Este viernes 22 de noviembre arranca la tradicional Feria del Libro Ricardo Palma y, por primera vez, acompañaré a la Editorial Apogeo desde los primeros días. Como es costumbre en este festival del libro más antiguo de Lima, esta edición ofrecerá 80 stands a disposición del público y una programación que incluirá presentaciones de libros, conversatorios, homenajes a destacados escritores, talleres y recitales en más de 200 actividades programadas en los auditorios Antonio Cisneros y Pilar Dughi, con capacidad para 170 y 100 personas, respectivamente.

Por otro lado, hace unos días conversé con Dany Lener Carbajal Padilla, un amigo que conocí el año pasado y con quien desde entonces trabajamos juntos. Él, además de ser escritor y lector compulsivo, es docente, abogado y actualmente está estudiando una maestría en derecho. Aunque es de Huaral, dice que conoce muchas partes del país y que su carrera como escritor tuvo, como casi todas, altos y bajos de los que aprendió muchísimo. Siempre conversamos sobre escritores, libros y otros personajes y temas de la farándula literaria local.

Hace poco volví a releer su novela breve Shandunga (Editorial Apogeo, 2024), que está ambientada en un vasto páramo llamado Pampa de las Ánimas, un lugar recóndito de aproximadamente treinta kilómetros cuadrados, donde tuvo lugar un evento extraordinario que cambiaría el destino de sus pobladores. Allí, en una tierra donde los vientos narran secretos y las estrellas parecen bailar, nació Shandunga, una niña destinada a ser la salvadora en una épica batalla entre el bien y el mal.

La novela invita al lector, mientras se sumerge en sus páginas, a ser testigo de un mundo de fantasía, un reino en constante transformación, donde la imaginación y las emociones se entrelazan. El autor maneja con destreza un tono lírico y reflexivo que da profundidad a los temas de identidad, creatividad y poder narrativo. Es un ejemplo de cómo un buen lenguaje puede sostener una historia fantástica sin depender exclusivamente de giros argumentales complejos.

Por su parte, desde su primer aliento, la protagonista central, Shandunga, mostró signos de ser especial. Su madre, una mujer fuerte, percibió algo diferente en su hija desde el instante en que la sostuvo entre sus brazos. La Pampa de las Ánimas no era un lugar ordinario. Los aldeanos hablaban de ella con un respeto reverencial. Se decía que el suelo escondía los ecos de antiguas batallas y que el aire estaba cargado de la energía de aquellos que alguna vez caminaron por sus senderos. Cuando nació Shandunga, germinó el mito, brotó la leyenda.

Por esta razón, los habitantes del lugar no tardaron en darse cuenta de que Shandunga no era una niña común. Desde pequeña, tenía una conexión especial con la naturaleza. Sin embargo, no todo era idílico. Con su llegada también comenzaron a manifestarse sombras más densas, presagios de una batalla inminente que amenazaría la armonía del lugar.

Cuando Shandunga cumplió cierta edad, los brujos del pueblo confirmaron que Shandunga había sido enviada para cumplir una misión trascendental. Según una profecía ancestral, una niña marcada por el destino nacería en tiempos oscuros y sería la clave para decidir el destino de la eterna batalla entre el bien y el mal. “Ella es la elegida”, decían (es una paráfrasis), “pero su camino estará lleno de pruebas. Solo con fuerza y pureza de corazón podrá triunfar”.

Consciente de su destino, Shandunga comenzó a entrenarse desde muy joven. Los pobladores y otros sabios del pueblo le enseñaron no solo a entender las energías que fluían en la Pampa de las Ánimas, sino también a canalizarlas. Aprendió a comunicarse con los elementos, a escuchar los susurros del viento y a leer las señales en la naturaleza.

Pero más allá de su preparación espiritual, Shandunga tuvo que enfrentarse a las dudas y el temor. La magnitud de su misión era abrumadora. Los años pasaron, y la Pampa de las Ánimas comenzó a mostrar signos de desequilibrio. Las noches se volvieron más largas, y una oscuridad palpable se apoderó del lugar. Las sombras se manifestaron en forma de criaturas espectrales que aterrorizaban a los aldeanos. Shandunga entendió que había llegado el momento de enfrentar su destino.

La batalla final fue tan épica como los antiguos relatos habían prometido. Shandunga (la diosa-mujer como se le conoce en la novela) se erigió como líder frente a las fuerzas del mal. Con un ejército formado por los habitantes de la Pampa de las Ánimas, luchó con valentía, utilizando no solo su conexión con la naturaleza, sino también la fortaleza que había cultivado en su interior.

En el momento más oscuro, cuando parecía que todo estaba perdido, Shandunga no se dio por vencida. Fue entonces cuando canalizó todo su amor por su gente y su tierra, desatando un poder tan inmenso que iluminó la Pampa de las Ánimas como si fuera de día. Las sombras retrocedieron, y el equilibrio fue restaurado.

La Pampa de las Ánimas, gracias a Shandunga, se convirtió en un símbolo de esperanza y valentía. Su historia no solo hablaba de una batalla épica, sino también de la importancia de la conexión con la naturaleza y el poder transformador del amor y la determinación. Así, en un rincón olvidado del mundo, una niña demostró que incluso en los tiempos más oscuros, la luz puede prevalecer si el corazón es puro y la voluntad inquebrantable. Por ello, ella es la heroína de su tierra.

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor. Estudió Literatura y la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023), Operación Catástrofe (2024). Finalista en Poesía del Concurso Nacional de Cuento y Poesía “Huauco de Oro” (2024). Mención de honor del Premio Nacional de Relato Corto (2023) “Feria de Libro de Amazonas”. Mención especial del Primer Concurso de Poesía (2022) y de Relato (2021) “Las cenizas de Welles” de España. Ganador del Concurso de Relato y Poesía Para Autopublicar (2020) de Colombia. Ganador del I Concurso de Cuento del Grupo Editorial Caja Negra (2019). Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007) de España.

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