Los ríos, los pueblos, las lluvias, los caminos y las comunidades conservan historias que, muchas veces, permanecen fuera de los discursos oficiales. En ese territorio de exuberancia natural y profundas contradicciones humanas se sitúa La flor de mi colegio (Editorial Apogeo, 2026), de Nixon Rengifo, un libro que se adentra en el universo de la educación amazónica para mostrar, mediante la ficción, la sátira y el realismo, aquello que suele permanecer oculto detrás de las paredes de las escuelas.

Desde sus primeras páginas, el libro plantea una ruptura con la imagen idealizada del maestro como figura intachable, casi sacerdotal, encargada de custodiar los valores de una comunidad. Rengifo prefiere observarlo desde otra perspectiva: como un ser humano sometido a precariedades económicas, frustraciones, vicios, deseos, contradicciones y debilidades. No pretende construir héroes, sino personajes reconocibles, imperfectos y, en ocasiones, moralmente cuestionables. Esa decisión constituye uno de los principales atractivos de su narrativa.

El escenario es fundamental. Nauta, Requena, Santa Rosa de Lagarto, San Antonio del Estrecho y otros espacios de la geografía loretana no funcionan como simples lugares donde transcurren las historias. Son territorios vivos que determinan la conducta de los personajes. Los ríos Tigre, Marañón y Ucayali aparecen como grandes arterias de un universo donde las distancias, el aislamiento y las dificultades materiales condicionan la vida cotidiana. En la Amazonía de Rengifo, la naturaleza no es decorativa: participa silenciosamente de la experiencia de los protagonistas.

Hay, además, una correspondencia entre la espesura de la selva y la complejidad moral de los personajes. Así como los caminos amazónicos se bifurcan y los ríos cambian de dirección, también las vidas de estos hombres y mujeres transitan por zonas ambiguas. El autor parece decirnos que debajo de las apariencias de respetabilidad existen historias que la sociedad prefiere no escuchar.

Uno de los mayores méritos de La flor de mi colegio se encuentra en su lenguaje. Rengifo escribe con oído. Sus personajes hablan desde una oralidad que reproduce el ritmo, la espontaneidad y la picardía de la conversación popular. No parecen personajes construidos artificialmente desde un escritorio, sino voces que pudieron haber sido escuchadas en una cantina, una plaza, una embarcación, una escuela o cualquier rincón de una ciudad amazónica.

Esta oralidad le proporciona autenticidad al relato y, al mismo tiempo, permite que la sátira funcione con naturalidad. Los personajes cuentan sus experiencias con una franqueza que puede resultar incómoda, pero justamente allí reside la eficacia del procedimiento narrativo. Rengifo no necesita explicar demasiado las contradicciones de sus criaturas: deja que ellas mismas se revelen mediante sus palabras.

El humor constituye otra herramienta esencial. En lugar de recurrir constantemente al dramatismo, el escritor convierte muchas situaciones dolorosas en episodios cargados de ironía y humor negro. La risa surge allí donde el lector quizá esperaba únicamente indignación. Esta estrategia resulta particularmente eficaz porque evita que el libro se transforme en un sermón. Rengifo no escribe desde la superioridad moral del narrador que juzga a sus personajes; prefiere colocarlos frente al lector y permitir que sus propias acciones hablen.

En ese sentido, La flor de mi colegio puede leerse como una obra de denuncia, pero también como una narración de costumbres. Su interés no reside en revelar determinadas conductas, sino en reconstruir una época y un ambiente social. El libro permite observar las condiciones en que numerosos docentes amazónicos desarrollaron su labor durante las últimas décadas: los bajos ingresos, las dificultades de transporte, la precariedad de las instituciones educativas, la necesidad de buscar actividades complementarias para sobrevivir y las múltiples formas de aislamiento que imponía la geografía.

Ese trasfondo económico y social es importante para comprender a los personajes. Rengifo muestra que detrás de ciertas conductas existe un contexto de carencias y frustraciones. Sin convertir esas circunstancias en una justificación, la narrativa permite observar cómo la pobreza, la soledad, la falta de oportunidades y el abandono institucional pueden contribuir a deformar las relaciones humanas.

Aquí aparece una de las dimensiones más interesantes del libro: la crítica al sistema educativo. La escuela no es presentada como una institución aislada de la sociedad, sino como un espacio donde se reproducen sus virtudes y defectos. Los maestros son producto de una sociedad determinada, pero también tienen la responsabilidad de formar a las nuevas generaciones. Esa contradicción atraviesa buena parte de los relatos y otorga a la obra una dimensión que supera lo anecdótico.

La obra también puede inscribirse en una tradición de narrativa amazónica interesada en representar el cuerpo, el deseo, la sensualidad y las relaciones humanas sin someterlas necesariamente a los códigos de la literatura convencional. La selva ha sido, desde hace décadas, un territorio fértil para una narrativa de fuerte intensidad sensorial. En Rengifo, esa tradición adquiere un tono más áspero y cotidiano. El calor, la humedad, los olores, la cerveza, los mercados, los ríos y la vida comunitaria conforman un universo donde los sentidos desempeñan un papel importante.

Pero sería insuficiente reducir el libro a su dimensión sensual. Su verdadero interés está en la forma en que el autor utiliza esos elementos para desmontar determinadas idealizaciones sobre la vida amazónica. No encontramos aquí una selva turística, exótica o romántica, sino una Amazonía habitada por personas concretas, con problemas concretos. Es una literatura que prefiere la calle al paisaje de postal.

La sátira permite, además, que el libro mantenga una distancia saludable frente a la solemnidad. Allí donde otro escritor podría construir una tragedia, Rengifo encuentra una escena absurda; allí donde podría aparecer un discurso moralizante, surge una voz irónica. El resultado es una literatura que incomoda precisamente porque hace reír. Y pocas herramientas son tan eficaces como la risa para revelar las contradicciones de una sociedad.

En conjunto, La flor de mi colegio es un libro áspero, irreverente y deliberadamente incómodo. Su valor no reside en presentar una imagen complaciente de la Amazonía ni de la institución educativa, sino en atreverse a explorar sus zonas oscuras. La escuela aparece como un espacio donde convergen poder, pobreza, frustraciones, afectos y conflictos; la selva, como un territorio que conserva y transforma esas experiencias.

Nixon Rengifo demuestra que la literatura amazónica todavía posee una enorme capacidad para sorprender cuando abandona los estereotipos y se atreve a mirar de frente la vida cotidiana. Su escritura nace de la oralidad, de la observación y de una voluntad evidente de narrar aquello que otros prefieren callar. Por eso, sus relatos funcionan simultáneamente como ficción, memoria y crítica social.

La respuesta está en estas páginas, narrada con humor, crudeza y una voz que conoce de cerca el territorio que describe. La flor de mi colegio es, finalmente, una incursión literaria en las zonas menos visibles de la educación amazónica y una muestra de que la narrativa de Loreto puede encontrar en su propia realidad una materia poderosa para la ficción. Una lectura que no busca ofrecer una selva idealizada, sino una selva humana: exuberante, contradictoria, dolorosa y profundamente viva.

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor, corrector de estilo, columnista y amante de los libros. Estudió Literatura y cursó la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023), Operación Catástrofe (2024), Cantera de fuego (2025) y Fábulas de amor y libros (2025). Ha sido distinguido en diferentes concursos literarios, tanto nacionales como internacionales.

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