Este domingo 20 de octubre, a las tres de la tarde, en la Plaza de Armas de Ayacucho, disertaré junto al abogado y escritor Cristian León Gómez sobre las reediciones que hice este año de mis libros, que en total fueron tres (Los bajos mundos, Cementerio prohibido y Cuentos del Vraem), en el marco de la Feria Internacional del Libro de Ayacucho (FILAY) del 2024. Por ello, están cordialmente invitados.
Hace unos meses compré los Cuentos completos de Thomas Mann y, mientras leía un par de ellos, quedé embelesado por la magia de la pluma del genio alemán, especialmente con La caída, que es una obra maestra de la narración de mediana extensión. Cuenta la historia de amor entre unos jóvenes que, al final, se interrumpe por los problemas económicos de la chica, una actriz que sabe que el dinero importa y, por eso, se refugia en el amor de un anciano.
Desde que, a los dieciséis años, devoré La muerte en Venecia (1912), fascinado por el prestigio de ser la novela de un Premio Nobel y sin haber oído hablar de Thomas Mann (1875-1955), he creído firmemente que la literatura es el bello oficio de la frase estética, la intriga catártica y la preocupación artística.
Releí La muerte en Venecia tres o cuatro veces, entusiasmado por la dicotomía moral (el bien y el mal) que atormenta a Gustav Von Aschenbach, un viejo artista del verbo, enamorado de lo prohibido: un niño hermoso. Este escritor ficticio y tan real ha vivido hasta entonces una trayectoria intachable como intelectual, artista y figura pública, pero la obsesión con la belleza del joven Tadzio lo descoloca, convirtiéndolo en un vulgar amante.
Al leer esa historia, se me reveló la grandeza de Thomas Mann como un autor imprescindible. Compré todo lo que pude de su obra, en especial sus principales títulos: Los Buddenbrook (1901), La montaña mágica (1924) y Doktor Faustus (1947). Luego de leerlas completamente, comprendí que la genialidad de este autor es una de las más grandes del siglo pasado.
La novela de 1901, Los Buddenbrook, es una obra ambiciosa en la que todo está trabajado con lucidez y pasión, reconstruyendo la historia, desde 1768 con la fundación de la Casa J.B. hasta la muerte de Hanno en 1877, de la decadencia de una familia de ricos comerciantes alemanes instalados en Lübeck. Narra cinco generaciones de los Buddenbrook, una familia que en su momento dirigió los destinos de la Cámara de Comercio de Alemania. Thomas Mann tenía apenas veinticinco años cuando la vio publicada, y como todos comprenderemos, era un genio. Veintiocho años más tarde, ganaría el Nobel, donde este premio calificaría sin desmérito esta novela como una obra universal.
Para mí, como lector, los hermanos de la cuarta generación están bien delineados, y solo un espíritu de demiurgo excelso podría definirlos tan bien: Thomas Buddenbrook (el hombre de la familia que hereda la conciencia de sus grandes antepasados, pero que se desmorona ante la crisis de los nuevos tiempos), Christian Buddenbrook (un hombre risible y gracioso tanto por su aspecto como por sus actos, con gustos mundanos y bohemios, pues es el poeta y artista de la familia) y Tony Buddenbrook (la joven algo ingenua que, lentamente, toma conciencia de la seriedad del negocio familiar, aunque demasiado tarde, ante las desgracias de la familia; sin embargo, es simpática, aunque con mala suerte).
Thomas Mann, con la destreza de un sabio novelista y maestro de la narración, nos sumerge en el auge y decadencia de los Buddenbrook, sus sueños, sus amores, sus negocios, su historia y su tradición, que no es más que un reflejo de la Alemania de entonces. Y era tan joven cuando la publicó.
En 1924 llegó La montaña mágica, cuyos diálogos entre Hans Castorp, Settembrini y Naphta recuerdan a los platónicos, reflexionando sobre las humanidades, la historia, la filosofía, la literatura, la masonería, la religión, el arte y el amor. Una frase de su protagonista, algo así como “un día sin un cigarrillo es aburrido”, fue adoptada por el narrador de Solo para fumadores de Julio Ramón Ribeyro.
Leía cien páginas diarias de esta novela sin perder el fervor. Los acontecimientos transcurren en un sanatorio para tísicos en Davos, en los Alpes suizos. La novela es trágica por la muerte de los pacientes más graves, y personajes notables como el primo de Hans Castorp, Joachim Ziemssen, o el jesuita Leo Naphta, quien se dispara en la cabeza tras un duelo de honor con Settembrini. Quizás una de las temáticas de la novela sea la verdadera conversión hacia la filosofía cuando el hombre se encuentra en un estado patológico, enfermo y en crisis vital, como le sucede al protagonista, Hans Castorp.
He leído también las obras metaliterarias Doktor Faustus (fenomenal) y Carlota en Weimar (magnífica), inspiradas en Fausto y Las cuitas del joven Werther, como tributos al grandioso Goethe, símbolo de la literatura alemana. Estas novelas confirman el talento y esfuerzo de Mann, quien comprendía la trascendencia de toda, y recalco, toda su obra. En Carlota en Weimar, el personaje que inspiró a Goethe, Lotta, llega a visitarlo para rendir homenaje al autor de Las afinidades electivas, obra que, en su tiempo, llevó a varios jóvenes al suicidio por amor o infelicidad. Es decir, una obra adelantada a su tiempo, como todas las creaciones del genio alemán.
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Francois Villanueva Paravicino
Escritor. Estudió Literatura y la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023). Finalista en Poesía del Concurso Nacional de Cuento y Poesía “Huauco de Oro” (2024). Mención de honor del Premio Nacional de Relato Corto (2023) “Feria de Libro de Amazonas”. Mención especial del Primer Concurso de Poesía (2022) y de Relato (2021) “Las cenizas de Welles” de España. Ganador del Concurso de Relato y Poesía Para Autopublicar (2020) de Colombia. Ganador del I Concurso de Cuento del Grupo Editorial Caja Negra (2019). Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007) de España.



