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LA SELVA A PLENITUD EN HOSTAL AMOR DE CAYO VÁSQUEZ

Para empezar, las listas de los mejores libros del año, como también podría atestiguar, son altamente subjetivas y arbitrarias. Es evidente que algunos críticos literarios, cuyos nombres y apellidos aparecen firmando esas listas, tienden a incluir a sus “amigos”, “ahijados”, “padrinos”, “nombres de abolengo” o “escritores mediáticos”, entre otras muestras de bajeza y servilismo. Como diría un amigo mío: “Son así de ridículos”. Además, resulta claro que esos críticos no leen todos los libros publicados durante el año, especialmente aquellos escritos por autores con quienes tienen rivalidad o a quienes guardan cierta inquina. Aun así, tienen la desfachatez de titular sus listas como “Los libros de este año”, dando a entender que abarcan la totalidad de las publicaciones, cuando no es así.

Como el poeta Víctor Coral, cuyo último poemario aún no llega a mis manos, afirma en su post de Facebook: “CREO QUE ALGUNOS RECUENTOS LITERARIOS DEL AÑO deberían sincerarse. El perpetrador debería decir: ‘el libro del año en este rubro (poesía) es el del papá de mi compinche’. El acontecimiento del año, por supuesto, es la publicación de ese libro de cuentos de la editorial donde mi amiguis es el jefe, aunque los cuentos recuperados sean de mediocres para abajo’. ‘No pongo en mi recuento a los amigos de Coral porque una vez me mandó a estudiar literatura y lo bloqueé’. ‘Pongo, más bien, aunque sean muy malos, los poemarios de sus enemigos o de los que yo pienso que son sus enemigos’”.

Por su parte, un escritor y excelente periodista, Marco Avilés, destaca lo siguiente en su post de Facebook: “Las listas que se empaquetan como ‘los mejores libros de 2024’ en realidad solo sirven para dar una idea de las enormes limitaciones logísticas detrás de esas listas. Hay mucho centralismo y un desinterés por las publicaciones de circulación nacional o incluso regional. Es como si se partiera de la idea de que solo lo que tiene circulación transnacional tiene ‘calidad’ mínima o pase automático para esa fiesta. El problema no esconde solo un sentido común prejuicioso y quizá sesgos ideológicos: una inmensa cantidad de libros fascinantes circulan en tirajes pequeños, dentro de fronteras nacionales e incluso en mercados mucho más locales, a los que la crítica en medios se ha acostumbrado a mirar con inexplicable falta de curiosidad y posiblemente de profesionalismo”.

Pero debemos seguir trabajando siempre. Antes de terminar el 2024, llegó a mis manos el libro de Cayo Vásquez, Hostal Amor (Trazos, 2021), una obra de casi 250 páginas que devoré en un solo día, enfebrecido y extasiado por la marea de anécdotas narradas en las trece historias que componen el libro. Estas se agrupan en bloques narrativos con escenarios variados: la ciudad de Iquitos, sus periferias, bosques, hoteles, prostíbulos, discotecas, viviendas, entre otros.

La novela incluye historias de soldados, meretrices, agentes de la DEA, narcotraficantes, arquitectos, pederastas, adolescentes y jóvenes que buscan vivir su juventud a plenitud. Es un torrente literario que combina melodrama, erotismo, estructuras narrativas complejas como las cajas chinas, y saltos temporales y espaciales. Todo ello conforma una obra vibrante y apasionante que resulta imposible dejar de leer.

Como señala la escritora Connie Philips: “Todas [las historias de la novela] expresan el amor en sus más variadas formas: son extravagantes y sorprendentes; amores arrebatados y confusos, acosados por intensos apremios, desesperados, en constante éxtasis; amores prácticos e interesados, con historias personales llenas de dramatismo, lujuria y desencanto, pues la vida se ha encargado de afirmar esta gran verdad con su crudeza”.

Cayo Vásquez, escritor peruano oriundo de Iquitos, destaca por retratar con maestría la vida urbana de la Amazonía peruana. Sus obras abordan temas como la prostitución, la diversidad sexual y las dinámicas sociales de la región. Su estilo testimonial y realista ofrece una visión íntima y cruda de la cotidianidad amazónica.

Su novela adopta la forma narrativa de un poliedro cuyos rostros son escenas variopintas de la vida íntima en la selva. Existen aventuras con una alta carga sexual que podrían aturdir a los lectores más conservadores. Creo que el autor supo representar con verosimilitud lo que sucede en la vida privada de Iquitos, esa vida camuflada de sus habitantes o sus visitantes, que solo un buen narrador podría develar.

Hostal Amor, la novela más reconocida de Cayo Vásquez, publicada originalmente en 2006, ha sido elogiada por su valentía y valor literario, llegando a ser considerada por el escritor Oswaldo Reynoso como “la mejor novela de Iquitos”. Asimismo, ha recibido críticas favorables de figuras como Luis Fernando Cueto, Miguel Ildefonso, Roger Rumrrill y Ricardo Virhuez, entre otros. Por ello, Hostal Amor es totalmente recomendable.

Recuerdo que uno de los lectores de Cayo Vásquez alababa sin tregua esta novela. Me decía que era la mejor que había leído de un autor de Iquitos y, tal vez, de toda la selva nororiental del país. Otro amigo, hace poco, me comentaba que la última novela de Cayo Vásquez, Explosión Caliente (2022), no superaba a Hostal Amor. Sin embargo, esa última novela está entre mis principales libros pendientes.

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor, corrector de estilo, columnista y amante de los libros. Estudió Literatura y cursó la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023) y Operación Catástrofe (2024). Ha sido distinguido en diferentes certámenes literarios, tanto nacionales como internacionales.

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