Pesca a río revuelto

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En los últimos años, las gratitudes han ganado la batalla a las villanías; mientras el gobierno central intentaba humanizar su relación con los gobernados, a través de la emisión de bonos, a favor de los peruanos que habían perdido su trabajo, los gobiernos locales o regionales, no sintonizaban en la misma línea con las decisiones del ente superior, haciendo todo lo contrario para ser odiados.
Alcaldes y gobernadores pescan a río revuelto, aun en marco de la letalidad de la pandemia del coronavirus, en la vida nacional, se han llenado la boca, queriéndose haciéndose notar, como los gestores de la generosidad para sus pueblos, mediante la exposición de apariciones públicas descriptivas, donde entregaban víveres ordenados desde Palacio, con recursos del tesoro público.
El figuretismo es único en el Perú, conocido irónicamente, como «el país de las maravillas», porque los desaciertos de los gobernantes, le ganan la partida a sus aciertos, y hacen cualquier cosa para ganar réditos a favor de su futuro político, aunque se trate de ofrecer un aporte económico o una computadora a favor del desvalido si eso les procura destacar sus altruismos y la imagen propia.
Los políticos no hacen nada gratis, y son capaces de generar falsas ilusiones, exteriorizando una presunta grandeza, que no existe, a nombre de sus demonios, echan a los trabajadores a la calle, sin entender que le pueden estar quitando un pan de la boca a su familia, para contrarrestar esto, actúan como los paladines de la justicia ante las poblaciones, ejecutando obras en comunidades.
El ego juega en la política, como en cualquier ámbito de la vida social, pero se hace más notorio, cuando se incluye en las comunicaciones del Estado, nombres y apellidos de los protagonistas de cada evento que se realiza, donde el nombre de la institución, no es suficiente sino se coloca además del alcalde, al regidor, al funcionario, al invitado, y a todo el entorno de la vida municipal.
A nombre del coronavirus, algunos alcaldes actúan como supuestos defensores de los derechos humanos, asistiendo ante la presencia de banderas blancas, que utilizan algunos sectores pobres, a su usanza propia, como señal de que no tienen para comer, por efecto de su pobreza, y por el descuido de las autoridades que no hicieron llegar a tiempo canastas con víveres que prometieron.
Ah, por cierto, no se escatima en regalos; ponchos, sombreros, bustos, de alguna celebridad local, resoluciones y declaraciones públicas, con recursos de los usuarios, temas que forman parte del protocolo municipal, pero que generan compromisos ante eventuales decisiones de la autoridad visitante, en la construcción de carreteras, servicios eléctricos y cualquier otro tipo de proyectos.
Esto nos recuerda a lo que los profesores decían, cuando pasaban repaso a los estudiantes de la escuela en el patio del colegio, «Por fuera flores, por dentro temblores» aduciendo al aseo personal, en este caso se busca pasar la mano ante cualquiera irregularidad que se trate de evitar, en todo caso, el mensaje es apostar a la benevolencia respecto a los errores en un próximo futuro.

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