EN EEUU: «EL PLENILUNIO» LLEVÓ EL TERROR ECOLÓGICO LAMBAYECANO A UN FESTIVAL INTERNACIONAL EN ORLANDO

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Esta vez, una producción nacida en Lambayeque ha conseguido abrirse paso en el circuito internacional de festivales.

El cortometraje de la productora JPMSamSfilms fue seleccionado entre cerca de 200 trabajos para competir en la quinta edición del Saria Film Festival, en Florida, que se llevó a cabo en julio de este año. La película, dirigida por Mario Miguel Samamé Saavedra, combina animación, terror y tradición oral para abordar la violencia, la explotación de los recursos naturales y las consecuencias de una humanidad que parece condenada a repetir sus propios errores.

El cine independiente producido desde las regiones peruanas continúa encontrando espacios para proyectarse más allá de las fronteras nacionales. Esta vez, una producción nacida en Lambayeque ha conseguido abrirse paso en el circuito internacional de festivales. Se trata de «El plenilunio: El terror que acecha», cortometraje producido por la casa audiovisual JPMSamSfilms, que forma parte de la Selección Oficial de la quinta edición del Saria Film Festival, realizado en Orlando, Florida, Estados Unidos, cuya ceremonia principal se llevó a cabo el 12 de julio de 2026.

La película fue seleccionada en la categoría de Cortometraje de Animación, después de una convocatoria que reunió alrededor de 197 trabajos procedentes de diferentes países. De ese conjunto, únicamente 77 fueron incorporados a la selección oficial tras la evaluación del panel de jueces. Para una producción independiente realizada fuera de los principales centros de producción cinematográfica del país, el ingreso a esta competencia representa no solo un reconocimiento a su propuesta artística, sino también una oportunidad de ampliar su circulación internacional.

Dirigido y producido por Mario Miguel Samamé Saavedra, con guion del escritor e investigador José Antonio Samamé Saavedra, «El plenilunio» se inscribe en una vertiente que sus realizadores denominan «eco terror»: una narrativa que emplea los códigos del miedo, lo sobrenatural y el monstruo para abordar conflictos relacionados con el deterioro ambiental, la violencia social y la memoria histórica.

El reconocimiento obtenido en Orlando se suma a una trayectoria que el cortometraje ha venido construyendo durante 2026. En marzo, «El plenilunio» recibió el premio a Mejor Cortometraje en Redes en el Festival y Concurso de Cortometrajes Leyendas Peruanas, organizado por el colectivo Cine Miedo Perú en Arequipa, donde la obra fue proyectada el 7 de marzo.

La película también fue seleccionada en la categoría de Cortometraje de Animación Nacional del Festival de Cine Incontrastable, IV edición, además de participar en otros certámenes internacionales, de acuerdo con información proporcionada por su director.

Esta circulación evidencia una de las posibilidades que ofrece actualmente el ecosistema digital para las producciones independientes. Una película realizada con recursos limitados en una región peruana puede acceder a convocatorias y públicos internacionales sin depender necesariamente de las grandes distribuidoras o de los circuitos comerciales tradicionales.

El Saria Film Festival, fundado en Orlando en 2019, se presenta como un festival internacional dedicado al cine independiente y a la promoción, exhibición y premiación de cortometrajes nacionales e internacionales. Su programación combina actividades presenciales y proyecciones digitales a lo largo de tres eventos anuales, cuyos trabajos destacados llegan a una ceremonia final.

El certamen trabaja junto con International Film Operations (IFO) y contempla reconocimientos como el trofeo GEMMA, además de certificados, diplomas, laureles, incentivos económicos y otros beneficios para los realizadores. La organización también busca generar espacios de contacto entre cineastas emergentes y profesionales de mayor trayectoria mediante podcasts, foros y conversaciones vinculadas con la industria audiovisual.

Durante esta quinta edición, las películas seleccionadas fueron exhibidas mediante episodios semanales antes de la ceremonia virtual de premiación. En este proceso, la respuesta del público adquiere también importancia, pues las visualizaciones y la difusión de las obras forman parte de la dinámica de evaluación y promoción establecida por el festival.

