La Academia Sueca, que anunciará a los ganadores de los premios Nobel entre el 4 y 11 de octubre próximo, ha informado que los galardonados del 2021 recibirán sus medallas y diplomas en su país de origen, debido a la pandemia del covid-19; pese a ello, el mundo de las letras se emociona otra vez por saber el nombre del ganador de la presea de Literatura y de las otras áreas, pues, como todos saben, dicha premiación ha sido uno de los mejores alicientes para escritores, pacifistas o científicos económicos y de las ciencias más duras.
El año pasado, en el 2020, se lo otorgaron a Louise Glück, una poeta mayor que hasta el mismo David Foster Wallace, en sus entrevistas más interesantes recogidas y publicadas el 2012 para el mundo hispanohablante después de su sensible partida en el 2008, la colocaba como una de las mejores escritoras del mundo anglosajón, y que, años antes y después, la autora de Vita Nova (1999) siempre estaría en la boca y la pluma de otros escritores y críticos literarios del mundo, que la llevarían a ganar un prestigio universal canónico.
Sin embargo, prefiero centrarme en una figura en específica: el buen Peter Handke, quien, como también sucedió con Louise Glück, fue recomendado por otro genio de las letras (en este caso en español), que fue Roberto Bolaño, quien en cuya monumental novela sin pies 2666 (2004) reveló que el mejor escritor en lengua alemana luego de Benno von Archimboldi (un escritor ficticio, pero que, según la pluma de Bolaño, es un demiurgo excelso, pese a sus limitaciones económicas y casi paupérrimas, pues los críticos y los escritores que aparecen con él en las ficciones lo ovacionan y, también, saben que “se está muriendo de hambre”), es el novelista, dramaturgo, traductor, cuentista, guionista, articulista y etc., Peter Handke.
Desde Los avispones (1966), su primera novela, pasando por El miedo del portero ante el penalti (1970) o Desagracia indeseada (1972), la gran propuesta de Peter Handke es el terrible individualismo y la soledad cruda que sume a los seres humanos su condición de hombre común y silvestre, y para ello se vale de una atmósfera narrativa recargada, hermética, con pocos diálogos de los personajes, donde las descripciones casi maniáticas desde diferentes puntos de vista abarrotan la pequeña odisea cotidiana de sus protagonistas, vencidos por las pérdidas familiares, profesionales, crisis existenciales y otros laberintos de pesimismo, tedio o angustia.
Hijo de una señora de la limpieza (que habría de quitarse la vida con sus propias manos) y un peón de construcción que era adicto al alcohol y los tragos (es decir, producto de un entorno familiar nada académico), Peter Handke desde muy joven fue un adicto y obsesivo lector de Kafka, Goethe, Patrick Modiano, Patricia Highsmith, Franz Nabl, Stifter, Proust, Raymond Chandler y otros genios que le enseñaron y le alegraron de disfrutar la aventura de ser un escritor de oficio y ya muy leído en el mundo, que lo llevó a ganar el Nobel de literatura del año 2019.
El éxito de su primera novela, Los avispones, que versa sobre la soledad y el aislamiento de un hombre ciego luego de la pérdida de su hermano que se suicidó y que lo dejó solo en el mundo, y que recreará una atmósfera de crisis familiar, personal y una especie de elegia narrativa; repito, el éxito de su primera entrega novelesca le hizo renunciar la carrera de Derecho que venía estudiando y entonces, de forma continua, le hizo publicar de forma constante y, así, poder vivir, aunque modestamente, de sus ingresos económicos productos de su arte literario.
Aquel que adaptara al cine varios de sus libros (como El miedo del portero ante el penalti, que versa sobre la crisis existencial que sufre un arquero luego de su despido y del terrible individualismo que le provoca aquello, o La mujer zurda, que recrea magistralmente la angustia por la separación de una relación amorosa), tiene un artículo literario muy interesante que recomendaría a cualquier escritor peruano y que se encuentra recogido en ese interesante libro que es Contra el sueño profundo (2019), “Austria y los escritores (a través del ejemplo de Franz Nabl)”, donde critica muy severamente la figura del escritor de su patria de aquellos tiempos, hasta pudiese decir, “en decadencia”.
Es tal la importancia de dicho artículo que fácilmente se pudiera comparar con la realidad del mundillo literario de varios países de Latinoamérica y hasta del mundo. Ahí Peter Handke reflexiona sobre la “figura pública del escritor”, que, en detrimento de la importancia de su obra literaria, asume una importancia mediática ante la televisión, la prensa, la política o, como pudiese decir, en “asuntos más importantes que la propia literatura”. Además, reflexiona sobre los grupitos de escritores que se apoyan y se alaban solo entre ellos, de las rencillas literarias, los “chismes letrados”, u de otros temas poco alturados del que le correspondería a una de las artes más intelectuales y racionales. Por ello, siempre uno gozará de un grato aleccionamiento cuando se dispone a leer al buen y gran Peter Handke.
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Francois Villanueva Paravicino
Escritor peruano (1989). Egresado de la Maestría en Escritura Creativa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Estudió Literatura en la UNMSM. Ha publicado Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019) y Azares dirigidos (2020). Textos suyos aparecen en diversas páginas virtuales, antologías, revistas, diarios, plaquetas y/o; de su propio país como de países extranjeros. Ganador del Concurso de Relato y Poesía Para Autopublicar (2020) de Colombia. Ganador del I Concurso de Cuento del Grupo Editorial Caja Negra (2019). Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007) de España. También, ha sido distinguido en otros certámenes literarios.

