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VIENEN HORAS DIFÍCILES

El actual proceso electoral, que como bien sabemos, se encuentra en un proceso administrativo, no es qué antes no lo fuera así, pues sabemos que siempre se realiza el conteo de votos, las actas observadas e impugnaciones, empero se espera la oficialización de los resultados, pero cada vez que estos son estrechos como en 2016, la calle empieza a sonar y el descontento crean conflictos.

En tanto, lo distinto al citado proceso electoral, es que el presente del 2021, está teñido por la ideología, la misma, sigue separando a los peruanos, con eso no estamos descubriendo la pólvora; nuestra historia ha sido conmovedora, y los que fuimos testigos de esas épocas lo sabemos bien; aunque digan que la lucha de pobres contra ricos ya no existe, hoy se reedita con el resentimiento.

En un Perú de “todas las sangres”, donde todos tenemos de “inga” y de “mandinga”, se persiste en el enfrentamiento visceral entre personas del mismo territorio, con acciones que sucedieron hace cuarenta años, el Perú ha vivido manchado de sangre por muchos años porque el contexto de las revoluciones se encuentran en el campo de batalla, etiquetando a los pacifistas como traidores.

La hoz y el martillo eran los símbolos de la revolución rusa, alzada contra el imperio del Kremlin, el marxismo-leninismo tuvo la tarea destruir a los poderosos, con los mismos argumentos que hoy exhibe la izquierda radical y que aspira en poner en práctica cuanto se instale un nuevo gobierno, y precisamente la economía es una gran tarea pendiente para controlar los medios de producción.

Tras la caída del Muro de Berlín, Alemania volvió a amistarse luego que estaba por mucho tiempo partida en dos, como puede ocurrir en nuestro país, pues existe una versión que puedan constituirse estados como en México, Venezuela, Brasil, pero para ello se requiere cambiar la constitución, que solo permite la creación de las regiones, que en verdad solo son departamentos.

En Apurímac incluso, hubo la idea de partirse. Andahuaylas, una provincia productiva, intentó separase, porque debería ser la capital de la región, pero no lo logró porque se cambiaron los decisiones de los parlamentarios, antes de consumar el objetivo, es decir se dio marcha atrás, es decir, siempre existió el debate territorial y el económico en la mirada de nuestros antecesores.

Esto y mucho más puede enmendarse con una nueva constitución, pues la pretensión de división siempre ha estado en la agenda política de las organizaciones de izquierda, una de las propuestas es trasladar a las instituciones del Estado al interior de la república, y no sabemos que más situaciones pueden realizarse, la verdad que el país está en ascuas por tantos discursos extraños.

En tanto, no se produzca el cambio de gobierno, los actores políticos seguirán enfrentados, porque el proceso electoral ha sido írrito, hoy lo más importante no son los resultados del proceso, sino la legitimidad del nuevo gobierno que estaría en entredicho, sino se logran procesar las denuncias en su totalidad, aquí los temas reglamentarios tienen que ir de la mano con la honestidad del JNE.

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