria de Libros La Independiente, en diciembre de 2025. Recuerdo que entonces me habló con entusiasmo de un manuscrito en el que trabajaba la recopilación de sus mejores artículos académicos y que terminaría convirtiéndose en su última publicación: Asedios críticos a la literatura peruana (Bisonte Editorial, 2026). Hoy, después de su partida, el libro adquiere el carácter de un legado intelectual: una obra que sintetiza años de lectura, investigación y reflexión sobre la poesía, la narrativa y el ensayo peruano del siglo XX.

Más que una recopilación de artículos, el volumen propone un recorrido coherente por algunas de las discusiones más importantes de la tradición literaria peruana contemporánea. Salazar Mejía no pretende construir un canon definitivo; por el contrario, se acerca a escritores consagrados y a voces menos frecuentadas con la voluntad de revelar sus tensiones, sus contextos y la vigencia de sus propuestas estéticas e ideológicas. El resultado es un libro que invita a releer la literatura peruana desde sus márgenes, sus conflictos y sus permanentes procesos de transformación.

La obra está organizada en cuatro grandes secciones. La primera, “Poéticas no canónicas”, constituye una reivindicación de aquellas voces que históricamente han permanecido fuera del centro del reconocimiento académico. Allí el autor dedica dos estudios fundamentales a Efraín Miranda y Leoncio Bueno, poetas cuya escritura convirtió la protesta social en una poderosa forma de creación estética. Sobre Choza (1978), de Efraín Miranda, el catedrático sostiene que se trata de un poemario indispensable para comprender el verdadero sentido del mundo andino. En su lectura, Miranda interpela el espacio letrado, cuestiona los artefactos culturales de la modernidad y denuncia un sistema oficial que invisibiliza a los sujetos subalternos. Pero el mérito de su poesía no reside únicamente en la denuncia: también recupera una ética sustentada en la reciprocidad, la justicia comunitaria y el respeto por los símbolos ancestrales, demostrando que la tradición andina constituye una forma vigente de comprender el mundo.

El estudio dedicado a Leoncio Bueno continúa esa línea de reflexión desde otro horizonte social. Su obra poética aparece caracterizada como una auténtica lira proletaria, muy vinculada al sindicalismo, la lucha obrera y la resistencia política. Salazar Mejía destaca la ironía como uno de los recursos centrales de su escritura: un tono mordaz que convierte cada poema en un acto de insubordinación frente a las desigualdades sociales. A partir de ambos autores, el crítico reconstruye una genealogía de la poesía de protesta peruana que encuentra en César Vallejo su origen más fecundo, estableciendo un puente entre la sensibilidad vallejiana y las posteriores expresiones de la poesía social.

La segunda parte, “Derroteros en la literatura indigenista y neoindigenista”, se adentra en uno de los territorios más complejos de nuestras letras. Salazar revisita clásicos fundamentales como El mundo es ancho y ajeno (1941), de Ciro Alegría; Todas las sangres(1964), de José María Arguedas; La tumba del relámpago (1979), de Manuel Scorza; y el cuento “El retorno de Eliseo”, de Edgardo Rivera Martínez. Uno de los aportes más sugerentes de esta sección consiste en el diálogo que establece entre personajes emblemáticos como Benito Castro y Rendón Wilka, figuras que encarnan distintas formas de mediación entre el mundo andino y el orden moderno. Salazar no los reduce a simples símbolos del indigenismo, sino que los interpreta como sujetos atravesados por profundas contradicciones históricas, culturales y políticas. Del mismo modo, el análisis del personaje Genaro Ledesma en la novela de Scorza permite reflexionar sobre el papel del intelectual y del sujeto letrado dentro de los procesos de resistencia colectiva.

En conjunto, estos ensayos evidencian cómo la literatura indigenista y neoindigenista trasciende la representación costumbrista para convertirse en un espacio donde se disputan la memoria, el poder y la identidad nacional. En todas estas lecturas sobresale una constante: el reconocimiento del profundo respeto que estos autores profesan hacia la cultura andina, así como su denuncia de los abusos del gamonalismo y de las múltiples formas de exclusión ejercidas por el Estado.

La tercera sección, “Asedios a la literatura peruana: escritores y críticos literarios”, desplaza el foco hacia la historia intelectual del país mediante el estudio de dos acontecimientos decisivos: el Primer Encuentro de Narradores Peruanos de Arequipa (1965) y el Encuentro de Narradores Peruanos de Cajamarca (1971). Lejos de reconstruir solo la cronología de estos eventos, Salazar rescata las discusiones que marcaron una época. En Arequipa, los debates giraron alrededor de la relación entre ficción y realidad social, del valor de la técnica narrativa como herramienta indispensable para convertir la experiencia en forma artística y de la permanente interacción entre literatura y sociedad. En Cajamarca, las preocupaciones se ampliaron hacia el papel del escritor en un contexto de profundas convulsiones políticas, el desarrollo del teatro peruano, el crecimiento de la industria editorial, la construcción de una narrativa vinculada a la identidad nacional y la influencia decisiva de la tradición oral en la imaginación de nuestros narradores. Quizá uno de los mayores aciertos de estos capítulos sea demostrar que la literatura no se escribe solo en los libros, sino también en los encuentros, las polémicas y las conversaciones donde los escritores confrontan sus ideas sobre el oficio.

La última parte, “Literatura y periodismo”, explora un territorio donde la escritura literaria y la intervención pública convergen. El estudio sobre las Crónicas de Oswaldo Reynoso revela una Lima en transformación, marcada por las migraciones internas, el crecimiento de las barriadas, las pandillas juveniles y las periferias urbanas. Salazar Mejía muestra cómo Reynoso convierte la ciudad en un personaje vivo, capaz de reflejar las fracturas sociales de la segunda mitad del siglo XX.

El libro concluye con un sólido ensayo sobre Sebastián Salazar Bondy, presentado no solo como miembro destacado de la Generación del 50, sino también como uno de los grandes promotores culturales del país. El análisis de sus artículos publicados en diarios y revistas entre las décadas de 1940 y 1960 permite apreciar la amplitud de su labor como crítico, periodista y escritor, cuya influencia resultó decisiva para consolidar una reflexión moderna sobre la literatura peruana.

Asedios críticos a la literatura peruana, la buena apuesta del editor Joe Montesinos, confirma la madurez intelectual de Necker Salazar Mejía. Su escritura combina rigor académico, claridad expositiva y una evidente pasión por la literatura nacional, cualidades que convierten este volumen en una herramienta valiosa tanto para investigadores como para lectores interesados en comprender las múltiples voces que conforman nuestro patrimonio literario.

No resulta exagerado que algunos especialistas hayan afirmado que, con esta entrega, el catedrático “ingresa de forma triunfal a la crítica literaria peruana”. Quizá la mejor manera de entender esa afirmación sea recordar que este libro apareció cuando su autor ya había dedicado buena parte de su vida a estudiar nuestras letras. Publicado poco antes de su muerte, permanece como una despedida silenciosa: un mapa crítico que invita a seguir recorriendo los caminos de la literatura peruana con la misma curiosidad, sensibilidad y compromiso intelectual que distinguieron siempre a Necker Salazar Mejía.

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor, corrector de estilo, columnista y amante de los libros. Estudió Literatura y cursó la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023), Operación Catástrofe (2024), Cantera de fuego (2025) y Fábulas de amor y libros (2025). Ha sido distinguido en diferentes certámenes literarios, tanto nacionales como internacionales.

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