La pasión de expósito

0
858

Decir que soy cinéfilo, no es ninguna novedad, lo empecé a ser, cuando el «cabezón» Gonzáles Posada, me gratificaba, entregándome exclusivas de estrenos, que todavía no se programaban en las carteleras del país; por valija diplomática, me llegaban diarios de Argentina, que el canciller me proporcionaba, fue así que me involucré en el mundo del cine, y participé de jornadas culturales.
No se imaginan ustedes que rico es el aprendizaje del periodismo, cuando, ofrece historias sabrosas; desde ese momento me convertí en un periodista versátil; ser cronista de cine, es una osadía, que va más allá, de la deslucida farándula de espectáculos, pues se requieren condiciones especiales, para penetrar en esta éxtasis cultural, que supone conocimientos vastos del 7° Arte.
De esta manera, empecé a reunirme, con los monstruos del cine, de los diarios más importantes del quehacer limeño; conviví algún tiempo con ellos, intercambiando opiniones, y aprendiendo, conocí, las oficinas de distribución de las empresas de la cinematografía, asistí a reuniones con colegas reputados, me dio mucha pena, cuando dejé de ser cronista de cine, y la magia de su arte.
El mundo del cine es muy especial, genera mucha sabiduría, y aprendizaje, emociona a sus cultores, genera fastuosidad y eleva la autoestima, el écran, es otra cosa, es por esto, que cada vez que se programa la entrega de la estatuilla dorada en los premios «Oscar», aparecen actores y actrices, mostrando sus mejores galas, con estupenda coreografía y alfombras de primer orden.
En ese marco, estando en Andahuaylas, luego de haber tenido diversas facetas como periodista, donde aborde diversos contenidos; en las páginas locales, policiales, espectáculos, dominical, y otras, empero el año 2010, quedé prendado con una extraordinaria película: «El secreto de sus ojos», que tuvo como protagonista a Ricardo Darín, el sorprendente actor de esta laureada cinta.
Tanto me gustó su trabajo de Darín (Expósito) que escribí una artículo en un diario local, que titulé: «La pasión; ese vinagre cardinal»… Lo que le pasó a Expósito, el héroe de la historia, nos puede pasar a cualquiera de nosotros, y de hecho nos pasa, sobre todo a aquellos que hacemos periodismo de investigación, lo que no enseñaron en la escuela Bausate y Meza, hace largos años.
«El criminal está suelto y un marido sufre; su mujer fue violada y cruelmente asesinada; nadie sabe dónde está el asesino», pero usted, como este abogado de la corte, a punto de retirarse, está dispuesto a escribir la historia de la que fue testigo, y estuvo cerca de morir en su audacia. El periodista como el abogado, no puede perder sus años e irse a descansar sin descubrir la verdad.
Esa verdad, está frente a nuestros ojos, no debemos dejar que se vaya, porque sabemos, que si la descubrimos, haremos felices a mucha gente, igual lo seremos nosotros, al irnos con gloria. Expósito buscó y encontró al asesino en el estadio -era hincha de Racing- un maldito con las mujeres; un desgraciado, pero un apasionado como el periodista o abogado, que busca la verdad.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí