La novela Mana Wanaj (Editorial Apogeo, 2025), escrita por Efer Soto, se erige como una propuesta literaria que articula con destreza dos líneas narrativas paralelas, entrelazadas por una misma pasión: la danza de tijeras. Soto despliega en su obra no solo un homenaje a esta práctica ancestral andina, sino también una indagación profunda en los vínculos familiares, el destino, la identidad cultural y el misterio que rodea a los galas, esos danzantes que parecen flotar entre el rito y el espectáculo.

Desde la primera página, el lector es conducido por una estructura narrativa que alterna voces, tiempos y estilos. Esta decisión estilística no es gratuita: permite observar el mundo representado desde perspectivas complementarias y a la vez contrastantes. En los capítulos impares, la voz narrativa externa se posa sobre los hermanos Edelvino y Zózimo, conocidos en el mundo del baile como Rayo de Oro y Astro Rey, respectivamente. Su historia, marcada por la rivalidad fraterna y el favoritismo paterno, avanza en un crescendo de tensiones, que pareciera anunciar un desenlace trágico. Sin embargo, Efer Soto subvierte el lugar común: el resentimiento no se cristaliza en venganza, sino que se transforma —con matices, con contradicciones— en afecto, reconocimiento y complicidad.

En los capítulos pares, la narración adquiere un tono íntimo y confesional. Mana Wanaj, la narradora, nos introduce en su universo interior, relatando su fascinación de infancia por los galas y su propia búsqueda de identidad a través de la danza. Esta voz femenina aporta una sensibilidad diferente al relato, no solo por la forma en que observa el mundo, sino también por el lugar que ocupa dentro de él: una joven marcada por la orfandad materna, criada por un padre evangélico y tejedor, que poco a poco acepta que el destino de su hija está ligado a una danza que en sus creencias es considerada herética. La relación entre ambos se convierte en uno de los hilos afectivos más entrañables de la novela, porque no está basada en la imposición, sino en el aprendizaje mutuo y el respeto por los caminos que cada uno decide tomar.

Uno de los mayores logros de la novela es la forma en que Efer Soto trabaja la temporalidad. Al igual que un hábil prosista —como sugiere el prologuista Juan José Cavero—, el autor manipula el tiempo narrativo con agilidad: salta hacia adelante, se detiene en momentos claves, vuelve al pasado para iluminar un gesto o una motivación, y así construye un relato fluido pero con múltiples capas. Esta fragmentación, lejos de confundir, enriquece la experiencia del lector, quien se ve obligado a reconstruir el mapa emocional y simbólico que los personajes habitan.

En el trasfondo de la historia se encuentra siempre la danza de tijeras, no solo como práctica artística, sino como expresión de un sistema de creencias, una cosmovisión, una forma de resistencia cultural. Soto no cae en el exotismo ni en el folclorismo simplificador: su acercamiento a los danzaks es respetuoso y documentado, pero también impregnado de admiración genuina. El aura de misterio que rodea a estas figuras —capaces de danzar hasta el límite de la resistencia humana, de desafiar a los diablos, de conectarse con lo sagrado y lo profano a la vez— está presente en pasajes memorables, como aquel baile en Ocoro donde Rayo de Oro realiza un acto que roza lo milagroso: levitar, extraer un diablillo del sombrero, trastocar las leyes físicas. Es allí donde la novela se adentra en un terreno fronterizo entre la realidad y lo mágico, sin romper con la lógica interna del relato.

La proyección internacional de los hermanos danzantes, quienes llegan a presentarse ante reyes, reinas y presidentes en Asia y Europa, otorga a la novela una dimensión global. Soto sugiere que lo local —en este caso, una danza con raíces ancestrales andinas— puede dialogar con lo universal, ser apreciado, valorado y celebrado más allá de sus fronteras originales. Esta experiencia también transforma a los personajes: los saca del pueblo, los expone a otros mundos, pero no los desvincula de su esencia. Por el contrario, refuerza su vínculo con el origen. Vuelven, al cabo de veinticinco años, al lugar donde todo comenzó: Ocoro. Allí se cierra un ciclo vital y narrativo, pero también se abre otro, marcado por la madurez, la reconciliación y la posibilidad de un nuevo comienzo, representado por el reencuentro con una Mana Wanaj también transformada por los años y la experiencia.

La novela cumple así con varios cometidos a la vez. Es una historia de iniciación y crecimiento. Es una crónica familiar, con sus tensiones, lealtades y traiciones. Es un tributo a una tradición viva y palpitante. Es una reflexión sobre el tiempo y sus huellas. Y es, también, una obra que destaca por su sensibilidad narrativa, por la construcción cuidadosa de sus personajes y por la cadencia de su prosa.

Cabe señalar que esta novela breve se inscribe en una corriente de narrativa andina contemporánea que apuesta por revitalizar elementos culturales tradicionales sin idealizarlos ni despojarlos de su complejidad. Soto no presenta a los galas como seres míticos sin mácula: son hombres con conflictos, deseos, frustraciones, pasiones. Pero también son portadores de una herencia, de un saber que trasciende lo individual. Y en esa tensión entre lo humano y lo simbólico, la novela encuentra su mayor riqueza.

En suma, esta es una novela que deslumbra por su estructura, conmueve por sus personajes y fascina por el universo que retrata. Es una obra que invita a mirar con otros ojos una práctica ancestral que todavía hoy palpita en las fiestas andinas, al ritmo de las tijeras que cortan el aire como quien escribe una coreografía en el viento. Con esta novela, Efer Soto no solo ha escrito una historia entrañable, sino que ha logrado hacer literatura desde el corazón de una tradición viva.

Si desea adquirir el libro, lo puede encontrar en los distribuidores de Editorial Apogeo, sello que estará en la Feria Internacional del Libro (FIL). Además, en dicho magno evento, se presentará el domingo 03 de agosto a las 2 p.m., donde los comentaristas serán el escritor Lenin Solano, Jorge Alejandro Ccoyllurpuma y el autor. Si desea aprender más del apasionante mundo de la danza de tijeras, esta es una invitación.

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor, corrector de estilo, columnista y amante de los libros. Estudió Literatura y cursó la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023), Operación Catástrofe (2024) y Cantera de fuego (2025). Ha sido distinguido en diferentes certámenes literarios, tanto nacionales como internacionales.

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