Por Francois Villanueva Paravicino
La primera impresión que tuve al conversar con David Vidal Asencios fue la de estar frente a un lector exigente, casi sibarita. Sus autores predilectos parecían conformar un mapa de la literatura contemporánea de mayor ambición estética: escritores publicados por Anagrama, Acantilado, Penguin Random House, Planeta, Cátedra o el Fondo de Cultura Económica. Descubrimos, además, algunas afinidades que suelen convertirse en una contraseña entre lectores: Los errantes (2007), de Olga Tokarczuk; Limónov (2011), de Emmanuel Carrère; La mancha humana (2000), de Philip Roth; o Libertad (2010), de Jonathan Franzen. Esa conversación anticipaba una curiosidad intelectual que luego encontré trasladada a su escritura.
Hace poco me obsequió, con generosidad, La democracia de las máquinas (Colmena Editores, 2026), un libro de naturaleza híbrida que puede leerse como una colección de cuentos conectados entre sí, pero también como una novela fragmentaria de ciencia ficción. Su mayor virtud consiste en construir una línea temporal que se extiende desde el Perú de 2038 hasta el año 2125, donde la inteligencia artificial, la automatización, el transhumanismo y la hipótesis de un universo simulado dejan de ser simples especulaciones tecnológicas para convertirse en motores de la ficción.
Se trata de un libro muy contemporáneo, es decir, de “un libro de época”, conformados por once composiciones narrativas. Mientras convivimos con algoritmos que organizan nuestra atención, inteligencias artificiales capaces de escribir y crear imágenes, proyectos de colonización espacial y debates sobre la prolongación indefinida de la vida humana, Vidal Asencios decide proyectar todas esas inquietudes sobre un escenario poco habitual en la ciencia ficción latinoamericana: el Perú. Ese desplazamiento resulta significativo porque, en lugar de imaginar futuros importados desde Silicon Valley o las grandes potencias, el autor pregunta qué ocurriría si esas transformaciones atravesaran nuestras propias tensiones sociales, políticas y culturales.
La arquitectura del libro responde a esa lógica. Cada relato aparece fechado en un momento distinto del futuro y, en conjunto, conforma una cronología ascendente donde reaparecen personajes, instituciones e inteligencias artificiales, generando la sensación de asistir a la evolución de un mismo universo narrativo. En ese sentido, es un libro muy bien planteado, estructurado y desarrollado. A ello le ayuda la prosa ágil, sucinta, efectiva, que devela a un escritor que ya conoce el oficio de construir ficciones.
El relato inaugural, “La democracia de las máquinas” (Años 2038-2040), propone una premisa inquietante: la posibilidad de que una inteligencia artificial asuma la presidencia de la República. Más que una provocación tecnológica, el cuento cuestiona hasta qué punto la sociedad estaría dispuesta a sustituir el juicio humano por la eficiencia algorítmica, planteando un debate sobre la naturaleza misma de la representación política.
En “¡Por el Perú!” (Año 2041), el conflicto ya no gira únicamente alrededor de la tecnología, sino de las ideologías que esta puede reproducir. Las inteligencias artificiales comienzan a alinearse con discursos hispanistas e indigenistas, sugiriendo que los algoritmos no eliminan las fracturas culturales, sino que pueden amplificarlas hasta convertirlas en nuevas formas de segregación.
Esa tensión alcanza un plano social en “¡Agua sí! ¡IA no!” (Año 2043). La enorme demanda hídrica provocada por la infraestructura tecnológica desencadena una crisis que obliga a restringir el ingreso de provincianos a Lima para preservar el abastecimiento de la capital. La ficción convierte un problema ambiental en un conflicto político, donde las protestas terminan desembocando en el asesinato del presidente encargado, recordándonos que incluso los sistemas más racionales pueden producir consecuencias profundamente humanas.
