ALTA TENSIÓN – TRIBUTO NARRATIVO A AC/DC

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Por Francois Villanueva Paravicino

Hace algunos meses, el escritor y hacedor de ingeniero de sonido Willy del Pozo publicó Alta tensión. Tributo narrativo a AC/DC. 27 relatos en corriente continua (Colección Acetato, 2026), una antología singular que demuestra que el rock también puede escribirse. Lejos de limitarse a reunir cuentos inspirados en una banda legendaria, el libro propone un ejercicio de traducción artística: convertir la electricidad de las guitarras, el estruendo de la batería y la rebeldía del hard rock en materia narrativa.

El resultado es un volumen que dialoga con el universo de AC/DC, una de las agrupaciones más influyentes y persistentes de la historia del rock and roll, a través de la voz de veintisiete narradores representativos de la literatura peruana contemporánea. Cada cuento toma como punto de partida una canción del repertorio de la banda y la transforma en una historia autónoma, donde el espíritu irreverente del grupo sobrevive incluso cuando las referencias musicales desaparecen.

Conviene confesar, antes de continuar, que AC/DC ocupa desde hace años un lugar privilegiado entre mis bandas favoritas. Durante aquellas memorables tertulias con la Asociación de Escritores de Ayacucho (AEDA), entre 2014 y 2017, las conversaciones sobre Borges, Ribeyro o Vargas Llosa convivían con naturalidad con discos de trova, heavy metal y rock clásico. En ese ambiente descubríamos que la literatura y la música compartían una misma pulsación: ambas podían convertirse en refugio, memoria y forma de resistencia. Quizá por eso, cuando tuve este libro entre las manos, lo abrí con una mezcla de curiosidad y entusiasmo, como quien vuelve a escuchar un viejo álbum después de muchos años.

La nómina de autores convocados confirma la ambición del proyecto. Participan Efer Soto, Hemil García, Walter Lingán, Raúl Mendoza Cánepa, Alexis García Artiles, César Klauer, Eugenio Oliveira, Carlos Rengifo, Juan José Cavero, Martín Roldán, Christian Reynoso, Pedro Novoa, Harol Gastelú, Eliana Soza, Alberto Benza, Marco Cárdenas, Daniel Collazos, Jorge Díaz Untiveros, Marli Carmen González, Odilius Vlak, Rodrigo Barraza, Alfredo María Villegas, Ángel Málaga, Giovani Menéndez, Toñito Ávalos, Tania Salcedo y Rosario Cardeña. Se trata de escritores provenientes de distintas regiones, generaciones y registros narrativos, circunstancia que convierte a la antología en un mosaico de sensibilidades antes que en un ejercicio de uniformidad estilística.

El homenaje resulta pertinente porque AC/DC, fundada por los hermanos escoceses Malcolm y Angus Young, con Dave Evans como primer vocalista y posteriormente inmortalizada por Bon Scott y Brian Johnson, constituye mucho más que una banda exitosa. Con más de doscientos millones de discos vendidos en el mundo, el grupo ha construido una estética reconocible desde el primer acorde: riffs contundentes, letras directas y una energía escénica que ha sobrevivido durante medio siglo sin perder autenticidad. Esa permanencia explica que sus canciones continúen inspirando nuevas formas de creación artística, incluso en un territorio aparentemente distante como la narrativa. Uno de los aciertos editoriales consiste en colocar al inicio y al final ciertos datos curiosos de la banda.

Entre los relatos que más permanecieron en mi memoria destaca “It’s a Long Way to the Top”, de Efer Soto, encargado de abrir la antología. La historia recupera el desencanto cotidiano del músico que persigue el sueño del escenario mientras la vida doméstica comienza a exigirle otras responsabilidades. El cuento dialoga con el sentido original de la canción: alcanzar la cima nunca ha sido sencillo, y el verdadero conflicto no ocurre solo frente al público, sino en la intimidad donde la vocación debe negociar con el afecto, el cansancio y las renuncias inevitables.

Muy distinta es la atmósfera de “T.N.T.”, de Walter Lingán, donde una joven manipula a un desprevenido admirador de la banda hasta involucrarlo en una red de tráfico de drogas. Bajo esa intriga criminal emerge otra historia más profunda: la incomprensión que rodea a quien decide vivir con libertad su identidad sexual. El relato utiliza la explosividad sugerida por el título para mostrar cómo el prejuicio puede resultar más devastador que cualquier detonación.

