¿Por qué perdió Keiko Fujimori en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 2021, si lo tenía todo: logística millonaria, grandes medios de comunicación a su favor, respaldo de personalidades de impacto mundial?

Desde Hamutana, espacio de reflexión que inauguro hoy, enfocándome en la dimensión comunicacional, identifico tres causas, tres debilidades de la estrategia de campaña keikista.

Primero, el desprestigio de Keiko como fuente, su credibilidad imposible para millones de peruanos, quienes recuerdan su pasado reciente de política autoritaria vinculada a redes mafiosas, que se dedicó a obstruir al gobierno utilizando a la mayoría parlamentaria fujimorista.

Sus asesores intentaron remediarlo trabajando su imagen para mostrarla conciliadora, también publicitando su firma de la “Proclama Ciudadana” y su juramento de respetar la institucionalidad democrática ante Vargas Llosa. Recursos persuasivos que fallaron, debido a los gestos erráticos de Keiko: su defensa de la esterilización forzada promovida por Alberto Fujimori, su convocatoria a Tudela y otras figuras del fujimorismo noventero para su equipo técnico. Muestra de su desdén por los antivotos, gran parte de los cuales vienen precisamente del rechazo a los abusos cometidos por su padre y adláteres en la década de 1990.

La falta de credibilidad de Keiko impregnó a los medios de comunicación que se comportaron como si fueran parte de su aparato propagandístico, por lo cual los mensajes sesgados de estos tampoco tuvieron el impacto esperado en la audiencia.

La segunda debilidad del keikismo fue el uso intenso del terruqueo como táctica sugestiva para generar miedo en los votantes y aislar al candidato contendor Pedro Castillo, pese a que Keiko anunciara, al iniciar la campaña de la segunda vuelta, que serían más persuasivos (mostrando las ventajas comparativas de sus propuestas) y abandonar el terruqueo. Pero intensificaron el uso del recurso, aprovechando incidencias como la matanza de varios civiles en el Vraem y las pintas en algunas ciudades, realizadas supuestamente por miembros de SL.

Empero, este recurso de violencia psíquica que le diera buenos resultados a su padre en su momento y le llevara a Alan a la Presidencia por segunda vez (terruqueando al candidato Ollanta), le favoreció a Keiko solo en las grandes ciudades; en la mayor parte del territorio nacional, ganó Castillo, porque el contexto ha cambiado y otros fantasmas dominan el imaginario de los peruanos: corrupción, narcotráfico, sicariato.

La tercera debilidad del keikismo fue su sobreestimación del poder de los grandes medios de comunicación masiva, bajo la premisa de la hegemonía de la masificación de mensajes. Pero esta hegemonía ya no se da, debido al uso de Internet, medio asociado al surgimiento de un fenómeno opuesto: la desmasificación de mensajes.

Frente a la campaña colosal de Keiko, apoyado por los grandes medios de comunicación masiva, Castillo realizó una campaña modesta, a la que se sumaron oleadas de ciudadanos, echando mano de las redes sociales. Pequeños públicos activados ad infinitum versus los grandes públicos masivos. La pandemia, aceleradora del proceso de digitalización, favoreció la viralización de los mensajes a favor de Castillo, contribuyendo a su triunfo en las urnas.

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