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NOTICIAS DESDE CHALCHICOMULA

COLUMNA: LA CRÓNICA DEL ESPEJO

John Kenny Acuña Villavicencio ((Profesor-investigador Universidad Autónoma de Guerrero)

 

Llevo varios días tratando de acercarme al nevado del Citlaltépetl (cerro de la estrella), una montaña que se encuentra a 5,636 m s. n. m. y es compartida por los estados de Puebla y Veracruz. La lluvia ha impedido mi propósito y tal parece ser que debo posponer esta aventura por cuestiones obvias. Quiero manifestar que las montañas son mi admiración; siempre he tenido la impresión de que se tratan de seres eternos, dotados de poderes mágicos que trascienden el tiempo-espacio. Por ejemplo, algunos campesinos que viven en las faldas del Popocatépetl reconocen a esta montaña como Don Goyo. Se trata de un respeto único, porque lo consideran un sujeto que está vivo: sus cenizas alimentan los campos de Cholula y las rocas volcánicas son transformadas en molcajetes y figuras distintas, que son elaboradas por los artesanos. Las montañas son testigos de nuestra historia, nos hacen sentir que no estamos solos; hay algo en lo más alto que nos vigila.

El Citlaltépetl es el hermano mayor de todos los volcanes de México y, desde su cima, se pueden observar el vasto territorio nacional. Algunos expertos señalan que la crisis climática está poniendo en riesgo el glaciar que se encuentra allí. Advierten que, si con el tiempo se produjera un deshielo, al igual que en otros glaciares del mundo, lo más probable es que correríamos el riesgo de sufrir una catástrofe: se inundarían las costas, desaparecerían ecosistemas, escasearía el agua y, lo más probable, muchos de nosotros no viviríamos para contarlo.

El virrey Luis de Velasco fundó Chalchicomula en 1560. A partir de entonces fue considerada como el “granero de México”. La fama se debe a los campos fértiles y a la producción de granos y frutales variados que se suministraban a todo el virreinato. Hoy solo es un recuerdo colectivo. Dice el bibliotecario Adrián Silva que Chalchicomula fue fundada en el siglo XVI por españoles y nativos del lugar. Además, este valle fue elegido por los toltecas-chichimecas, quienes fundaron Tepeyacac a inicios del siglo XII como un centro de producción agrícola y, más adelante, funcionaría como un punto estratégico de conexión entre los mercados de Tepeaca y Tlatelolco. A finales del siglo XV, Chalchicomula pasó a estar controlado por los mexicas, quienes se encargaron de garantizar el abasto de alimentos en la gran Tenochtitlan. Por otra parte, cuentan los habitantes que, cuando los gobernantes aztecas se preparaban para despedirse del mundo terrenal, debían escalar el Citlaltépetl para alcanzar la inmortalidad. Incluso se dice que, en una ocasión, Quetzalcóatl tomó la drástica decisión de subir hasta la cima y elevarse hasta lo más alto, para convertirse en una estrella que alumbra y acompaña a los habitantes de este lugar.

En Chalchicomula se encuentra la emblemática Colecturía del Diezmo, un edificio imponente y singular que estuvo bajo la administración del Obispado de Puebla. Su función principal era almacenar diversos granos producidos en la región, así como oro y joyas de alto valor. Entre el siglo XVI y mediados del siglo XIX, los productores estaban obligados a entregar el 10 % de su producción anual como diezmo. Se estima que, en algunos años, se llegaban a acumular hasta 200 mil pesos de oro en este recinto. Esta forma de acumulación llegaría a su fin con los procesos de independencia. De hecho, se sabe que la Colecturía fue utilizada como fortín por el Ejército de Oriente. Sin embargo, el 6 de marzo de 1862 ocurrió una tragedia que afectaría directamente el curso de los eventos que desembocarían en la Batalla del 5 de Mayo, en la que el general Ignacio Zaragoza y su ejército derrotaron al Segundo Imperio francés. Durante los enfrentamientos, el edificio fue consumido por un incendio. Las crónicas de la época relatan que aproximadamente 460 quintales de pólvora explotaron “casualmente”, provocando incendios en los alrededores y la muerte de numerosos soldados que debían dirigirse hacia el Cerro de Loreto para sumarse a la batalla.

Caminar por las calles del centro de Chalchicomula es adentrarse en la historia viva de la región, revelada en sus antiguas casas-hacienda, muchas de las cuales han sido restauradas y adaptadas como restaurantes y hoteles. Una de las más representativas es la Casa de la Magnolia, que perteneció a Dolores Bulnes, una figura influyente durante el gobierno de Porfirio Díaz. Bulnes desempeñó un papel clave en el impulso de importantes obras de infraestructura, entre ellas la construcción de una estación de tren que formó parte de un ambicioso proyecto nacional, cuyo objetivo era conectar con la estación central de San Andrés que se encuentra en la capital.

La historia del ferrocarril en Puebla es ampliamente conocida: comenzó a funcionar en 1880, tanto como medio de transporte público como pieza clave en la red de conexión comercial entre el puerto de Veracruz y la Ciudad de México. El tren como servicio público dejó de operar a mediados de la década del noventa, durante el gobierno del presidente Ernesto Zedillo. En ese periodo, fueron concesionados aproximadamente 22,130 kilómetros de vías férreas por un periodo de hasta cinco décadas a empresas privadas como Ferromex, Tribasa y Peñoles. Este proceso de privatización —junto con otras reformas y ajustes estructurales— tuvo un impacto significativo en regiones como Chalchicomula, donde, con el pasar de los años, se precarizó el trabajo y se produjo una profunda reorganización campo.

En la actualidad, los campesinos de Chalchicomula continúan enfrentando estas problemáticas. Sus territorios están siendo privatizados y vendidos a nuevos actores económicos, muchos de ellos identificados como acaparadores. Para la mayoría, la actividad agrícola ha dejado de ser rentable y, lo peor de todo, los jóvenes se ven obligados a migrar hacia la ciudad o el extranjero. La producción agrícola cayó 33% y ha cambiado radicalmente debido a la especulación: se ha dejado de sembrar maíz y leguminosas, y en su lugar se apuesta más por las hortalizas, ya que estas se exportan y venden con mayor facilidad en los centros comerciales (Ver: https://www.jornada.com.mx/2025/04/09/politica/004n1pol). Del otro lado del municipio, en la zona mixteca, la situación es más compleja: los terrenos son áridos y poco productivos, hay escasez de agua y las bajas ganancias han obligado a los campesinos a rematar sus territorios. Chalchicomula está lejos de ser el granero de México y un lugar importante para el comercio y el abastecimiento de alimentos que alguna vez fue. Pero, no todo está perdido. Los campesinos se están organizando para hacerle frente a las lógicas del despojo capitalista, y para defender sus tierras y formas de vida comunitaria.

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