La historia de «El plenilunio» está estrechamente relacionada con el proceso de formación autodidacta de su director. Mario Miguel Samamé Saavedra comenzó a experimentar con el lenguaje audiovisual durante la pandemia, grabando sus primeros cortometrajes con un teléfono celular y editándolos en una computadora portátil.

Aquellos ejercicios iniciales le permitieron explorar la relación entre imagen, sonido, montaje y narración, hasta desembocar en una propuesta más ambiciosa como la que presenta ahora en el circuito festivalero internacional.

El realizador también observa con interés el impacto de las nuevas tecnologías en la creación cinematográfica. Considera que la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta útil para determinadas etapas de la producción, particularmente en la postproducción, la edición y los efectos visuales. Sin embargo, sostiene que estas herramientas deben funcionar como complemento y no como sustituto de la creatividad.

«El cine sigue dependiendo de la mirada humana, de la sensibilidad del director y de la experiencia de quienes cuentan la historia», ha señalado. La afirmación adquiere especial relevancia en una producción cuyo principal interés no parece estar únicamente en reproducir las convenciones del género, sino en utilizarlas para formular preguntas sobre el presente.

El recorrido internacional de «El plenilunio» coloca nuevamente sobre la mesa una realidad que durante los últimos años ha cobrado mayor visibilidad: la producción audiovisual de las regiones peruanas puede generar propuestas capaces de dialogar con públicos internacionales desde sus propios territorios y preocupaciones.

En el caso de JPMSamSfilms, la experiencia parece apuntar hacia una línea autoral en la que el terror funciona como una herramienta de reflexión. Sus próximos proyectos buscarían abordar asuntos como la deforestación de la Amazonía, la migración de especies silvestres, el tráfico ilegal de fauna y la explotación indiscriminada de los recursos naturales.

Así, el monstruo de «El plenilunio» podría ser apenas el comienzo de una exploración más amplia. Frente a un mundo marcado por crisis ambientales, conflictos sociales y transformaciones tecnológicas aceleradas, el género fantástico encuentra un territorio fértil para hablar de aquello que muchas veces la realidad cotidiana vuelve invisible.

Desde Lambayeque, un equipo independiente ha llevado a Orlando una historia de licántropos, bosques y maldiciones. Pero detrás de esa apariencia fantástica se encuentra una preocupación profundamente contemporánea: qué ocurre cuando una sociedad no aprende de su pasado y continúa convirtiendo la destrucción en una forma de progreso. En ese sentido, «El plenilunio: El terror que acecha» no solo busca provocar miedo. Su apuesta consiste en que, después del miedo, quede también una pregunta.

La historia se construye alrededor de una criatura maldita que atraviesa tres siglos y cambia de identidad para sobrevivir entre los seres humanos. La narración comienza en el siglo XVIII, cuando el licántropo abandona Europa y emprende un viaje hacia América. Décadas después, en 1948, la historia se desplaza hasta los bosques de Oregón, donde un anciano escucha por la radio las noticias sobre una bestia que aterroriza la región mientras cuenta historias infantiles a su nieta.

El relato llega finalmente al Perú contemporáneo, en 2025. Allí aparece Fermín, un repartidor de pizzas cuya rutina cambia cuando conoce al señor Javier, un hombre aparentemente corriente que terminará revelando su verdadera identidad: es la misma criatura que ha sobrevivido durante siglos.

La estructura temporal permite que el monstruo deje de ser únicamente una figura asociada al terror fantástico. En la propuesta de los realizadores, se convierte en una representación de aquello que permanece y se transforma con el paso del tiempo. La idea puede resumirse en una premisa planteada por el director: «el mal no muere, solo se transforma».

Desde esa perspectiva, el licántropo funciona como una metáfora de la violencia heredada, la destrucción de los ecosistemas y la explotación indiscriminada de los recursos naturales. El terror, por tanto, no procede únicamente de la aparición de una criatura sobrenatural, sino de una realidad reconocible: la persistencia de prácticas humanas que, generación tras generación, ponen en riesgo el equilibrio ambiental y social.

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