En uno de los talleres de enseñanza de la literatura de la Casa de la Literatura Peruana, me obsequiaron, como material educativo, el famoso libro Dime (Fondo de Cultura Económica, 2007), de Aidan Chambers, uno de los grandes renovadores de la literatura juvenil contemporánea, tanto por sus novelas y libros audaces como por su trabajo como teórico y promotor del diálogo literario. Chambers cree en una literatura para jóvenes y para niños que no simplifica, sino que respeta su inteligencia emocional e intelectual.
Este libro es el resultado de una propuesta y un enfoque desarrollados durante muchos años por el autor y su equipo de trabajo, en los que se destaca de manera especial la conversación literaria en el aula. A través de un “repertorio de preguntas”, el método ayuda a los lectores a hablar sobre sus lecturas literarias. Esta técnica resulta útil tanto para los profesores como para todos los educadores que buscan lograr mejores resultados con los que recién se inician en el grandioso placer de la lectura. Con ellos se construye, se disfruta y se da sentido a lo vivido en el mágico mundo de los libros.
Como recalca el autor, cuando los amigos desean compartir la emoción que les dejó un libro, es porque realmente lo han disfrutado o lo han comprendido desde su perspectiva personal. Esto ocurre porque, como señala Chambers, vivimos en la “era de la conversación”. Gracias a las redes sociales, los dispositivos móviles y la cultura audiovisual, las personas tienden a entender mejor el mundo conversando con familiares, amigos o conocidos. Todos quieren charlar.
Lo curioso —según la propuesta del autor— es que este proceso contribuye significativamente a que los lectores comprendan mejor lo que han leído. Es decir, conversar o dialogar sobre una lectura resulta muy productivo e importante. Aunque, como bien saben los lectores consumados, la lectura puede ser “más productiva, más valiosa, que la conversación en sí misma”.
El gran objetivo de Aidan Chambers es ayudar a los docentes a incentivar a los niños a participar “en el drama de la lectura”. Cuando los alumnos conversan sobre lo leído, se convierten en “dramaturgos”, “directores”, “actores”, “público”, e incluso “críticos literarios” del texto. Es una práctica que todo “maestro de la lectura” debería fomentar en el aula.
De este modo, los jóvenes lectores aprenden a compartir el placer que les dejó un libro o, en su defecto, a expresar su desconcierto o las dificultades que experimentaron durante la lectura. También pueden compartir las conexiones que establecen con otros textos o con su mundo, es decir, descubrir patrones. Según los cuatro modos de hablar propuestos por el autor, el hablar para uno mismo permite tomar conciencia personal de lo leído; el hablar con otros ofrece una nueva perspectiva distinta a la propia; el hablar juntos motiva la discusión y el debate; y el hablar de lo nuevo facilita la adquisición de nuevos conocimientos.
En una investigación realizada por el autor con un grupo de docentes, estos señalaron que los niños no son críticos por naturaleza, ya que desarrollar esa capacidad requiere formación y muchos años de trabajo. Además, el énfasis en la crítica puede destruir el placer de la lectura entre los estudiantes. Recuerdo un pasaje donde el autor menciona que un lector especializado puede descubrir más aspectos en una sola lectura que otros menos experimentados. Esto se debe a que los niños, por lo general, desconocen muchos elementos culturales, contextos históricos, países, idiomas y otros saberes que los adultos manejan con mayor soltura.
Por ello, para fomentar el hábito lector, Chambers sugiere evitar las preguntas cerradas o inhibidoras como, por ejemplo, cuando alguien expresa entusiasmo por una lectura, preguntarle: “¿Por qué te gustó?”. Este tipo de preguntas suele intimidar, ya que “suena agresivo, amenazante, contendiente, examinador”. Ante esa situación, se recomienda emplear expresiones como “dime” o “cuéntame” sobre el libro leído. También son útiles preguntas básicas como: ¿Qué te gustó? ¿Qué no te gustó? ¿Qué te pareció extraño o confuso? ¿Qué te hizo pensar o te recordó algo?
Para que exista un buen diálogo sobre un libro leído, la elección del texto es fundamental. Este es uno de los primeros pasos del método. Según Chambers, “aquellos que eligen (qué libro leer) están ejerciendo poder”. Esa elección debe tener un fundamento: no debe ser arbitraria ni impulsiva.
Por otro lado, el autor subraya que los niños y jóvenes conocen el placer de la relectura. Todo lector puede dar fe de ello. Releer un libro favorito una y otra vez les permite encontrar algo sublime en aquello que entienden, comprenden y disfrutan, aunque sea desde su propia visión. En ese sentido, Chambers destaca que uno de los factores que incrementan el disfrute de la lectura en algunos lectores es “la extrañeza, la diferencia, lo no familiar”. Sin embargo, concluye que el objetivo principal de leer literatura es “el placer, el interés en el texto y lo que se puede aprender de él”. Y eso no admite reparos.
Así, el método Dime propone una conversación estructurada pero abierta entre lectores —generalmente niños o jóvenes— y mediadores —docentes, bibliotecarios, adultos— en torno a un libro leído. El objetivo es crear un entorno seguro y estimulante donde el lector pueda expresar sus opiniones, emociones y dudas sin temor a ser juzgado. Es decir, el método Dime, de Aidan Chambers, plantea que los niños y jóvenes comprenden mejor y disfrutan más los libros cuando pueden hablar libremente sobre ellos. No se trata de analizar técnicamente un texto, sino de dialogar desde la experiencia del lector, en un ambiente de respeto y descubrimiento compartido.
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Francois Villanueva Paravicino
Escritor, corrector de estilo, columnista y amante de los libros. Estudió Literatura y cursó la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023), Operación Catástrofe (2024) y Cantera de fuego (2025). Ha sido distinguido en diferentes certámenes literarios, tanto nacionales como internacionales.


