Escuché del escritor huancaíno Ugo Velazco Flores por primera vez en el recital poético “Y la palabra se hizo joven” de la Asociación de Escritores de Ayacucho (AEDA) del año 2015, cuando un sábado por la tarde, en la casa cultural del escritor Antonio Sulca Effio, mis amigos poetas y narradores lo mencionaban y afirmaban que aquel era alguien que conocía el oficio y que se venía haciendo un camino propio a nivel nacional.

De ahí en adelante priorizaría la lectura de sus libros que llegaran a mis manos, y siempre que lo hacía tenía la certeza de que aquellos comentarios literarios de admiración por su literatura eran ciertos. Una literatura corroborada por los premios que le fueron otorgados desde el 2008, cuando ganara el 1er lugar en poesía en los Juegos Florales de la UNPRG Lambayeque, y que no descansaría hasta hacerse ganador de uno de los galardones más codiciados del país, el Premio “Cuento de la 1,000 palabras” de la revista Caretas.

Además, se sabe de Ugo Velazco Flores que es un escritor ambidiestro, que domina tanto los caminos de la lírica como los de la prosa, con un oficio que pondría celoso a los colegas más exigentes y biliosos, que siempre miran la literatura como un campo de batalla. También, posee un aura prolífico, pues publica de forma constante y consecuente desde la década pasada, e incluso editó un poemario el 2020 en Dendro Ediciones (Idola o el leve nombre de las cosas), que vio la luz en el mes que se declaró la cuarentena en todo el país por la pandemia.

Este 2021 sacó a la luz Los golpes en la puerta (Editorial Amarti), que, como uno de sus anteriores libros, Como dos músicas iguales y otros lunares sobre cuentos (Nictálope Editores, 2017), posee una columna vertebral temática muy definida en sus historias. Por ejemplo, en la entrega del 2017, es la idea de la característica propia, íntima, personalísima, que nos define y nos concierne como seres humanos únicos en el mundo.

En la publicación de este año, la idea de cruzar un horizonte de un estado a otro nos traslada a definir los límites del hogar, de la familia, de la vida, de la muerte, de lo real, de lo fantástico, del bien, del mal, de los conflictos, de la soledad, del yo o de la otredad, entre otros. Es como si la idea de tocar fuerte la puerta nos anunciaría la visita de la Muerte, el Destino o nuestro propio ser y nuestra propia metafísica. Es decir, nos descubrirnos desnudos ante lo inexorable.

Con prosa esforzada, el estilo sinuoso, las descripciones bien calculadas, una historia atractiva e interesante (como los maestros del cuento: Chejov, Poe, Hemingway, Maupassant, entre otros), nos revela en sus relatos la búsqueda de las raíces familiares luego de haber migrado a Europa, que se interrumpe por la fatalidad (en “La fotografía”), o en “Las escaleras”, que trata sobre la imposibilidad de conocer al otro.

También se desarrolla el fatalismo del suicidio en “Los últimos días de Moai, la Gigante”, o la tragedia de un bandolero en “Las tarántulas”, o la idea del accidente en “Las polillas”, e, incluso, las disputas familiares entre un padre que cree en Dios y en la religión y sus hijos que creen en la ciencia, en el universo y los astros, en “Las dos lunas de Marte”, que, viéndolo bien, podría ser un guiño a la Chejov canadiense, Alice Munro.

Este libro tiene la grandeza también de compartir el relato ganador del concurso de Caretas, “El bonsái Kobayashi”, que, según los entendidos, es una joya prosística. Y, como mencionamos líneas atrás, viene acompañado de cuentos que en su gran mayoría expresan las ideas de fatalismo, de tragedia, de muerte, bien simbolizada en la metáfora de la puerta, pues no sabemos que nos aguarda cruzándola.

En ese sentido, el editor de Ica Víctor Salazar Yerén ha mencionado una constante sobre sus cuentos anteriores: “El afán de justicia, el daño por terceros, las pasiones desmesuradas, las traiciones familiares, casi siempre son personajes que sufren”. Por su parte, el ganador del Copé de Poesía, Johnny Barbieri, ha escrito sobre su poesía y en específico de La tierra ósea (2014): “El lenguaje es limpio, está exenta de palabrería innecesaria, el verso de aliento largo es la adecuada para el intento de renovación que el poeta se ha propuesto”.

Sobre este libro, el escritor Gino Damas Espinoza ha escrito: “Poseedor de un talento innato, Ugo Velazco es un maestro de la narrativa fantástica: versátil, fino, pulcro; con amplio criterio para escoger sus temas, personajes y escenarios, dueño de una extensa cultura; es capaz de contarnos desde una historia de raíces japonesas hasta los secretos más inverosímiles de los Andes”. Por su parte, Orlando Loayza ha apuntado: “He aquí un libro fascinante. Cada cuento es mejor que el otro”. Tal vez, por ello, este sea uno de los mejores libros de cuentos editados en el interior del país. Yo estoy seguro que está entre los mejores.

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor (1989). Egresado de la Maestría en Escritura Creativa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Estudió Literatura en la UNMSM. Ha publicado Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019) y Azares dirigidos (2020). Textos suyos aparecen en páginas virtuales, antologías, revistas, diarios y/o, de su propio país como de países extranjeros. Mención especial del Primer Concurso de Relatos “Las cenizas de Welles” (2021) de España. Ganador del Concurso de Relato y Poesía Para Autopublicar (2020) de Colombia. Ganador del I Concurso de Cuento del Grupo Editorial Caja Negra (2019). Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007) de España. También, ha sido distinguido en otros certámenes literarios.

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