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VIRIÓN DE JOSÉ DELLEPIANE

Conocí al escritor José Dellepiane en una de las tantas ferias del libro que se realizan en Lima, allá por el 2019. Si la memoria no me traiciona, fue en la feria de San Borja, un espacio donde suelen confluir autores, lectores curiosos y libros que todavía no saben el destino que les espera. En aquel encuentro breve, casi casual, Dellepiane me entregó su libro Enjambre sutil (2009), un volumen de relatos que incluía un texto finalista del Premio Internacional Juan Rulfo, certamen que, por entonces, contaba con un jurado de peso, integrado por reconocidos escritores y críticos literarios. Entre ellos destacaba el ya fallecido Efraín Kristal, académico notable y catedrático de literatura cuya autoridad intelectual daba cuenta de la exigencia y el rigor de dicho concurso.

Ese primer libro de relatos me impresionó de inmediato por su prosa densa y reflexiva, cautivante sin estridencias, profundamente intelectual sin caer en la pedantería. Había en esos textos una conciencia clara del lenguaje, una voluntad estética sostenida y una mirada crítica sobre la realidad que invitaba a la relectura. No era difícil advertir, además, la huella de sus modelos literarios: Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Hermann Hesse, Julio Cortázar, Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez, William Shakespeare, Franz Kafka, entre otros. Esa constelación de influencias no aparecía como un mero desfile de nombres ilustres, sino como un sedimento cultural bien asimilado, que convertía al autor —desde su condición de lector— en una suerte de guía cultural para quienes se internaban en su obra.

El libro que ahora nos concierne, Virión (Edición de Autor, 2025), se presenta como una obra singular dentro de su producción. Se trata de un texto que puede leerse como un canto solemne —aunque también inquietante— a ese organismo diminuto y ambiguo, situado en una frontera incierta entre lo vivo y lo inerte: el virus. Como el propio autor me recordó en una de nuestras conversaciones, el término “virión” alude a la forma extracelular completa e infecciosa de un virus, es decir, a la unidad mínima que conserva intacta su capacidad de contagio. Esta precisión científica no es un mero dato accesorio, sino una clave simbólica que atraviesa toda la obra.

Virión dialoga inevitablemente con la pandemia mundial que se extendió entre los años 2020 y 2022, periodo en el que el virus —todavía fuera de control— provocó alrededor de siete millones de muertes a escala global. Sin embargo, la novela corta no se limita a reconstruir los hechos desde una perspectiva histórica o testimonial; lo que le interesa al autor es indagar en las consecuencias humanas, éticas y simbólicas de aquella catástrofe, así como en la forma en que el miedo, la obsesión y el conocimiento científico se entrelazan en la conciencia del individuo contemporáneo.

La obra comienza cuando el protagonista principal —posible alter ego del autor— le cuenta a un amigo acerca de sus más recientes investigaciones sobre el virión. Son tiempos de covid-19, y aunque el encuentro había sido pensado como una conversación literaria, libresca, incluso distendida, el narrador no puede sustraerse a la fijación que ha desarrollado por todo lo que ha venido descubriendo sobre el agente causante de la peste que azotó al mundo. Esa obsesión, que se filtra en cada diálogo y en cada digresión, termina por desplazar cualquier otro tema posible.

La intensidad de esa fijación es tal que el narrador-personaje confiesa haber retomado el oficio de periodista con el objetivo de obtener una credencial que le permitiera realizar crónicas y notas sobre la pandemia. En ese ejercicio, trabajando para el señor Igartua, escribe sobre la fiebre de las fiestas clandestinas, el sistema de salud colapsado, la precariedad estructural de los hospitales y los síntomas más graves —y persistentes— de la corrupción institucional. Estas páginas, sin abandonar el tono literario, adquieren una fuerza casi documental, y funcionan como un archivo emocional de aquellos meses de incertidumbre y desgaste colectivo.

Entre las anécdotas más conmovedoras que recoge el narrador se encuentra la muerte de San José, un vecino que administraba un pequeño espacio dedicado al juego del ajedrez y que, además, gozaba de cierta fama de donjuán entre sus conocidos. Su fallecimiento no es narrado como una cifra más dentro de la estadística mortuoria, sino como la desaparición concreta de una vida singular, con sus manías, sus pasiones y su lugar en la memoria barrial. Junto a este episodio, aparecen pasajes de una crudeza notable, como el de un hombre tuerto, gravemente enfermo, que clama ayuda en un intento desesperado por salvarse. Son escenas que incomodan, pero que también devuelven al lector la dimensión trágica de lo vivido.

Como el propio autor ha señalado, Virión puede entenderse más como un cuento largo que como una novela corta. Y, en efecto, la estructura del texto responde más a la lógica de la concentración narrativa que a la expansión novelesca. El narrador-protagonista, a quien se infiere como escritor, puebla el relato de referencias al mundo cultiletrado: libros, autores, teorías, lecturas que dialogan entre sí y que revelan una conciencia literaria muy marcada. Estas menciones, lejos de ser ornamentales, funcionan como un entramado intertextual que refuerza la dimensión reflexiva del texto.

No obstante, como también le he manifestado al autor en conversaciones privadas, considero necesario advertir sobre ciertos descuidos ortográficos y estilísticos que aparecen en el libro. En una segunda lectura —ejercicio al que sus obras casi obligan— estos deslices se hacen más evidentes y merecen una revisión cuidadosa. Se trata de aspectos perfectamente corregibles, pero que no deberían pasarse por alto en un texto que aspira a una prosa elegante y rigurosa.

Dicho esto, es importante aclarar que tales errores no entorpecen la lectura ni restan valor al conjunto. Virión se lee de una sentada, ya sea por la tensión que sostiene el relato, por la fluidez de su técnica narrativa o por la pertinencia de los temas abordados. El libro mantiene un ritmo constante y una fuerza expresiva eficaz, capaz de atrapar al lector sin recurrir a artificios innecesarios.

En suma, Virión es una obra que dialoga con uno de los episodios más traumáticos de nuestra historia reciente desde una perspectiva literaria inteligente y comprometida. Un texto que invita a reflexionar sobre la fragilidad humana, el conocimiento científico y la memoria colectiva. Por todo ello, resulta una lectura altamente recomendable.

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor, corrector de estilo, columnista y amante de los libros. Estudió Literatura y cursó la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023), Operación Catástrofe (2024), Cantera de fuego (2025) y Fábulas de amor y libros (2025). Ha sido distinguido en diferentes certámenes literarios, tanto nacionales como internacionales.

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