Afirma escritor peruano brasilero
Gonzalo Dávila Bolliger, el poeta y narrador que vive entre Perú y Brasil, nos ofrece detalles de su vida ligada a las letras.
- Gonzalo, te mudaste a Brasil desde muy joven, ¿qué literatura brasilera, peruana o mundial te influyeron en tu formación temprana?
Muchas. Tanto de poesía, como prosa o incluso teatro. Me gusta leer de todas las épocas y lugares. Formación temprana: T.S Eliot, Don Quijote, Sylvia Plath, Oblómov de Iván Goncharov, Roberto Piva y su libro Paranoia, Poe, Cesar Vallejo, Neruda (sus 20 poemas de amor y una canción desesperada), Ernesto Sábato, Borges, Altazor, Murakami, Tolstoi, Poemas tardíos de Meng Jiao, romanticismo inglés (“Kubla Khan” de Coleridge, “Darkness” de Byron, William Blake), Ave Soul de Jorge Pimentel, Rumi, Rojo y Negro de Stendhal, Pedro Kilkerry, João da Cruz e Sousa, Sousa Andrade, Julio Ramón Ribeyro, La Cándida Eréndira y su abuela desalmada de Gabriel García Márquez, En los extramuros del mundo de Verástegui, Las flores del mal de Charles Baudelaire, Roberto Arlt, Howl de Allen Ginsberg, Bukowski, La canción de no-se (uno de los Upanishads), Murakami, Horacio Quiroga, Augusto dos Anjos, algo de Carlos Drummond, un libro-revista de poesía que encontré en el estante de mi papá (y que lo tengo aún, por supuesto), la Odisea, Las iluminaciones de Rimbaud, etc.
- Estudiaste Letras en Brasil, ¿qué recuerdas de aquellos años universitarios?
La universidad fue muy importante para ampliar mi conocimiento del mundo y mejorar mi sociabilidad. Me ayudó mucho en ese sentido, especialmente en la prosa, es decir, siempre tener algo que contar. Fue una época de grandes diálogos, fiestas, etc. En cuanto a las clases en sí, había buenas y malas, pero no creo que estudiar Letras sea el camino para volverse escritor. Grandes músicos, cineastas o escritores, en su mayoría, no estudiaron carreras de música, cine o Letras. Además, nunca quise ser crítico, seguir una carrera académica, ni siquiera vivir de la venta de libros; solo quise escribir, lo más libre y mejor que me fuese posible. Y, obviamente, que la gente me lea.
- ¿Desde cuándo empezaste a escribir? ¿Qué opinas de la escritura literaria?
Comencé a los catorce años. Opino que cuanto más se escribe, y de manera más constante, mejor. También creo que uno siempre debe probar sus límites, no tanto para encontrar una voz, sino para expandirse. Cuantos más recursos, temas y estilos se dominen, mejor. Es similar a lo que sucede a menudo con los jugadores de fútbol. Hay grandes artistas que parecen estar siempre haciendo copias de sí mismos, y admito que eso, después de un tiempo, me aburre (como suele ocurrir en las artes plásticas, como con Botero, por ejemplo: un gran pintor, pero siempre con la misma estrategia). Creo que, como en todo arte, lo principal es que el estilo de la obra se adecue lo mejor posible al contenido.
- ¿Qué autores clásicos y contemporáneos admiras?
Muchos. Hay algunos, además de los que cité en la primera pregunta. Algunos los descubrí después, otros no los leí aún tan bien o los leí muy poco, otros son grandes, pero de estilo muy diferentes al mío. Emily Dickson, Walt Whitman (primera edición de Hojas de hierba), Fernando Pessoa, Shakespeare, Manuel Bandeira, Cecilia Meireles (Doze noturnos da Holanda), Machado de Assis, La noche (Jaime Saenz), Tchekhov, el Apocalipsis y otras partes de la Biblia, Faulkner, Eguren, Blanca Varela, Ovidio (La Metamorfosis, para mí es mejor que la Eneida), Tiempo (Abdón Ubidia), Vargas Llosa, Li Po, Basho, El asno de oro de Apuleyo, El viejo y el mar, Lewis Carroll, Stephen King, Un mundo para Julius, A Rua dos Cataventos (Mario Quintana), Guimaraes Rosa, Melville, Robert Luis Stevenson, El reino de este mundo (Carpentier), Dostoievski, Cerco de penumbras (Óscar Cerruto), La vida es sueño, Brecht, Homero, Javier Heraud, Lautreámont, Dante, Lavoura Arcaica (Raduan Nassar), Pedro Páramo, Let the World Spin (Colum McCann), Las mil y una noches, Lolita, Maiakovski, Sergei Iessienin, Onetti, Mario Benedetti, Joyce, Tolkien, Isaac Asimov, Murilo Rubiao, El Lazarillo de Tormes, Quevedo, Kavafis, Joyce, Oscar Wilde, Lorca, A visita cruel do tempo (Jennifer Egan), etc. Brasileños contemporáneos: Cesar de Alencar, Luis Vadico (libro: Memoria Impura), Jonas Pereira Santos.
