Carlos Iván Landa Kerschbaumer
Hace algunos años, cuando éramos aún estudiantes, los maestros de la escuela nos instruían sobre los poderes del Estado, en la asignatura de educación cívica, a la que accedíamos como curso pedagógico, se diseñaba a la estructura del Estado, con el Ejecutivo como el primer poder, el Legislativo como el segundo poder, el Judicial como tercer poder y el Electoral como cuarto poder.
En la práctica, la clasificación política cambió, ya no es más el Ejecutivo el primer poder del Estado, cedió su lugar al Legislativo, lo que se demuestra por la sujeción de los gobiernos de turno al Congreso, encargado de dar las leyes que requiere el país, fiscalizar e incluso de investigar, en la actualidad la autógrafa congresal tiene mayor peso que la refrendada por el gobierno nacional.
Esto queda demostrado, cada vez que el parlamento aprueba algún dictamen, que tiene carácter de proyecto ley, y luego es aprobado por el pleno de ese poder del Estado, antes de publicarse en el órgano oficial tras consignarse la autógrafa correspondiente, para lo cual el Ejecutivo tiene el derecho de observarla, pero son muchos los casos que este requisito es obviado por el Congreso.
Contra esto, el Ejecutivo tiene las armas para hacer suyas las disposiciones oficiales de su competencias como decretos de urgencia, resoluciones supremas, declaratorias de emergencia, y otros de compartida decisión con el poder legislativo, al que deberá darse cuenta, entre estas las delegaciones legislativas, ley del presupuesto y otras, que requieren ser analizadas y/o aprobadas.
El Ejecutivo, por ejemplo, es autónomo para anunciar procesos electorales, es el único poder en hacerlo, también tiene prioridad respecto a que los proyectos leyes que emita sean considerados por el Congreso de la República en primer lugar, como el caso de adelanto de elecciones, su poder incluye, la jefatura de las fuerzas armadas y policiales por ende alcanza a la política internacional.
Cada gobierno que se instale en el país, sabe que tiene en sus manos la suerte de los peruanos, en cuanto a proveerlos de salud, trabajo, educación, alimentación y otros, también actúa como órgano regulador de temas como agua, energía eléctrica, medio ambiente, ejerce dominio sobre el subsuelo de los proyectos mineros, actúa como preservador de mares y ríos durante emergencias.
El tercer poder del Estado sigue siendo el judicial por su importancia en interpretar la ley y administrar la justicia a través de las sentencias, hace algunos años, los jueces eran quienes participaban de las investigaciones y accidentes, en muchos casos se les observaba ordenando el levantamiento de cadáveres, esto ya no hacen, pues ello ha sido orientado al Ministerio Público.
Considerada intrínsecamente entre los poderes del estado, la Fiscalía de la Nación, participa como el ente máximo en relación a la persecución del delito, pues conduce la investigación, que en algún momento realizó la policía de investigaciones, antes de su integración a una sola policía nacional, su aporte es valiosísimo para desentrañar a las bandas de asesinos y sicarios que existen en el país.
Finalmente el cuarto poder es asignado a la prensa, ya no más, descansa en el órgano electoral, el periodismo nacional ocupa hoy esa distinción por su capacidad de investigación, los medios de comunicación aportan muchas veces pruebas irrefutables en base al trabajo de sus unidades de investigación y sus contenidos como videos y audios que utilizan en la investigación periodística.
Merced a su constante labor, el periodismo nacional de investigación, ha logrado detectar hechos bochornosos en la generación de delitos, como los casos de corrupción que vienen siendo investigados que afecta a otros poderes del Estado como el Ejecutivo y el Congreso por efectos de ilícitos en sectores vivienda, transporte y realizados por el congreso contra sus propios servidores.


