Por Francois Villanueva Paravicino
Hay episodios de la historia que permanecen durante décadas a la sombra de las grandes victorias. Se conocen sus consecuencias, pero se ignoran sus causas; se celebra el desenlace, pero se olvida el camino que lo hizo posible. Eso ocurre con el combate de Ccollpahuaycco, librado el 3 de diciembre de 1824 en Huamanga, apenas seis días antes de la decisiva Batalla de Ayacucho. Mientras la memoria nacional ha convertido a Quinua en el símbolo definitivo de la independencia sudamericana, Ccollpahuaycco ha permanecido como una pieza secundaria dentro del relato oficial. El libro El combate de Ccollpahuaycco – Huamanga, 3 de diciembre de 1824 (Fondo Editorial UNSCH, 2026), editado por los investigadores Ranulfo Cavero y Wilfredo Kapsoli, propone justamente corregir ese vacío historiográfico.
La obra constituye mucho más que la reedición de un texto antiguo. Se trata de una recuperación documental acompañada de un sólido aparato crítico que devuelve actualidad a un estudio casi olvidado del coronel Manuel Bonilla. Los ensayos introductorios de Cavero y Kapsoli, junto con el texto original anotado, el apéndice documental, los croquis militares y el colofón, convierten esta segunda edición en una investigación integral que dialoga con la historia militar, la memoria regional y la construcción de la identidad nacional.
Uno de los mayores méritos del libro reside en rescatar la figura intelectual del coronel Manuel Bonilla, un autor poco difundido cuya investigación permaneció durante mucho tiempo fuera del alcance de los lectores especializados. Ranulfo Cavero recuerda que fue Wilfredo Kapsoli quien localizó hace poco el estudio y propuso emprender una reedición conjunta, gesto editorial que adquiere un valor patrimonial evidente: rescatar un documento significa también rescatar una forma de comprender el pasado.
Bonilla no escribe desde la comodidad del historiador distante. Su trabajo se nutre tanto de fuentes escritas como de testimonios orales, prestando especial atención a los relatos de quienes participaron de forma directa en la campaña: generales, brigadieres, coroneles y oficiales de ambos ejércitos. Esa combinación entre documentación y memoria convierte su investigación en un valioso ejercicio de reconstrucción.
Cavero, en su estudio, señala además que Bonilla asume una perspectiva muy militar. El autor analiza movimientos tácticos, decisiones estratégicas y comportamientos de mando con el lenguaje propio del Estado Mayor, sin renunciar por ello a una interpretación humana del conflicto. La historia aparece entonces como el resultado de decisiones tomadas bajo presión, donde la moral de las tropas y el carácter de sus comandantes terminan siendo tan importantes como la geografía.
El aporte interpretativo más sugestivo del libro consiste en cuestionar una lectura superficial del combate. Desde un punto de vista inmediato, Ccollpahuaycco fue una derrota patriota. Las pérdidas resultaron desproporcionadas: más de trescientos hombres muertos, además de ganado, armamento y equipajes, frente a unas treinta bajas realistas. Sin embargo, esa lectura cambia cuando se observa la campaña completa.
Tanto Cavero como Kapsoli sostienen que el verdadero objetivo patriota no consistía solo en ganar ese enfrentamiento aislado, sino en asegurar las condiciones estratégicas para la batalla decisiva que vendría después. La División Lara cumplió precisamente esa función: proteger la retirada del grueso del Ejército Libertador mientras permitía que las fuerzas principales alcanzaran primero la Pampa de Quinua. Ese detalle transforma por completo el significado histórico del combate. La derrota táctica terminó convirtiéndose en una victoria estratégica.
Los montoneros morochucos y el Ejército Libertador consiguieron ocupar posiciones privilegiadas antes que los realistas, ventaja que tendría consecuencias decisivas pocos días después en Ayacucho. La historia suele recordar a quienes conquistan la cima, pero rara vez a quienes sostuvieron el puente que permitió llegar hasta ella. Ccollpahuaycco representa ese puente.
