Por dos años de diferencia, el escritor canadiense estadounidense de origen judío-ruso Saúl Bellow (1976) y el escritor judío polaco Isaac Bashevis Singer (1978) recibieron el premio Nobel de literatura; y, además, sus restos descansan en dos famosos cementerios de Estados Unidos (los famosos camposantos Shir HeHarim Jewish y el Beth El, respectivamente). Ahora que estamos a semanas de los veredictos anuales de la Academia Sueca, pensé en estos dos escritores que ya los había leído en la universidad y que por casualidad volví a releer fragmentos de sus obras disfrutadas, y me pareció interesante disertar sobre ellas.

Comenzaré con Herzog (1964), de Saúl Bellow, que cuando salió impresa corroboró la genialidad de este escritor que para esa fecha ya había recibido varios galardones literarios. La novela versa sobre cómo un académico estadounidense (cuyo nombre da título a la novela) pierde su matrimonio porque su esposa consigue “supuestamente” a alguien mejor: un amigo de ambos. Y, como todo académico, es un escritor. Acaso los escritores no escriben notas o cartas mentales antes de traspasarlas materialmente, solo por el hecho de querer tener algo esencialmente pensado, racionalizado, sobre un suceso que lo agobia, lo intriga o lo alegra; a pesar que a veces no se llega a concretar, y que estas son las que bien podrían corporizarse en un buen tomo de grandes pensamientos e historias.

En primer plano, son esas las razones que tiene Moses Herzog para dirigir esas abstracciones que jamás llegarán a su destinatario, pues la prioridad está en uno mismo. “La complejidad del hombre contemporáneo es que, a pesar del conjunto del gran Otro y sus reglas, tiene cada quien que rendir cuentas consigo mismos”, nos dice Bellow. Moses Herzog, al igual que Saúl Bellow, tiene descendencia judía y ha sido profesor universitario. No es de extrañar que esta novela (con un título con nombre del personaje central, como tiene acostumbrado el autor a su público lector), esté atiborrada de grandes frases y axiomas y citas de grandes libros y filósofos, que muestran, soltando grandes hipótesis, la gran cultura del narrador.

Aquel hombre que nos cuenta la historia no es acaso el mismo personaje central, aquel que no supera la separación de su bella esposa y que siente gran necesidad de salir de esa crisis existencial producida por el fracaso mediante la catarsis de la escritura, que siempre bordea la locura. En efecto, también Bellow nos dice: “La cordura y la locura son filos de la misma navaja”. En ese sentido, mi primer acercamiento a esta novela se dio con La verdad de las mentiras. Ensayos sobre la novela moderna (1990), de Mario Vargas Llosa, donde con gran lucidez se crea harto interés por esta novela de uno de los autores norteamericanos más importantes del siglo XX.

Por su parte, el libro de cuentos Un amigo de Kafka (1970), de Isaac Bashevis Singer, creo que contiene algunos de los mejores relatos que he disfrutado en vida, como el que da título al libro, “Un amigo de Kafka”, que versa sobre la amistad que entabló el alter ego del autor con un actor en decadencia que se vanagloria de haber sido amigo de Kafka en su juventud y que desde que lo conoce (he ahí la vanidad del escritor) le dice a su persona que posee un aura de las grandes personas, como lo encontró en Kafka la primera vez que lo vio, y por eso el alter ego del autor le invita varias copas en la taberna del pueblo. He ahí el inicio del cuento que tendrá, como en los cuentos geniales, un final contundente.

Existen también otros grandes cuentos, como “Autoservicio”, donde se mezcla la cosmovisión de la cultura judío ortodoxa-practicante o mítica-religiosa, ya en ciudades norteamericanas o europeas, donde, pese a estar en sociedades completamente diferentes, aún conservan sus tradiciones, sus creencias míticas o mágicas (como en sus demonios o sus espíritus), sus costumbres y su forma de entender el mundo. Además, aparte de lo real maravilloso y el realismo mágico en esos cuentos, existe también un naturalismo despiadado, un pozo a tierra con la realidad que lo convierte en un libro que enseña, y mucho. Por ello, a leerlos.

Por otro lado, volviendo a las quinielas suecas, creo que este año (2022), a más de una década del último hispanohablante premiado, el Nobel de literatura se lo deberían otorgar a algún autor de España o de Hispanoamérica; y, por el contrario, no esperar a que alguien de la talla de Javier Marías fallezca con solo haber sido el “eterno candidato” a tal reconocimiento. Existen varios autores que dominan el español con maestría y que en la literatura hacen magia y arte de la más excelsa calidad. No mencionaré nombres porque sería muy ingrato olvidar a “algún otro genio”.

En efecto, este fin de semana la noticia de la muerte de Javier Marías sorprendió al mundo, porque muchos creían que saldría vencedor ante la neumonía bilateral que lo postró las últimas semanas, y así el gran narrador de Así empieza lo malo (2014, una novela ambiciosa sobre las relaciones eróticas y sentimentales de personajes atrapados por el deseo y las bajas pasiones), el articulista versado y bibliófilo de importantes diarios y revistas de España, y el antologador de esa pequeña joya que es Cuentos únicos sobre los mejores y, oh contrariedad, los únicos relatos de excelente calidad de escritores que solo alcanzaron “un fulgor”, “un destello único”, debido a su temprana muerte, su “mediocridad” en esa especie narrativa, su casi carácter de “inédito libresco” y otras contrariedades que sufrieron en vida. Por ello, vamos a extrañar mucho a Javier Marías.

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor (1989). Cursó la Maestría en Escritura Creativa de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Estudió Literatura en la UNMSM. Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019). Textos suyos aparecen en páginas virtuales, antologías, revistas, diarios y/o, de su propio país como de países extranjeros. Mención especial del Primer Concurso de Poesía (2022) y de Relatos (2021) “Las cenizas de Welles” de España. Ganador del Concurso de Relato y Poesía Para Autopublicar (2020) de Colombia. Ganador del I Concurso de Cuento del Grupo Editorial Caja Negra (2019). Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007) de España. También, ha sido distinguido en otros certámenes literarios.

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