Durante los primeros días de la Feria de Libro Ricardo Palma, realizada como es tradición en el parque Kennedy de Miraflores, adquirí un ejemplar del clásico de Víctor Hugo, A propósito de Shakespeare. El genio y la misión del arte (1864). Este texto, también conocido como el prefacio a su obra Cromwell (1827), constituye uno de los manifiestos fundacionales del Romanticismo y una pieza clave para entender la profunda revolución estética que impulsó el autor francés. En él, Hugo exalta al bardo de Avon como el genio sublime que reveló la verdadera misión del arte: mostrar la complejidad humana, el contraste entre lo sublime y lo grotesco, la belleza y el dolor, transformando el drama para reflejar la vida misma y guiar al hombre hacia el progreso.

La compra del libro coincidió con los días más vibrantes de la feria, que reunió a escritores, lectores, críticos literarios, académicos, filósofos y un sinfín de personajes que aman los libros, la literatura, todas las artes y la cultura. En ese ambiente festivo y plural, pude encontrarme con colegas escritores, maestros de las letras, seguidores y amigos. La atmósfera, como suele ocurrir en estos eventos de gran magnitud, se impregnó nuevamente de ese espíritu que une a la comunidad literaria en torno a una misma pasión: la fiesta de los libros celebrada a lo grande.

Desde la presencia del best seller José Dellepiane, quien nos ofreció su última entrega, Virión (2025), hasta la camaradería del editor de Apogeo, Efer Soto, las jornadas estuvieron marcadas por encuentros memorables. En el stand de Editorial Apogeo recibimos la visita del poeta Alex Ramos Arancibia, del celebrado narrador Roberto Rosario Vidal, del escritor de literatura infantil Santiago Risso, del narrador polifacético Comandante Cris, entre otros colegas escritores y amantes de las letras. Cada uno aportó algo de su propio universo creativo, haciendo que el espacio del stand se transformara en un punto de convergencia donde las conversaciones literarias fluían con prisa y con entusiasmo genuino.

Por mi parte, para esta edición de la Feria Ricardo Palma ofrecí a los lectores Fábulas de amor y libros (Editorial Apogeo, 2025), obra que tuvo una excelente acogida durante sus primeros días en exhibición. Firmé muchísimos ejemplares, un gesto que siempre se convierte en un encuentro íntimo y cálido con los lectores. Además, por el motivo de mi nueva entrega, tuve la fortuna de ser entrevistado por mi amigo periodista Vladimir Rendón Acat, quien actualmente colabora en varios medios importantes. En ese sentido, la estadía en la feria volvió a ser una grandiosa experiencia de felicidad, una celebración tanto personal como colectiva.

Sin embargo, deseo volver al libro que motivó estas líneas. Víctor Hugo inicia su reflexión afirmando que Shakespeare tuvo grandes admiradores, pero también grandes detractores contemporáneos a su tiempo; es decir, hubo quienes lo amaron con devoción y otros que lo odiaron incluso con dureza. La recepción dividida del dramaturgo inglés sirve a Hugo como punto de partida para abordar la naturaleza misma del genio artístico. Aun así, conforme avanza el texto, el autor de Los miserables (1862) se rinde sin reservas ante la magia literaria del autor de Otelo (1604), reconociendo en él un horizonte estético capaz de transformar para siempre el arte dramático.

Según Víctor Hugo, de Shakespeare se destaca su amplitud humana, pues abarca todas las pasiones, contradicciones y dimensiones del ser humano. A ello se suma su capacidad de mezclar registros, combinando lo sublime con lo grotesco, lo trágico con lo cómico, lo noble con lo vulgar, como si cada obra fuera una síntesis del mundo mismo. También resalta su libertad creativa, evidente en su rechazo a someterse a reglas clásicas, lo que le permitió crear formas nuevas y revitalizar el drama. Por último, destaca su carácter visionario: Shakespeare ve más allá de su tiempo, y esa cualidad vuelve su obra intemporal.

La visión de Hugo sobre Shakespeare no se limita a ensalzarlo como dramaturgo, sino que lo utiliza como ejemplo concreto de una teoría más amplia sobre el genio artístico. Para Hugo, el genio es un intérprete de la humanidad, dotado de una capacidad singular “para ver lo invisible”, es decir, para revelar verdades profundas que la sociedad no percibe con facilidad. Sostiene además que el genio es una fuerza que desborda las normas, porque su misión —inevitable, necesaria— es renovar el arte. “Un auténtico genio tiene asombro, intuición, sensibilidad moral y una libertad interior irreductible”, afirma Hugo, valga la paráfrasis, subrayando que estas cualidades son las que permiten al artista trascender los límites de su época.

En su reflexión sobre el arte, el autor francés subraya que este posee una misión moral y espiritual. El arte no se trata solo de entretener, sino de elevar la conciencia humana, de despertar una sensibilidad más profunda frente al mundo. Para Hugo, el arte debe mostrar la totalidad de la experiencia humana, pues lo bello, lo feo, lo trágico y lo grotesco conviven en la vida, y por tanto deben convivir en la obra artística. Esta perspectiva refuerza el carácter renovador del Romanticismo, que rompe con la rigidez clásica para abrir espacio a un arte más libre, más amplio y más humano.

Asimismo, destaca que el artista es un mediador, un puente entre la humanidad y una verdad más alta. Su función no es complaciente ni ornamental, sino reveladora. Su obra es una forma de conocimiento y un instrumento de transformación social. En esa línea, Hugo afirma que la libertad artística es esencial: toda regla que limite la creatividad constituye una forma de tiranía que el genio debe romper para cumplir su misión.

La lectura de A propósito de Shakespeare en medio del bullicio, las luces, los libros y la energía de la Feria Ricardo Palma adquirió para mí un sentido especial. Mientras los pasillos se llenaban de lectores curiosos, familias enteras, jóvenes estudiantes y escritores consagrados, este ensayo de Víctor Hugo recordaba que detrás de toda obra verdadera hay una visión profunda del ser humano y un compromiso ético con el arte. Shakespeare, según Hugo, no solo reinventó el drama: reinventó la manera de mirar la vida.

Quizá por eso, en un evento dedicado a celebrar la creatividad, la imaginación y la palabra escrita, este libro llegó a mis manos como una relectura necesaria. Entre firmas, entrevistas y encuentros, la voz de Hugo se alzó desde sus páginas para recordarme que el arte no es un mero espejo, sino una fuerza que impulsa el progreso humano. Y que, a pesar de las adversidades, el genio —como Shakespeare, como tantos otros— siempre encuentra la manera de iluminar su tiempo.

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor, corrector de estilo, columnista y amante de los libros. Estudió Literatura y cursó la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023), Operación Catástrofe (2024), Cantera de fuego (2025) y Fábulas de amor y libros (2025). Ha sido distinguido en diferentes certámenes literarios, tanto nacionales como internacionales.

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