Otro de los aciertos del estudio de Cavero consiste en recuperar la figura del guerrillero Marcelino Carreño, personaje cuya participación aparece como constante durante la campaña final de la independencia peruana. Su presencia permite ampliar la mirada tradicional sobre las guerras emancipadoras. La independencia no fue obra exclusiva de grandes generales como Antonio José de Sucre o del virrey La Serna; también dependió del conocimiento territorial, del apoyo de las montoneras y de líderes locales capaces de convertir la geografía andina en un recurso militar.
Uno de los aspectos más interesantes de la investigación es la atención concedida a la topografía. La descripción del terreno no aparece como un simple elemento descriptivo. Montañas, quebradas, pampas y caminos funcionan como verdaderos actores del conflicto. El conocimiento del espacio condicionó cada movimiento de ambos ejércitos.
Los croquis incluidos al final del volumen —que representan lugares como Matará, Ccollpahuaycco y Tambocangallo— enriquecen la lectura porque permiten visualizar las decisiones estratégicas explicadas por Bonilla. En ese sentido, el libro recuerda una verdad fundamental de la historia militar: ningún combate ocurre sobre un escenario neutro. El territorio también combate.
El ensayo de Wilfredo Kapsoli aporta una dimensión complementaria reveladora. El historiador recuerda que el ejército realista llegó exhausto a la campaña final. No había comido desde el 30 de noviembre y había recorrido largas distancias en condiciones precarias. Esa información permite comprender mejor el contexto psicológico y material del enfrentamiento. Kapsoli define el texto de Bonilla como una obra “reconstructiva, rectificatoria y esclarecedora”. La expresión resulta precisa porque el libro no pretende reemplazar la historia conocida de Ayacucho, sino completar sus vacíos.
Incluso cuando los realistas consideraron Ccollpahuaycco como un triunfo inmediato, el desgaste acumulado comenzaba ya a erosionar su capacidad ofensiva. Bonilla sostiene además que la moral del ejército español terminó quebrándose por la actitud del virrey La Serna, mientras reconoce en Antonio José de Sucre al verdadero conductor del triunfo patriota.
Quizá algo resaltante es el valor documental del volumen que reside en su extenso apéndice. Allí se reúnen los testimonios de protagonistas de ambos bandos: Gerónimo Valdés, García Camba, Valentín Ferraz, Ramón Gómez de Bedoya, Antonio Tur, Miguel de Atero, Bernardo Escudero y José Sepúlveda por parte realista; Antonio José de Sucre, Guillermo Miller, Jacinto Lara, Trinidad Morán, Manuel Antonio López y Valentín Ledesma por parte patriota. La convivencia de voces enfrentadas enriquece la investigación. El lector no recibe una versión única de los hechos, sino un conjunto de perspectivas que dialogan, discrepan y, en ocasiones, se contradicen. Esa pluralidad fortalece el rigor historiográfico del libro.
Más allá de su dimensión académica, El combate de Ccollpahuaycco posee un significado en especial regional. Durante mucho tiempo, Ayacucho ha sido recordado casi exclusivamente por la batalla del 9 de diciembre de 1824. Esta investigación amplía ese horizonte y demuestra que la región fue escenario de una secuencia compleja de acontecimientos cuya comprensión exige mirar más allá del episodio final.
El colofón insiste, además, en la importancia de Apurímac —especialmente Andahuaylas— como espacio decisivo dentro de la campaña libertadora. Esa reivindicación territorial devuelve protagonismo a comunidades cuya participación había quedado relegada en la narrativa nacional.
La mayor virtud del volumen editado por Ranulfo Cavero y Wilfredo Kapsoli consiste en demostrar que la historia todavía puede sorprender cuando se vuelve sobre los documentos olvidados. La reedición del estudio de Manuel Bonilla no solo recupera un texto valioso; también modifica la manera de entender el desenlace de la independencia peruana. Ccollpahuaycco deja de ser un episodio marginal para convertirse en una pieza indispensable dentro del rompecabezas que culminó en la Pampa de Quinua.
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Francois Villanueva Paravicino
Escritor, corrector de estilo, columnista y amante de los libros. Estudió Literatura y cursó la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023), Operación Catástrofe (2024), Cantera de fuego (2025) y Fábulas de amor y libros (2025). Ha sido distinguido en diferentes certámenes literarios, tanto nacionales como internacionales.


