Por Francois Villanueva Paravicino
La semana pasada ha fallecido uno de los más grandes escritores que Ayacucho ha visto crecer: José Antonio Sulca Effio, profesor de Lengua y Literatura en español y quechua, catedrático, periodista, actor, director de teatro, escritor y poeta peruano. Y Huamanga, y en general todo el Perú, lamentaron aquel sensible fallecimiento. De ahí que llegaran las condolencias de escritores de Lima y de otras partes del país y del mundo.
Aquel que en vida recibiera distintos reconocimientos, como ser “Hijo predilecto de Huamanga”; ganador del Primer Premio de Poesía Quechua para Niños, en el I Concurso Nacional de Literatura Bilingüe en Lenguas Andinas y Amazónicas; el Premio Nacional de Poesía Escrita en Quechua de la Universidad Federico Villareal; laureado en el 60 Concurso Internacional de Poesía y Narrativa 2018 en Argentina; ha partido y ha dejado a las letras ayacuchanas en español y en quechua en un profundo sinsabor.
Gran columnista cultural del diario “La Voz de Ayacucho”, José Antonio Sulca Effio opinaba con sabiduría sobre escritores, filósofos, pensadores, periodistas, religiosos, políticos, cantantes, artesanos, artistas, pintores, y todo un sinfín de personalidades importantes que la coyuntura periodística le exigía recordar y rendirle homenaje con su pluma bien informada. Y hoy toca ofrecerle un tributo póstumo al maestro ayacuchano, quien siempre estuvo en pie de lucha a favor de la cultura, de la educación, de la lectura, del amor al conocimiento, de la difusión del quechua, de las artes, entre otros.
Recuerdo haber leído, allá por el año 2015, sus famosos Cantipoemas ayacuchanos I, editado por Editorial Amarti, y me gustó mucho su retórica límpida, rítmica, prístina, que contaba pequeñas historias en estrofas de pocos versos. Aquellas historias referían a la cosmovisión de las personas del mundo andino, como sus amores, sus deseos, sus penas, sus alegrías, sus temores o sus gracias que les divertían.
El también exdecano del Colegio de Periodistas de Ayacucho y socio ilustre de la Asociación de Escritores de Ayacucho (AEDA) y de “QANTU”, Asociación Quechua de Letras y Artes Ayacucho Chanka, publicó hace unos años un libro voluminoso, empastado, ambicioso, bilingüe (español y quechua), que reunía quince poemarios que trabajó durante toda su vida. Lo tituló Wallpa Suwa (Colección El Huamanguino, 2019), donde cada poemario tiene una dedicatoria a grandes exponentes de dicha literatura bilingüe (español y quechua), como a su esposa Inés Virginia Acosta Chávez (la mujer de su vida), Gonzalo Espino, Walter Bustamante Hernández, Lenon Tutaya, Salvador Cavero, Alfredo Benavides Ganoza, Clodoaldo Soto Ruiz, Víctor Tenorio García, Ranulfo Fuentes Rojas, Cesar Itier, Reverendo Padre Clemente Perroud o Edilberto Lara.
Según la presentadora de los diferentes poemarios del libro, su esposa y cuidadora de los textos, Inés Virginia Acosta Chávez, los pequeños poemas reflejan el espíritu andino, donde los ancestros ayacuchanos (los incas, por ejemplo) cantaban esas composiciones sentidas y sensibles cuando bailaban, lloraban, amaban, festejaban, etc. Eran poemas-cantos que, según los que estudiaron los poemarios, eran muy diferentes a las creaciones complejas, herméticas, cabalísticas, metafóricas, intrincadas, que trajo la poesía del Siglo de Oro Español o las más recientes creaciones del Occidente moderno. Estos poemas del vate ayacuchano le cantan a la naturaleza, a los animales, a las plantas, a los hombres, a la vida, a la muerte, a la cosmovisión andina del mundo.
Por ello, los brevísimos poemas en español y traducidos al quechua de José Antonio Sulca Effio (en una cantidad de cincuenta composiciones en cada poemario) tienen una estructura formal similar a los watuchis o, si queremos ser más exquisitos, a los haikus. Aunque las estructuras poéticas mencionadas encierran enigmas, misterios, ciertas metáforas experienciales, los poemas del poeta ayacuchano también tienen algo de ellos. He allí su importancia como composición poética y, por ello, la invitación a su lectura, que, como también menciona la presentadora de los poemarios, su gran finalidad es difundir el idioma de nuestros ancestros: el quechua.
El maestro José Antonio Sulca Effio, en su infatigable labor de difusor cultural, puso a disposición, mucho antes de que se vaya a radicar a Lima por motivos de salud, su casa como morada cultural en la calle Tenería, que llegó a bautizarlo como la Casa Teselo, para realizar presentaciones culturales, recitales o diferentes actividades artísticas. Ahí recuerdo haber participado en uno de mis primeros recitales en Huamanga (ya había participado en recitales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos o del centro de Lima) y fue una experiencia grandiosa, que me serviría después para escribir la parte final de mi tercera novela (aún inédita). Según me traslada la memoria, fue por el año 2015.
Desde que se marchara a la capital por los motivos mencionados, la vitalidad de la Casa Teselo desfloreció. Sin embargo, fue la morada del velatorio que cobijó sus restos antes de que se trasladaran eternamente a su santo sepulcro, en el Cementerio General de Huamanga. Al velatorio, a la misa y al sepelio acudieron diferentes personajes importantes de las letras, la prensa, la cultura, el arte ayacuchano, donde todos aseguraron que la memoria del buen José Antonio Sulca Effio vivirá por mucho, mucho tiempo. Adiós, maestro.
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Francois Villanueva Paravicino
Escritor. Cursó la Maestría en Escritura Creativa de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Estudió Literatura en la UNMSM. Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023). Textos suyos aparecen en páginas virtuales, antologías, revistas, diarios y/o. Mención especial del Primer Concurso de Poesía (2022) y de Relatos (2021) “Las cenizas de Welles” de España. Semifinalista del Premio Copé de Poesía (2021). Ganador del Concurso de Relato y Poesía Para Autopublicar (2020) de Colombia. Ganador del I Concurso de Cuento del Grupo Editorial Caja Negra (2019). Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007) de España.