En “Whole Lotta Rosie”, César Klauer convierte la expectativa de asistir a un concierto de AC/DC en una experiencia cargada de humor y ternura. La posibilidad de encontrarse con el líder del grupo termina desplazándose hacia una figura femenina de buen cuerpo que, pese a ser inicialmente rechazada por su insistencia, acaba convirtiéndose en parte inseparable del imaginario colectivo de los conciertos. Es un cuento que celebra a esos personajes secundarios que, sin proponérselo, terminan apropiándose del escenario.

Si tuviera que señalar uno de los textos más logrados del volumen, elegiría “Shoot Down in Flames”, de Carlos Rengifo. Entre tragos, tabernas nudistas y conversaciones desordenadas, un escritor seduce a la mujer que su amigo deseaba conquistar. Sin embargo, cuando ambos llegan al hotel, la realidad desmantela todas las certezas del protagonista, ya que la chica venía con “sorpresa”. El relato sobresale por su manejo del humor, el asombro narrativo y la manera en que cuestiona las apariencias sin convertir el desenlace en un simple golpe de efecto.

También merece especial atención “If You Want Blood”, de Juan José Cavero, una sátira feroz sobre los círculos literarios. Allí aparecen críticos, egos inflamados, rivalidades mezquinas y resentimientos que transforman el ejercicio intelectual en una guerra silenciosa. La referencia a la sangre deja de ser metáfora rockera para convertirse en símbolo del sacrificio y la violencia simbólica que pueden esconder ciertos espacios culturales.

En “Hells Bells”, Martín Roldán construye uno de los relatos más oscuros de la colección. El tañido persistente de las campanas acompaña a un conductor que decide convertirse en ejecutor de una justicia personal, convencido de limpiar la ciudad de sus supuestas impurezas. La narración explora con acierto la peligrosa frontera entre la justicia y el delirio redentor.

Especial emoción despierta “You Shook Me All Night Long”, de Pedro Novoa, quien ya no está entre nosotros. Su cuento retrata el azaroso encuentro entre un taxista aficionado al hard rock y el guitarrista que siempre admiró. Lo que podría convertirse en una experiencia irrepetible termina frustrándose por culpa de la timidez y las decisiones precipitadas. Como ocurre con muchas canciones memorables, el relato encuentra su fuerza en aquello que no llega a suceder.

Otra pieza entrañable es “For Those About to Rock”, de Harol Gastelú, también fallecido. Su historia recupera la adolescencia barrial, las pandillas de amigos, las primeras bebidas compartidas y los titubeos del amor naciente. La música aparece como rito de iniciación, como una contraseña secreta que permite ingresar al territorio incierto de la adultez.

Por su parte, Marco Cárdenas, en “Who Made Who”, propone una exploración de la identidad desde la noche urbana. El protagonista recorre espacios donde el deseo se libera de las convenciones sociales y encuentra en la bandera multicolor el emblema de una autenticidad largamente contenida. El cuento dialoga con la canción original para preguntarse quién moldea realmente nuestra identidad: el mundo que habitamos o el deseo que insistimos en ocultar.

Terminé el libro en una sola noche, prolongando la lectura hasta bien entrada la madrugada. Esa continuidad no fue fruto solo de la curiosidad por descubrir el siguiente cuento, sino de una cualidad poco frecuente: la sensación de estar escuchando un disco donde cada pista posee personalidad propia y, al mismo tiempo, contribuye a una experiencia completa.

En tiempos en que las antologías suelen leerse de manera fragmentaria, Alta tensión consigue algo excepcional: invita a recorrer sus páginas de principio a fin como quien deja sonar un álbum clásico sin saltarse ninguna canción. Willy del Pozo demuestra que el rock puede trascender los parlantes y encontrar otra forma de vibrar en la literatura. Y esa corriente continua, afortunadamente, sigue conduciendo electricidad mucho después de cerrar el libro.

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor, corrector de estilo, columnista y amante de los libros. Estudió Literatura y cursó la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023), Operación Catástrofe (2024), Cantera de fuego (2025) y Fábulas de amor y libros (2025). Ha sido distinguido en diferentes concursos literarios, tanto nacionales como internacionales.

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