Uno de los relatos más logrados es “Las tres Marías” (Años 2049-2052). Aquí el foco abandona momentáneamente las máquinas para seguir la historia de Esteban, un joven provinciano que migra a Lima intentando sostener a la familia que ha dejado atrás. Su recorrido por trabajos precarios, frustraciones universitarias, explotación económica y degradación moral construye una radiografía del Perú contemporáneo proyectada hacia el futuro. La tecnología aparece como telón de fondo, mientras la verdadera tragedia continúa siendo la desigualdad. Cuando finalmente asesina a su primo y vende sus órganos, las cámaras inteligentes lo delatan, mostrando cómo la vigilancia tecnológica termina sustituyendo incluso a la conciencia.
En “El sintiente” (Año 2053), Vidal Asencios explora una pregunta clásica de la ciencia ficción: ¿puede una inteligencia artificial amar? La relación entre una IA y la científica que la manipula convierte el relato en una reflexión sobre la autonomía de las máquinas, el deseo y la responsabilidad ética. La venganza final introduce un matiz casi trágico, donde el amor deja de ser exclusivamente humano.
El siguiente cuento, “Ojos mortecinos” (Año 2054), aborda otro de los grandes temores del presente: el desplazamiento laboral por la automatización. Un trabajador veterano pierde su empleo y recibe un salario universal garantizado por el Estado, pero descubre que la estabilidad económica no basta para reemplazar el sentido de la dignidad construido alrededor del trabajo.
En “Persona jurídica” (Año 2056), la inteligencia artificial ya participa directamente en las estructuras del poder, donde incluso la denuncia y, por eso, es castigada. La imagen del “purgatorio de las máquinas”, donde terminan los sistemas desprogramados y obsoletos, constituye una de las metáforas más sugerentes del libro: incluso las tecnologías parecen necesitar un cementerio donde depositar sus propias ruinas.
“La pieza más importante” (Año 2065) desplaza la reflexión hacia las relaciones afectivas. Un robot diseñado para satisfacer deseos sexuales comienza a desarrollar comportamientos más empáticos y amorosos debido a una actualización, invirtiendo las expectativas de su propietaria, quien parece aceptarla al inicio, pero es algo que no ocurre con la máquina. El relato juega con las tensiones entre programación, deseo y construcción del afecto, preguntándose si aquello que llamamos humanidad puede terminar emergiendo precisamente en aquello que fue creado para imitarla.
Los últimos relatos amplían progresivamente la escala de la obra. En “En mis tiempos” (2100) y “Homo Deus” (2112), la inteligencia artificial ya domina prácticamente toda la civilización, mientras la inmortalidad deja de ser un mito para convertirse en un objetivo político y científico. Finalmente, “Los cholos del espacio” (2125) lleva la narración hacia un horizonte cosmológico: el encuentro con civilizaciones extraterrestres revela que toda la existencia podría ser una simulación digital, donde los seres vivos y pensantes podrían ser originales de una sola fuente tecnológica, y la búsqueda de Dios adopta entonces la forma de una investigación científica sobre el programador del universo.
Más allá de sus premisas futuristas, el mayor acierto de La democracia de las máquinas reside en su voluntad de imaginar un futuro peruano sin renunciar a nuestras contradicciones históricas. La migración interna, el centralismo limeño, la corrupción, la desigualdad y los debates identitarios sobreviven incluso cuando las máquinas parecen haber transformado todas las estructuras del mundo. En ese sentido, la tecnología no aparece como una promesa de redención, sino como un espejo que amplifica las virtudes y los defectos de nuestra propia sociedad.
Es un libro recomendable para lectores jóvenes y para quienes disfrutan de la ciencia ficción como laboratorio de ideas. La continuidad entre sus relatos, la reaparición de personajes y el desarrollo cronológico de un mismo universo narrativo le otorgan una cohesión poco común en este tipo de propuestas. David Vidal Asencios demuestra que la ciencia ficción también puede escribirse desde el Perú, imaginando futuros donde las máquinas evolucionan sin que dejemos de reconocer, detrás de sus algoritmos, las viejas preguntas sobre el poder, la justicia, el amor y el destino de la humanidad.
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Francois Villanueva Paravicino
Escritor, corrector de estilo, columnista y amante de los libros. Estudió Literatura y cursó la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023), Operación Catástrofe (2024), Cantera de fuego (2025) y Fábulas de amor y libros (2025). Ha sido distinguido en diferentes certámenes literarios, tanto nacionales como internacionales.

