El poemario Cenizas en la aurora (Fondo Editorial UNMSM, 2023), del escritor Edwin Camasca, se inscribe dentro de una tradición de escritura comprometida que articula estética y denuncia en torno a una de las problemáticas más urgentes de nuestro tiempo: la crisis medioambiental. Desde su concepción formal hasta su propuesta temática, el libro constituye una apuesta por interpelar no solo al lector, sino también al ciudadano común y a las autoridades, en relación con la urgente necesidad de preservar la naturaleza y a sus habitantes originarios.

El eje central del poemario gira en torno a la devastación ecológica: la deforestación, la contaminación, la depredación sistemática de los recursos naturales y la amenaza constante sobre comunidades indígenas que aún subsisten en territorios remotos. Estas comunidades, lejos de ser figuras románticas o exóticas, aparecen como sujetos históricos vulnerables ante el avance de un modelo de desarrollo que los margina y destruye. En este sentido, la poesía de Camasca no se limita a la contemplación lírica de la naturaleza, sino que la convierte en un espacio de conflicto, resistencia y memoria.

Uno de los rasgos más llamativos de Cenizas en la aurora es su carácter experimental. El libro se organiza en diversas secciones que rompen con la estructura tradicional del poemario. En ellas, aparecen las llamadas “noticias-poemas”: textos que adoptan la forma de titulares periodísticos y que desarrollan su contenido en una prosa poética cargada de denuncia. Este recurso no solo amplía las posibilidades expresivas del lenguaje poético, sino que también evidencia una voluntad de hibridación entre géneros, donde la poesía asume funciones informativas y críticas propias del periodismo.

A este experimentalismo se suma la inclusión de entrevistas ficticias o reelaboradas con figuras intelectuales como Noam Chomsky, Octavio Paz y Juan Rulfo. La presencia de estos autores no es arbitraria: en sus respectivas obras existe una reflexión profunda sobre la cultura, el lenguaje y, en algunos casos, la relación entre el ser humano y su entorno. Camasca los convoca como voces que amplifican la dimensión crítica del libro, generando un diálogo intertextual que enriquece la lectura.

Asimismo, el poemario incorpora elementos visuales que refuerzan su propuesta estética. Las imágenes a color que acompañan las noticias-poemas subrayan su carácter periodístico, mientras que los pictogramas y las disposiciones tipográficas —algunos poemas adoptan la forma de árboles u otras figuras— evidencian una preocupación por la materialidad del texto.

Esta dimensión visual remite, en parte, a las propuestas de movimientos como Hora Zero o Kloaka, cuyos integrantes concebían la poesía como un espacio de desborde, experimentación y compromiso social. Y como también se manifestaba en el manifiesto horazeriano, se tiene la concepción de la poesía como noticia, es decir, que aparte de producir placer estético, nos informaba, educaba y creaba conciencia social. En ese sentido, Camasca recoge esa herencia y la actualiza en un contexto marcado por la crisis ecológica global.

En cuanto al lenguaje poético, el libro se caracteriza por una intensidad expresiva que combina imágenes de gran carga simbólica con un tono de urgencia. En el poema “Entrevista sorda al DC en el año 1999, minutos antes del siglo”, se leen versos como: “Tiempo en añicos, tiempo en llamas, tiempo en cenizas./ Hielo muerto sobre cementos que derriten los años,/ esqueletos de palabras que astillan los puños,/ arterias rotas que acuchillan los intestinos./ Tiempo en añicos, tiempo…”. Aquí, el tiempo aparece fragmentado, consumido por el fuego y reducido a cenizas, en una metáfora que alude tanto al deterioro ambiental como a la crisis de la modernidad. Las imágenes de destrucción —“hielo muerto”, “esqueletos de palabras”, “arterias rotas”— configuran un paisaje desolador que interpela al lector desde lo visceral. Además, es una clara referencia al cambio climático, una de las preocupaciones de esta entrega.

En “Llanto del árbol”, el poema condensa en pocos versos una poderosa imagen de la devastación: “Arde el cielo sin nubes arriba/ y abajo se desangra quebrado el árbol”. La oposición entre el cielo ardiente y el árbol que sangra sugiere un desequilibrio total en el orden natural. El árbol, símbolo tradicional de vida, aparece aquí herido, quebrado, como víctima de una violencia que trasciende lo humano.

Por su parte, en “Al pie del hombre”, el poeta dirige su crítica hacia el sistema económico y tecnológico que sostiene esta destrucción: “Es la enfermedad de las máquinas,/ la jungla de los números,/ los calendarios tísicos,/ los centavos sordos.// Las cifras cuentan cifras/ pero nadie/ las largas sequías,/ y esperas mojadas en llanto”. Estos versos denuncian la deshumanización inherente a un mundo regido por cifras y cálculos, donde las estadísticas invisibilizan el sufrimiento real: las sequías, la espera, el llanto. La metáfora de los “centavos sordos” resulta especialmente elocuente, pues sugiere una economía incapaz de escuchar el clamor de la naturaleza y de los pueblos afectados.

Finalmente, en “El grito”, se introduce la figura de un niño como símbolo de esperanza y resistencia: “Un niño,/ tatuado de vida,/ que ha sorbido/ el agua de sus ojos,/ limpiando la abeja y el ave,/ ahogadas en sangrante luto,/ hincha sus pulmones…”. El niño, marcado por la vida y el dolor, encarna la posibilidad de un nuevo comienzo. Su gesto de limpiar, de intentar salvar lo que queda, contrasta con el panorama de destrucción descrito en otros poemas.

El crítico literario Mauro Mamani Macedo ha señalado sobre este libro que “hay reclamo desesperado, pero también un fino hilo de esperanza al que el mundo se podría aferrar para defender la vida en este planeta Tierra”. Esta observación resulta clave para comprender la propuesta de Camasca: su poesía no se limita a la denuncia, sino que también abre un espacio para la esperanza, por más frágil que esta sea.

En suma, Cenizas en la aurora es un libro que conjuga experimentación formal, compromiso ético y una profunda sensibilidad hacia la naturaleza y las culturas originarias. En un contexto donde la crisis ambiental se agudiza, la obra de Edwin Camasca se erige como una voz necesaria que invita a reflexionar, cuestionar y, sobre todo, actuar. Se trata de un poemario que no busca solo ser leído, sino también sentido y pensado, en la medida en que interpela directamente nuestra relación con el mundo que habitamos.

Por otro lado, desde esta tribuna lanzamos nuestras sentidas condolencias por la pronta partida del escritor Danto Castro, un hombre de voz combativa, consecuente con sus ideales políticos, un luchador de las causas sociales. Recuerdo con interés su libro Gordas al amanecer (San Marcos, 2015), que leí de un tirón allá por la Feria Internacional del Libro de Ayacucho (FILAY) del 2017 y que me gustó mucho más que otros de sus libros publicados. ¡Hasta el cielo, hermano!

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor, corrector de estilo, columnista y amante de los libros. Estudió Literatura y cursó la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023), Operación Catástrofe (2024), Cantera de fuego (2025) y Fábulas de amor y libros (2025). Ha sido distinguido en diferentes certámenes literarios, tanto nacionales como internacionales.

 

 

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