Algunas veces el hilo de nuestra vida se nos enreda de tal manera que pareciera ser imposible vislumbrar el final de tal embrollo. Pensamos en las infinitas formas posibles para desenrrollarlo; regresamos al punto inicial del problema y pensamos -¿Qué nos pasó?¿Cómo llegamos hasta acá?- mientras intentamos descubrir qué debemos hacer. Entonces comienzan a aparecer interrogantes que en otro momento serían una absoluta tontería ¿Es una tontería reflexionar sobre nuestro paso por el mundo? ¿Quién se pregunta por la razón de su existencia?

Una maraña crece en la mente de vez en cuando. Algunos la ahogan en litros de alcohol, o la intentan ocultar en dosis de drogas, en las calorías de la comida y lo más común, la evaden con las relaciones interpersonales: «Es que mi mamá no colabora/…/ Mi esposo es un inútil/…/ No tengo amigos en quienes pueda confiar/…/ Mis hijos no me respetan y mi vida… Mi vida es mi familia». También el trabajo puede ser un distractor estas cuestiones: «Mi jefa es un dolor de cabeza/…/ Estoy muy agotada/…/ No me queda tiempo para nada». Y allí nos quedamos, enmarañados, inmersos en este enjambre de pensamientos que desvirtúan la pregunta original «¿Ser o no ser?».

De este modo, el problema sobre la vida se nos presenta como una pregunta práctica más que teórica. En este sentido, aunque la ausencia de respuestas aturdan los espíritus, el cuerpo debe seguir moviéndose. También es posible que la cosa no gire en torno a las respuestas sino más bien, en relación a las preguntas y que sea el mismo tiempo quien nos dé la contestación ¿Cuándo alcanzará el Hombre la sabiduría sobre su sendero, cuándo podría identificar el sentido de su vida?

Los caminos son diversos, cada decisión también es la negación de otras opciones. Un camino elegido es lo mismo que otros descartados. Así, lo que hacemos hoy repercute en lo que resulta mañana. Existir también es decidir con qué cosas nos quedamos, con qué verdades, con qué mentiras y con qué ojos miramos la vida. Así, el hilo enredado puede convertirse en una posibilidad para deshacernos de él, comenzar otros proyectos o simplemente (y para infortunio de muchos) mantenernos entretenidos en solucionar lo imposible. Luego, se me viene una frase que hace algunos años escuché: «No decidir también es una decisión», así que lo invito a preguntarse ¿Vive sin cuestionarse lo suficiente o se pregunta constantemente por su existencia? ¿Estos pensamientos le impiden desarrollar su ser, como ser humano o por el contrario, lo impulsan a vivir con toda plenitud?

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