- ¿Cómo es el círculo literario en Perú y en Brasil?
En ambos casos, el panorama es muy amplio, y hay escritores muy buenos, malos y mediocres, como en cualquier lugar. Sin embargo, incluso entre los escritores no tan buenos, se pueden encontrar algunas joyas. En Brasil hay muchos “saraus”, similares a los recitales, y también hay eventos exclusivos para escritores. En Perú, las ferias y la distribución en librerías me parecen más favorables para los autores nacionales. En Perú, el contacto con los libros es (al menos por ahora) mucho más físico que en Brasil. Es más fácil que un lector hojee un libro desconocido y lo compre. Desafortunadamente, en mi opinión, Brasil es un país donde plataformas como TikTok o Instagram tienen mucha influencia, lo que lleva a muchos autores a desperdiciar horas preciosas de sus días intentando ganar seguidores. Yo mismo lo intenté, pero desistí; eso no es para mí, soy una persona de la vieja escuela, es decir, física. También creo que, aunque es un fenómeno global, hay muchos libros literarios que tratan de la propia literatura como tema central o tienen personajes que son escritores. Eso, de entrada, no me gusta. Me suena como subirse a un coche de aplicativo y escuchar al conductor hablar de su propio trabajo. Pienso que un gran problema es que hay un público lector relativamente escaso que no sea también escritor. Esto hace que una cierta fama dependa, en muchos casos, de un gran juego de intereses: “hazme una crítica positiva y yo te hago una a ti”, o de premios, en los cuales la mayoría de los libros ni siquiera son leídos, y, al menos en Brasil, las obras ganadoras suelen ser escogidas más por la identificación con el tema o el autor que por su calidad.
- ¿Cómo escribiste los poemarios de Rumbo a lo infinito de la propia voz y La melancolía?
Ambos libros tardaron unos diez años en escribirse. Rumbo fue el primero, abarcando desde mis 18 hasta mis 28 años, e incluye algunos poemas, como Los delirios de Narciso, que escribí incluso antes, a los 15 años, lo cual, sin falsa modestia, me llena de orgullo. La Melancolía abarca aproximadamente desde mis 23 hasta mis 33 años, con algunos poemas o fragmentos de poemas anteriores. Ambos libros tienen una secuencia específica (deben leerse de la primera a la última página respetando el orden natural, pues así fueron pensados y escritos). Los escribí con inspiración, cálculo, imaginación, asociación libre, experimentos, plagios, raciocinio, recursos de estilo más “antiguos” y otros más “modernos”, meditaciones; en fin, utilicé todos los recursos y fuentes que pude. Como dijo una vez un líder chino: “No importa el color del gato, lo que importa es que cace al ratón”.
- ¿Qué opinión tienes ahora, desde la distancia, de tu novela La frontera?
La llamaría novela corta; me parece el término más adecuado. La escribí como parte del libro As Realidades Invisíveis (publicado en Brasil), que es un conjunto conceptual de cuentos y novelas. Este libro será publicado en Perú aproximadamente dentro de un año y medio. Al principio, la veía solo como una gran parte del libro, pero al publicarla por separado, cobró una gran importancia para mí. No llega a ser mi obra en prosa de corto y medio aliento favorita (creo que, en su conjunto, el mejor es el cuento A Piscina mais Bonita do Mundo, aún no publicado en español y que también pertenece a As Realidades Invisíveis), pero tal vez Las Fronteras del Sueño sea la que, en términos de estructura narrativa (con su diálogo inicial, desarrollo y gran clímax), más me satisface. Lo curioso es que mucha gente cree, después de leerla, que soy místico y defiendo esa perspectiva, lo cual está muy lejos de la verdad. Esto se debe al final de la novela, que fue el desenlace que la historia pedía, independientemente de lo que yo, como autor, crea o no, e independientemente de lo que el propio narrador crea o no.
- ¿En qué nuevos proyectos literarios vienes trabajando? ¿Qué nuevas publicaciones se vienen?
Actualmente, me estoy centrando sobre todo en una gran novela (de unas 820 páginas), de la cual ya tengo escritas unas 490. Trata sobre un estudiante de psicología que en 2015 abandona el curso (el narrador), un hombre obeso que no ha salido de casa en más de quince años, y la fiesta del narrador que ocurre en esa casa, junto a sus amigos, cada uno con su locura. La asfixiante permanencia de todos esos personajes en la casa, que casi sin darse cuenta empiezan a vivir allí, genera confusión y locura. Es un libro con muchos estilos, secciones distintas, voces y reflexiones. Además, estoy trabajando lentamente en un poemario conceptual (siempre escribo mis poemarios con una idea y secuencia que los une; los elaboro para que sean leídos de la primera a la última página en secuencia, nunca como una compilación). Este poemario trata, de manera imaginativa, sobre el universo, los animales, las plantas, el tiempo, la humanidad, el colapso del planeta, etc. En principio, se llamará La violeta explosión circular del tiempo y del espacio.

