Por Francois Villanueva Paravicino
En el panorama de la literatura peruana contemporánea, todavía poco habituada a incursionar en los terrenos de la ciencia ficción, resulta refrescante y estimulante la aparición de Herederos del cosmos. La iniciación (Torre de Papel Ediciones, 2025), del escritor Carlos de la Torre Paredes. Se trata de un volumen compuesto por siete relatos que, en conjunto, conforman un universo compartido donde la humanidad, tras haber colonizado otros mundos, enfrenta desafíos cósmicos, dilemas morales y conflictos de magnitudes épicas.
El libro abre un portal hacia un futuro lejano, pero reconocible en sus tensiones, donde los avances tecnológicos no han eliminado las pasiones humanas, y donde la memoria, el deseo y la esperanza se enfrentan al deber, la violencia y la ambición. Desde guerras interestelares hasta rituales de iniciación sanguinarios, pasando por deidades galácticas y científicos condenados por sus propias creaciones, De la Torre Paredes construye un mosaico narrativo que dialoga con la tradición de la ciencia ficción clásica y, a la vez, con las particularidades culturales peruanas que aparecen sutilmente en algunos de sus personajes.
De los siete cuentos que conforman el libro, hay algunos que destacan con especial fuerza por su imaginación desbordante y su potencia narrativa. En “Te he dicho que no”, el lector es arrojado al fragor de las guerras interestelares. Es un relato que recuerda a los clásicos del space opera, pero con un matiz humano que impide que la épica devore al individuo. “Tras lo amarillo” da un salto hacia la dimensión de lo mítico. Aquí los protagonistas se encuentran con un dios galáctico de poder inconmensurable, que parece habitar entre la divinidad y la monstruosidad.
Por su parte, “Falla del sistema” explora la tragedia del científico condenado por sus propias creaciones. El protagonista, portador de un invento revolucionario, termina enfrentando la muerte como consecuencia directa de su hallazgo. El cuento epónimo, “La iniciación”, es quizá el más brutal del conjunto. Narra rituales de asimilación ultraviolentos destinados a forjar guerreros intergalácticos despiadados. Las imágenes son crudas y desgarradoras, y obligan al lector a preguntarse hasta dónde llega el precio de la pertenencia a una comunidad o ejército. La violencia, lejos de ser gratuita, funciona aquí como símbolo de un sistema que sacrifica la compasión en nombre de la supervivencia y la disciplina. O “Ir hacia la luz” nos traslada a un territorio inquietante: desiertos de planetas desconocidos habitados por especies de espectros.
Estos relatos, junto con los otros que completan el volumen, construyen un tapiz narrativo coherente. Aunque cada uno puede leerse de manera independiente, su ambientación común en un universo futurista colonizado por la humanidad les otorga una unidad orgánica. Uno de los aciertos del libro radica en que todos los cuentos transcurren en un mismo universo ficcional. No se trata solo de una repetición de escenarios tecnológicos, sino de la construcción de un cosmos coherente en el que conviven soldados, colonos, niños y científicos. Cada personaje, más allá de su función narrativa, enfrenta dilemas que trascienden lo inmediato: el deber frente al deseo, la memoria frente al olvido, la esperanza frente al sacrificio.
El autor logra un delicado equilibrio entre lo épico y lo íntimo. Por un lado, presenta federaciones interestelares, viajes espaciales y batallas monumentales. Por otro, no descuida la interioridad de los personajes, sus miedos, aspiraciones y contradicciones. Esta tensión es lo que dota al libro de una vitalidad especial: la ciencia ficción no se convierte en un espectáculo vacío, sino en un espejo deformado, aunque reconocible, de las pasiones humanas.
Carlos de la Torre Paredes demuestra un dominio evidente de los códigos de la ciencia ficción. Su prosa se despliega con descripciones de corte cinematográfico, capaces de evocar imágenes vibrantes y espectaculares. Los diálogos, bien construidos como primera impresión, confieren dinamismo a las escenas y permiten que el lector se sumerja con rapidez en el universo narrado.
La imaginación del autor parece no conocer límites. Cada relato introduce nuevas criaturas, escenarios o artefactos tecnológicos con una naturalidad sorprendente. Sin embargo, conviene señalar que el libro no está exento de pequeños descuidos formales, mínimos errores que, aunque perceptibles, no afectan la experiencia global de la lectura.
Un detalle llamativo es la presencia de personajes con apellidos peruanos. Este gesto puede interpretarse como un guiño al lector nacional, un anclaje identitario dentro de un género que suele apostar por la universalidad. Aunque algunos podrían verlo como una limitación, también puede ser entendido como un aporte: la afirmación de que la ciencia ficción no tiene por qué desligarse de las raíces culturales del autor.
Herederos del cosmos. La iniciación es, ante todo, un libro ágil y entretenido. Su ritmo rápido permite que el lector lo devore en unas cuantas horas, sin que la densidad del universo narrado entorpezca la fluidez de los relatos. Al contrario, su estructura invita a una lectura sostenida y cautiva con cada giro argumental.
Pero más allá del entretenimiento, el libro plantea un horizonte importante para la literatura peruana. En un país donde la ciencia ficción ha tenido una presencia más bien marginal, propuestas como la de Carlos de la Torre Paredes resultan necesarias para ampliar los límites del canon y abrir nuevas rutas de exploración literaria.
Con Herederos del cosmos. La iniciación, Carlos de la Torre Paredes confirma que la ciencia ficción escrita en el Perú tiene la capacidad de dialogar con las grandes tradiciones universales del género. Sus relatos, aunque enraizados en un contexto cultural particular, alcanzan resonancias más amplias gracias a sus temas universales: la violencia, el poder, el conocimiento, la esperanza y la memoria. He aquí una invitación para su lectura.
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Francois Villanueva Paravicino
Escritor, corrector de estilo, columnista y amante de los libros. Estudió Literatura y cursó la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023), Operación Catástrofe (2024) y Cantera de fuego (2025). Ha sido distinguido en diferentes certámenes literarios, tanto nacionales como internacionales.


