ANATOMÍA DE LOS SEPULCROS DE ALEX RAMOS ARANCIBIA

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El poeta Alex Ramos Arancibia y quien escribe compartimos la misma casa editorial, y siempre es un placer reencontrarlo en las principales ferias del libro donde tiene presencia Editorial Apogeo. En la pasada Feria Internacional del Libro de 2025, coincidimos nuevamente: conversamos largamente, intercambiamos libros y comentamos algunas de las novedades que, por entonces, animaban el siempre movedizo mundillo literario nacional. Estos encuentros, más allá de la camaradería, suelen ser también espacios de afinidad estética y reflexión compartida.

Por una de esas casualidades que suelen ocurrirle al lector atento, encontré días después su poemario Anatomía de los sepulcros (Editorial Apogeo, 2025) en un rincón de mi biblioteca, cada vez más nutrida y exigente. Según se anuncia en la portada, este libro constituye el primer cantar de la trilogía Anatomía de los escombros, integrada además por Anatomía de las sombras (Editorial Apogeo, 2021) y Entre los límites de una vela (Ediciones Copé, 2024). La lectura de este volumen confirma que no se trata de una simple secuencia editorial, sino de un proyecto poético orgánico, coherente y deliberadamente construido.

En el plano del contenido, la trilogía se distingue por proponer una poesía contestataria, denunciadora, reveladora y profundamente cuestionadora. Ramos Arancibia no escribe desde la complacencia ni desde el ornamento gratuito, sino desde una conciencia artística que interroga la memoria, la violencia y el silencio. En el plano formal, además, su propuesta resulta notablemente innovadora: la mayoría de las composiciones recurren a la técnica del pictograma o a versos que dialogan con la página en blanco, ya sea descendiendo visualmente como una caída o fragmentándose mediante silabaciones con espaciados notorios. Este trabajo visual no es accesorio, sino que intensifica el sentido del poema y compromete activamente la mirada del lector.

Los tres poemarios comparten afinidades temáticas y formales evidentes. Sin embargo, en Anatomía de los sepulcros, la propuesta de Alex Ramos Arancibia alcanza un punto de consolidación de su proyecto poético: poetizar la voz de quienes ya no están, de los ausentes marcados por la violencia política. Se trata de los asesinados, los masacrados, los torturados; en suma, de las víctimas de los años más horrendos de nuestra historia reciente. El poema se convierte así en un espacio de restitución simbólica y de justicia poética.

Los hablantes líricos asumen múltiples registros: a veces cantan desde las fosas comunes, otras veces encarnan el lamento de los familiares de una víctima de la guerra interna de los años ochenta, o el desconsuelo persistente de los desamparados que quedaron a la intemperie de esas épocas oscuras. Hay, asimismo, un énfasis recurrente en la fractura del núcleo familiar, en los vínculos truncos por la muerte, el exilio o el miedo, lo que refuerza la dimensión íntima del trauma colectivo.

Como lo sugieren los epígrafes, este libro dialoga con la tradición literaria de Edgardo Rivera Martínez, Manuel Scorza —probablemente la influencia más visible en la obra de Ramos Arancibia—, César Vallejo, Raúl Zurita y Juan Gonzalo Rose. Estas filiaciones no solo orientan al lector sobre los referentes estéticos del autor, sino que también revelan sus intereses temáticos: la memoria histórica, la denuncia social, el dolor humano y la esperanza como acto de resistencia. No es casual que el autor sea, además, ganador del Copé de Bronce de Poesía 2023, reconocimiento que avala la madurez de su propuesta.

Entre los versos más destacados encontramos los siguientes, como en el que arranca la primera sección “Ave [Primera anunciación]”, que versa así: “Te he visto llorar en las mañanas donde tu cuerpo reposa/ desesperado sin encontrar refugio/ te he visto pedir a Dios/ las cuatro demandas de la humanidad/ en cada árbol/ en cada tarde/ en cada sábado/ en cada muerte”. Este fragmento condensa varios de los núcleos del libro: la observación compasiva del sufrimiento, la interpelación a lo divino, la reiteración ritual del dolor y su inscripción en el tiempo cotidiano. El hablante no juzga: atestigua. Y ese acto de mirar —de “haber visto”— se convierte en una forma de memoria activa.

Otro rasgo que salta a la vista es la decisión consciente de evitar el uso de la coma a lo largo del poemario. En su lugar, el autor apuesta por el encabalgamiento constante, lo que genera pausas más amplias y un ritmo entrecortado que obliga al lector a detenerse, a respirar con el poema. Esta estrategia formal no es arbitraria: reproduce el quiebre de la experiencia narrada y potencia la carga emotiva del discurso lírico, demostrando un manejo preciso y maduro del ritmo poético.

Otro de los poemas destacados es el poema “V” de la sección “Ave [Segunda anunciación]”, donde los versos cantan: “Aquí no hay caminantes que se detengan/ aquí no hay voces que los encierren/ aquí salió el pueblo a protestar/ mi sangre/ mi dolor/ mi esperanza/ señalarán a los culpables/ hasta escuchar su sentencia”. En estos versos, la voz poética se desplaza del duelo íntimo hacia la acción colectiva. La protesta, la sangre y la esperanza conviven en un mismo plano, señalando que la memoria no es solo evocación, sino también exigencia de justicia. El poema, así, se convierte en un acto político sin renunciar a su profundidad lírica.

En conjunto, Anatomía de los sepulcros confirma a Alex Ramos Arancibia como un poeta que entiende la escritura como responsabilidad histórica y como ejercicio estético riguroso. Su voz, sostenida en la memoria y en la experimentación formal, se inscribe con firmeza en una tradición que no teme mirar de frente a los sepulcros para devolverles, al menos en el poema, una voz perdurable.

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor, corrector de estilo, columnista y amante de los libros. Estudió Literatura y cursó la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023), Operación Catástrofe (2024), Cantera de fuego (2025) y Fábulas de amor y libros (2025). Ha sido distinguido en diferentes certámenes literarios, tanto nacionales como internacionales.

 

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