El escritor Sergio Labarthe Zlatar ha irrumpido en la escena literaria peruana por la puerta grande con la publicación de su ópera prima, Leviataruq: El horizonte de Llaraví (Editorial Asterión, 2026), una ambiciosa novela de ciencia ficción ucrónica que propone una de las apuestas más originales de la narrativa peruana reciente. En un panorama literario donde la ciencia ficción todavía lucha por alcanzar la visibilidad de otros géneros, la aparición de una obra de estas características representa un acontecimiento, no solo por su calidad literaria, sino también por la audacia de su propuesta imaginativa.

Por sus valores literarios, su imaginación desbordante y la relevancia de los temas que aborda, Leviataruq: El horizonte de Llaraví posee un enorme potencial para incorporarse a los programas de lectura escolar. Los estudiantes no solo encontrarían una obra entretenida y bien escrita, sino también una invitación a reflexionar sobre la historia, la identidad cultural, la memoria colectiva y las posibilidades de la imaginación literaria. La novela demuestra que la ciencia ficción puede ser una herramienta poderosa para pensar críticamente la realidad y para formular preguntas sobre nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro.

No sorprende, por ello, que su editor, Jorge Ureta, haya destacado la favorable acogida que el libro viene recibiendo en instituciones educativas públicas y privadas del país. Este interés confirma que existe un público dispuesto a leer propuestas innovadoras que dialoguen con la tradición cultural peruana desde perspectivas contemporáneas.

La novela plantea un universo alternativo en el que los pueblos andinos no fueron relegados a una posición periférica dentro de la historia mundial, sino que se convirtieron en la civilización dominante del planeta. Esta inversión de las jerarquías históricas tradicionales constituye el punto de partida de una narración que combina elementos de la ciencia ficción, la fantasía, la mitología andina y la reflexión social. A partir de esta premisa, Labarthe construye un mundo complejo y sugerente donde las categorías habituales de centro y periferia, poder y subordinación, desarrollo y atraso son puestas en cuestión.

La historia sigue los pasos de Llaraví, una joven de veintitrés años que intenta escapar de una existencia marcada por la precariedad económica y las frustraciones personales. Vive en Empanadísimas, un espacio imaginario que, pese a su carácter fantástico, remite fácilmente a diversas realidades latinoamericanas y peruanas. Allí trabaja friendo empanadas mientras alimenta el sueño de triunfar como actriz y obtener el papel que transforme definitivamente su destino.

Llaraví reside en la denominada Gran Tortuga, una vasta región geográfica que corresponde a lo que en nuestra realidad conocemos como América del Norte. Sin embargo, su familia emigró desde los territorios del sur por razones que ella desconoce y que poco a poco irán revelándose a lo largo de la novela. Esta condición de desplazada la convierte en una protagonista especialmente atractiva, pues su búsqueda de identidad se entrelaza con la exploración de un pasado familiar lleno de secretos.

La vida de la joven cambia de manera radical cuando su amiga y representante descubre que Muyu, su madre, no fue simplemente una cantante de bares de modesta trayectoria, como ella siempre creyó. En realidad, había integrado años atrás un famoso cuarteto musical contestatario que llegó a congregar multitudes y llenar estadios. Este hallazgo impulsa a Llaraví a emprender una búsqueda relacionada con las regalías y el legado artístico de su madre, pero también la conduce hacia descubrimientos mucho más profundos sobre su origen y su destino.

Paralelamente, la novela introduce una de sus figuras más fascinantes: el Leviataruq, un ser ancestral atrapado en una memoria sin cuerpo, condenado a revivir eternamente los mismos acontecimientos. Este espíritu milenario actúa como narrador de buena parte de la historia y reconoce en Llaraví el rostro de una mujer que contempla morir una y otra vez cada vez que el universo reinicia su ciclo. Gracias a este recurso narrativo, la novela adquiere una dimensión metafísica que trasciende la simple aventura personal de la protagonista y la conecta con interrogantes sobre la memoria, el tiempo, la repetición y la identidad.

Uno de los mayores aciertos de Sergio Labarthe radica precisamente en la construcción de este universo ficcional. La novela está escrita mediante apuntes de diario cuidadosamente fechados y localizados, lo que aporta una sensación de verosimilitud y cercanía. A través de esta estructura fragmentaria, el lector va reconstruyendo poco a poco los acontecimientos, las relaciones familiares y los misterios que rodean a los personajes. El resultado es una narración dinámica y envolvente que mantiene constantemente el interés por descubrir hacia dónde se dirigen las distintas líneas argumentales.

Como hemos señalado, Leviataruq: El horizonte de Llaraví pertenece al género de la ucronía o historia alternativa. Este tipo de relatos se caracteriza por imaginar cómo habría sido el mundo si algún acontecimiento decisivo del pasado hubiera ocurrido de manera diferente. A partir de ese cambio inicial, conocido como punto de divergencia o punto Jonbar, el autor desarrolla una realidad completamente nueva y explora sus consecuencias culturales, políticas, económicas y tecnológicas.

No obstante, Sergio Labarthe introduce una variante particularmente original dentro de esta tradición. Mientras muchas ucronías occidentales giran alrededor de conflictos europeos o norteamericanos, Leviataruq desplaza el centro de gravedad hacia el mundo andino. La novela imagina un presente alternativo en el que los pueblos originarios alcanzaron un desarrollo histórico distinto y lograron consolidar una civilización capaz de dirigir los destinos del planeta a través del concilio del gran Paqary.

Esta perspectiva resulta especialmente valiosa porque invita a reflexionar sobre las posibilidades históricas que fueron truncadas por la conquista y la colonización. Sin caer en simplificaciones ni idealizaciones ingenuas, la novela explora la pregunta de qué habría ocurrido si las sociedades andinas hubieran seguido caminos diferentes. De este modo, la ficción se convierte también en una herramienta para cuestionar los relatos oficiales de la historia y para reivindicar la riqueza cultural de los pueblos originarios.

Otro aspecto destacable es la calidad de la prosa. Labarthe demuestra un notable dominio del lenguaje y una capacidad descriptiva que permite visualizar con claridad los escenarios, los personajes y los acontecimientos. Su escritura fluye con naturalidad y equilibrio, evitando tanto el exceso de ornamentación como la excesiva simplicidad. Esta virtud resulta especialmente importante en una novela de construcción compleja, donde el lector necesita puntos de apoyo sólidos para orientarse dentro de un universo imaginario tan vasto.

En definitiva, Leviataruq: El horizonte de Llaraví constituye una de las apariciones más prometedoras de la narrativa peruana reciente. Sergio Labarthe Zlatar demuestra una notable capacidad para combinar imaginación, reflexión histórica, aventura, fantasía y sensibilidad humana en una obra que amplía los horizontes de la ciencia ficción nacional. Se trata de una novela que invita a soñar otros mundos posibles mientras nos obliga a mirar de nuevo nuestra propia realidad. Por ello, estamos ante una lectura altamente recomendable y ante un autor que merece ser seguido con atención en los próximos años.

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor, corrector de estilo, columnista y amante de los libros. Estudió Literatura y cursó la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023), Operación Catástrofe (2024), Cantera de fuego (2025) y Fábulas de amor y libros (2025). Ha sido distinguido en diferentes certámenes literarios, tanto nacionales como internacionales.

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