Conocí el nombre de la poeta italiana Alda Merini gracias a un círculo de lectura que tengo con amigos de diferentes partes del país y del mundo. Todos los domingos leemos y debatimos poemarios de escritores de diversas lenguas, ya sea por su trascendencia literaria o para compararlos y determinar quién es mejor, como en las dionisias urbanas de la Antigua Grecia, donde competían los mejores dramaturgos de su época.
Antes de saber sobre su vida, sus poemas me llamaron mucho la atención, mucho más que la poesía de otras autoras contemporáneas suyas (Grazia Deledda y Antonia Pozzi). Casi de inmediato supe que estaba ante una poeta interesante, una escritora que podía ofrecer mucho. Y es que el paquete completo venía con su mito, con su aura de creadora que sufrió el manicomio y la censura de su época.
Es cierto que su poesía completa está muy poco difundida en español. Solo he encontrado ciertas traducciones de algunos poemas sueltos en algunas páginas de poesía de internet y apenas completas algunas de sus novelas, que escribió sobre su locura y su vida. He ahí una tarea pendiente para los editores en español: difundir una obra que ha recibido elogios de escritores, periodistas y críticos literarios.
Es tanta la importancia de su obra que se codeó con los premios Nobel de literatura Salvatore Quasimodo y Eugenio Montale, y todos los escritores italianos de su tiempo supieron de ella. La admiraron tanto que hasta otro premio Nobel de literatura, Darío Fo, la propuso para que ganara la corona sueca, pero lamentablemente no lo logró porque, como diría Jorge Luis Borges, los astros no fueron propicios.
Desde la flor de su juventud, Alda Giuseppina Angela Merini fue atacada por la locura y fue encerrada en manicomios para recibir el tratamiento insalubre de entonces (como los electrochoques, ya que los medicamentos todavía no existían). Se dice que sobrevivió a más de veinte años de aquellos suplicios en esos encierros brutales. También conoció el amor por partida doble, es decir, gozó de un par de matrimonios. Como debía esperarse de ella, era extravagante, extrovertida, medio rara.
Nació el 21 de marzo de 1931 (un Día de la Poesía) y, lamentablemente, los últimos años de su vida sufrió la pobreza, casi lo perdió todo, pero la comunidad intelectual la ayudó en esos momentos difíciles. Falleció hace poco menos de quince años (en 2009), y estos recién se cumplen el 1 de noviembre de este 2024. Han calificado su poesía como cantos a la locura, donde, como los grandes poetas, sus composiciones líricas dialogan con la tradición canónica occidental.
En el poema “La Tierra Santa”, la poeta canta explícitamente a la locura: “Conocí Jericó,/ yo también tuve mi Palestina,/ los muros del manicomio/ eran los muros de Jericó/ y una poza de agua infesta/ nos bautizó a todos./ Allí dentro éramos judíos/ y los Fariseos estaban en lo alto/ y estaba también el Mesías/ confundido con la muchedumbre:/ un loco que gritaba al Cielo/ todo su amor a Dios”.
Y el poema continúa así en otras estrofas: “Nosotros todos, manada de ascetas,/ éramos como los pájaros/ y cada tanto una red/ oscura nos aprisionaba/ pero nos dirigíamos hacia la cosecha,/ la cosecha de nuestro Señor/ y Cristo el Salvador.// Fuimos lavados y sepultados,/ olíamos a incienso./ Y después, cuando amábamos/ nos daban los electrochoques/ porque, decían, un loco/ no puede amar a nadie.// Pero un día desde la tumba/ también yo desperté/ y también como Jesús/ tuve mi resurrección,/ mas no ascendí a los cielos,/ bajé al infierno/ desde donde atónita miro de nuevo// los muros de la antigua Jericó”.
Otro de sus poemas que le canta a la locura es “Los más bellos poemas”, que reza así: “Los más bellos poemas/ se escriben sobre las piedras/ con las rodillas llagadas/ y las mentes aguzadas por el misterio./ Los más bellos poemas se escriben/ ante un altar vacío,/ asediados por emisarios/ de la divina locura./ Así, loco criminal cual eres,/ das tus versos a la humanidad,/ los versos de la revuelta/ y de las bíblicas profecías/ y te sientes hermano de Jonás./ Pero a la Tierra Prometida/ donde germinan manzanas de oro/ y el árbol del conocimiento/ Dios nunca descendió ni tampoco te maldijo./ Mas tú sí maldices/ hora tras hora tu canto/ porque desciendes al limbo/ donde aspiras el ajenjo/ de una sobrevivencia negada”.
Según los que estudiaron su poesía, a menudo esta contiene elementos de espiritualidad y misticismo, reflejando su búsqueda de significado y su relación con lo divino. La obra de Merini está impregnada de una gran intensidad emocional, que va desde el amor apasionado hasta el sufrimiento más profundo. Su poesía es visceral y directa, con un fuerte componente lírico que expresa sus sentimientos de manera cruda y honesta. También se ha destacado su poesía por sus aforismos, que condensan en pocas palabras reflexiones profundas sobre la vida, el amor, la muerte y la existencia. Y utiliza un lenguaje rico y lleno de metáforas. Tiene una capacidad para transformar experiencias personales en imágenes poéticas poderosas.
Otros artistas han alabado la obra de Merini, como Roberto Vecchioni, el famoso cantautor y escritor italiano, que expresó su admiración por ella diciendo: “Alda es una de esas raras voces que logran tocar la esencia misma del ser humano, su poesía es un testimonio profundo y desgarrador de la condición humana”. También María Corti, la crítica literaria y filóloga italiana, comentó: “La poesía de Alda Merini es un torrente de emociones que nos sumerge en un mundo donde el dolor y la belleza se entrelazan de manera inseparable”. O Giovanni Raboni, el poeta y crítico literario italiano, en sus escritos, mencionó: “La poesía de Merini es una manifestación pura de la experiencia humana, un canto que surge desde lo más profundo de su alma para convertirse en universal”.
Milo de Angelis, poeta italiano, describió la obra de Merini como: “Un viaje a través de la locura y la lucidez, un recorrido poético que desafía y reconcilia los opuestos en una danza de palabras cargadas de significado y emoción”. O Giuseppe Pontiggia, el escritor y crítico italiano, dijo: “Leer a Alda Merini es adentrarse en un universo poético donde la intensidad de las palabras revela la verdad desnuda de la existencia, una verdad que a menudo se oculta bajo la superficie de la cotidianidad”. Por ello, esta poeta es muy recomendada.
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Francois Villanueva Paravicino
Escritor. Estudió Literatura y la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023). Finalista en Poesía del Concurso Nacional de Cuento y Poesía “Huauco de Oro” (2024). Mención de honor del Premio Nacional de Relato Corto (2023) “Feria de Libro de Amazonas”. Mención especial del Primer Concurso de Poesía (2022) y de Relato (2021) “Las cenizas de Welles” de España. Ganador del Concurso de Relato y Poesía Para Autopublicar (2020) de Colombia. Ganador del I Concurso de Cuento del Grupo Editorial Caja Negra (2019). Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007) de España.


