En la Universidad Ricardo Palma
El encuentro entre el escritor e investigador José Antonio Samamé Saavedra y el científico y físico nuclear Modesto Montoya en el ECI 2025 fue uno de los momentos más esperados.
En un escenario donde el cambio climático redefine prioridades globales, el Encuentro Científico Internacional (ECI) 2025 volvió a consolidarse como uno de los espacios más importantes para la discusión de la ciencia y la tecnología en el Perú. En el auditorio Javier Pérez de Cuéllar de la Universidad Ricardo Palma, investigadores, docentes, estudiantes y especialistas de diversas disciplinas se reunieron entre el 31 de julio y el 2 de agosto para compartir proyectos, avances y reflexiones sobre los desafíos que enfrenta el país.
En este marco, uno de los momentos más destacados fue la coincidencia entre el escritor e investigador Dr. José Antonio Samamé Saavedra, quien presentó su estudio “Los incendios forestales y su repercusión en el ecosistema peruano”, y el reconocido físico Dr. Modesto Montoya Zavaleta, fundador del ECI y figura clave en la promoción de la cultura científica en Perú.
El encuentro entre ambos no solo marcó una convergencia entre literatura, ecología, física y divulgación científica, sino que simbolizó la necesidad urgente de integrar saberes para enfrentar los retos ambientales que atraviesa el país.
El Dr. Modesto Montoya, físico nuclear, académico y divulgador incansable, ha dedicado más de tres décadas a fomentar la ciencia en el Perú. Miembro de número de la Academia Nacional de Ciencias del Perú, fundador del Centro de Preparación para la Ciencia y Tecnología (Ceprecyt) y director del programa radial “Encuentro con la Ciencia”, Montoya es una de las voces más influyentes en torno a la importancia de vincular el conocimiento con las soluciones de impacto social. Desde 1993 lidera el ECI, un evento que ha logrado articular esfuerzos multidisciplinarios y conectar a investigadores peruanos dentro y fuera del país.
Por su parte, el Dr. José Antonio Samamé Saavedra ha desarrollado investigaciones centradas en ecología, conservación y análisis crítico de los efectos del cambio climático. Su participación en el ECI 2025 consolidó una línea de trabajo que combina el rigor científico con un fuerte compromiso social, visible también en su producción ensayística y reflexiones de corte ecocrítico.
La presencia de ambos especialistas en un mismo espacio no fue casual: simboliza la necesidad de sumar perspectivas para comprender fenómenos cada vez más complejos, como los incendios forestales que afectan al Perú y al mundo.
Durante su intervención, Samamé Saavedra presentó un estudio exhaustivo sobre la pérdida de cobertura boscosa en el Perú entre 2001 y 2024 como consecuencia de incendios forestales. Los datos expuestos revelan una tendencia alarmante: el país perdió alrededor de 365 mil hectáreas de zona arbórea en ese periodo, una cifra que representa el 8.4% del total de áreas destruidas a nivel nacional.
El investigador también detalló que regiones como Loreto, Ucayali, San Martín, Madre de Dios y Huánuco concentran la mayor pérdida de bosques debido a su extensión y vulnerabilidad frente al fuego. Sin embargo, el estudio incorpora un análisis particular del departamento de Lambayeque, cuya degradación ambiental ha sido menos visibilizada, pero igualmente preocupante.
El Dr. Montoya, quien ha insistido durante años en la importancia de que la ciencia llegue al ciudadano común, saludó la presencia de estudios como el de Samamé, al considerarlos indispensables para comprender las consecuencias del cambio climático en el país. Su labor desde Ceprecyt y desde el ECI busca justamente eso: crear plataformas donde la divulgación científica sea accesible, rigurosa y articulada. Si bien Montoya es un referente en la física y en la difusión científica, y Samamé proviene del campo de la ecología y la investigación literaria, ambos coinciden en un punto esencial: la lucha contra los incendios forestales y la degradación del ambiente es un desafío multidimensional que requiere del encuentro de diferentes saberes.
El intercambio de perspectivas entre ambos investigadores, posterior a la ponencia, mostró la relevancia del diálogo interdisciplinario. En ciertos momentos, Montoya destacó la necesidad de modelos predictivos más sólidos y herramientas tecnológicas para anticipar emergencias ambientales, mientras que Samamé remarcó la urgencia de fortalecer las políticas educativas, comunitarias y de conservación.
El estudio presentado se inserta en un contexto mundial alarmante. Los incendios forestales, intensificados por el cambio climático, devastaron regiones enteras durante 2019 en Australia, el Amazonas, California, Europa, el Ártico e Indonesia. La quema masiva de plantaciones generó un aumento sustancial de emisiones de gases de efecto invernadero, llegando a representar la quinta parte de los 36,800 millones de toneladas de carbono expulsadas ese año, según WWF.
En el caso peruano, entre noviembre de 2021 y noviembre de 2025 se registraron 74,809 alertas de incendios forestales, un número que refleja tanto causas naturales como actividades humanas irresponsables. La situación exige —como señaló Samamé— una respuesta firme basada en educación, prevención, tecnología y políticas de conservación sostenibles.
Sin embargo, no todo es adversidad en el panorama descrito. El estudio también evidenció avances en reforestación, especialmente en Ferreñafe, que registró una ganancia de 1,540 hectáreas, equivalente al 45% del incremento en el departamento.
Estas acciones, aunque aún insuficientes para revertir las pérdidas, abren la posibilidad de construir ecosistemas más resistentes.
Por su parte, el Dr. Montoya subrayó la necesidad de incentivar la investigación aplicada, la innovación tecnológica y la formación de redes científicas que puedan acompañar estos esfuerzos. En ese sentido, recalcó que ciencia, ecología, divulgación y reflexión crítica convergieron en un mismo espacio para recordarnos que la lucha contra los incendios forestales —y contra la degradación del planeta— no es solo un problema técnico, científico o político, sino un asunto profundamente humano.



