Por Luis Penas Mundaca

 

La reciente publicación de El infierno que buscamos (Editorial Zafiro, 2025), escrita por Luis Penas Mundaca, es un intento interesante de novelar una historia de acción y suspenso en un escenario poco explorado por la ficción policial peruana: el Lambayeque contemporáneo, atravesado por la violencia del crimen organizado. Con una estructura breve —tres partes y un epílogo—, la novela propone una aventura vertiginosa, marcada por traiciones, pasiones peligrosas y el enfrentamiento entre la literatura y el plomo.

Aunque el buen Luis Penas Mundaca no podrá llegar a la Feria Internacional del Libro de Lima (FIL) este año, me encargó que leyera esta su última novela y le hiciera un comentario con total sinceridad. Y aquí está lo prometido. El libro lo pueden adquirir en los stands de Editorial Zafiro y Editorial Quimérica, Nro. 152, en el recinto ferial.

El protagonista es Manu, un escritor lambayecano que decide narrar y desafiar la historia delictiva de Colija, líder de la temida banda criminal Los Carroñeros del Norte, cuyo nombre sugiere no solo brutalidad, sino una forma de depredación social sin límites. Colija no actúa solo: lo acompañan personajes oscuros como Veneno, que encarnan el rostro más siniestro del crimen organizado en la región. En ese mundo de violencia estructurada, Manu irrumpe no como héroe tradicional, sino como un testigo involucrado —y peligrosamente cercano— al centro del conflicto.

Uno de los aspectos más singulares de la novela es la compleja relación entre Manu y Silire, pareja de Colija y madre de sus hijos. Silire representa un punto de quiebre en la narrativa: no solo es el vínculo emocional que conecta al escritor con el universo delictivo que pretende denunciar, sino también un símbolo de contradicción y fragilidad dentro del mundo masculino y violento que domina la novela. La historia de amor entre Manu y Silire introduce un componente melodramático que añade tensión, pero que también —en algunos pasajes— cae en recursos poco originales o incluso predecibles.

La novela está dividida en tres partes. Las secciones primera y tercera desarrollan el presente narrativo, donde Manu está pedido a muerte por Colija, ya que aquel se le rebeló tanto con sus actos, incluso involucrándose en cuestiones muy personales, como una relación especial con su mujer. El arranque de la novela, en ese sentido, es potente. En la segunda parte, en cambio, se retrocede en el tiempo para mostrar el origen de la relación entre Silire y Colija, el proceso de sometimiento y desencanto de la mujer, y su eventual acercamiento al escritor. Esta segunda parte, aunque rica en elementos emocionales, se ve afectada por ciertos excesos melodramáticos y por una tendencia al subrayado moralizante, a través de la inmoralidad, algo que devela la complejidad psicológica de los personajes.

Uno de los puntos fuertes de El infierno que buscamos es su capacidad para sostener el suspenso. Luis Penas consigue mantener la tensión a lo largo de la novela, con escenas de persecución, confrontaciones violentas y diálogos cargados de tensión. Hay un esfuerzo por construir un universo creíble dentro de los códigos de la novela negra, con elementos que remiten al thriller urbano, a la narrativa pulp y al cine de acción latinoamericano. En ese sentido, el libro es entretenido y, por momentos, incluso divertido gracias a los intercambios sarcásticos y a las situaciones absurdas que a veces rozan lo paródico.

Sin embargo, el texto no está exento de debilidades. La principal tiene que ver con su descuido formal. Se advierten algunos errores ortográficos y gramaticales que distraen al lector y que revelan una falta de revisión estilística. La narrativa de Luis Penas Mundaca, aunque funcional para mantener la acción, en ocasiones abusa de clichés propios del género policial: el escritor heroico, la mujer fatal redimida, el criminal despiadado con códigos de honor, el corrupto funcional, entre otros personajes casi arquetípicos.

Aun así, El infierno que buscamos tiene un mérito claro: se atreve a insertar el conflicto criminal regional en la ficción peruana contemporánea, algo que escasamente se ha intentado con esta intensidad. Lambayeque no solo es un telón de fondo, sino un personaje implícito, una geografía cultural y política desde donde emergen los códigos de violencia, lealtad y traición que sostienen la novela. Manu no es simplemente un escritor que narra el crimen: es un sujeto comprometido, atrapado entre la voluntad de contar una historia y el riesgo mortal de hacerlo.

El epílogo, breve pero contundente, cierra el relato con aires fúnebres. No hay justicia idealizada ni catarsis plena. En lugar de eso, queda la sensación de que la verdad, en contextos como el que describe la novela, siempre se escribe con sangre y miedo. Lucho Penas parece sugerir que la búsqueda del infierno —como dice el título— no es un accidente, sino una elección: los personajes se internan en ese mundo porque creen que desde ahí pueden obtener algo de sentido, ya sea amor, venganza o redención.

En suma, El infierno que buscamos no es una novela perfecta, pero es valiente. Sus fallas de forma y estilo no logran opacar del todo su fuerza narrativa ni su capacidad para atrapar al lector. Además, el texto de Luis Penas Mundaca pone sobre la mesa un conflicto urgente y reconoce que la literatura, incluso en sus versiones más populares, puede ser también una forma de resistencia y testimonio. Esta es una pequeña invitación, y solo con su lectura total el lector podrá sacar sus propias conclusiones.

===================

Francois Villanueva Paravicino

Escritor, corrector de estilo, columnista y amante de los libros. Estudió Literatura y cursó la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023), Operación Catástrofe (2024) y Cantera de fuego (2025). Ha sido distinguido en diferentes certámenes literarios, tanto nacionales como internacionales.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí