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EL ESCRITOR E INVESTIGADOR JOSÉ SAMAMÉ SAAVEDRA PRESENTARÁ INVESTIGACIÓN SOBRE ECOCRÍTICA LITERARIA

En el XXX Coloquio de Estudiantes de Literatura de la PUCP

 

De acuerdo a su propuesta, la ecocrítica literaria —disciplina que analiza la interrelación entre literatura y medio ambiente— se presenta como una herramienta pedagógica de gran valor.

Este miércoles 4 de junio de 2025, a las 5:00 p. m., en el auditorio de Estudios Generales Letras de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), el escritor e investigador Dr. José Antonio Samamé Saavedra presentará su trabajo de investigación titulado “El impacto de la ecocrítica en la conciencia ambiental de los estudiantes”. Su ponencia se enmarca en la mesa 2, “Performatividad, arte y conciencia ambiental”, del XXX Coloquio de Estudiantes de Literatura: “Otras formas de coexistir: ecocrítica y otros horizontes de la literatura hispánica”.

Según el investigador José Antonio Samamé Saavedra, en un contexto latinoamericano marcado por la alarmante pérdida de biodiversidad y la degradación ambiental, la educación emerge como una de las herramientas más poderosas para revertir esta tendencia. En particular, la literatura infantil con enfoque ecocrítico se consolida como una vía eficaz para cultivar una conciencia ecológica desde las primeras etapas del aprendizaje. Lejos de ser un recurso anecdótico, esta forma de lectura crítica del entorno natural ha demostrado su eficacia en fortalecer el pensamiento reflexivo, la sensibilidad hacia la naturaleza y la adopción de comportamientos sostenibles.

Además, él sostiene que el continente latinoamericano posee una riqueza natural inmensa, aunque en constante declive debido a la carrera por alcanzar el desarrollo económico sin un enfoque sostenible. Esta situación ha motivado a escritores, educadores y pedagogos a integrar la literatura con perspectiva ambiental en los procesos educativos. Obras como Un viejo que leía novelas de amor de Luis Sepúlveda invitan a reflexionar sobre el impacto de la actividad humana en los ecosistemas, un enfoque que se ha replicado también en la literatura dirigida a públicos infantiles y juveniles.

La producción literaria con enfoque ambiental no es ajena a la tradición peruana. Cuentos como “El día trágico” de Clemente Palma ya abordaban en el siglo pasado el colapso ecológico, anticipando un escenario apocalíptico posterior al paso del cometa Halley. Este tipo de narraciones, así como otras obras de ciencia ficción peruana contemporánea, denuncian las consecuencias del consumo desmedido y la producción capitalista sobre el equilibrio natural.

De acuerdo a su propuesta, frente a este panorama, la ecocrítica literaria —disciplina que analiza la interrelación entre literatura y medio ambiente— se presenta como una herramienta pedagógica de gran valor. Instituciones educativas de distintos niveles están incorporando estrategias de educación ambiental, como talleres de reciclaje, huertos escolares o brigadas ecológicas. No obstante, según diversos estudios, estas prácticas resultan insuficientes sin un enfoque crítico y sistemático que articule las dimensiones cognitiva, emocional y ética del problema ambiental.

El principal obstáculo no es la falta de material literario con contenido ecológico, sino la escasa innovación pedagógica y la necesidad de fortalecer las capacidades docentes para integrar la ecolectura crítica en sus metodologías. Esto impide desarrollar habilidades de reflexión ambiental, promover la participación estudiantil en campañas ecológicas o formar ciudadanos comprometidos con la conservación del entorno.

En este sentido, investigaciones realizadas por autores como Chen, Tekbiyik y Çelik destacan el papel transformador de las narrativas ecológicas. Estas obras no solo describen paisajes o denuncian la destrucción ambiental, sino que provocan una inmersión emocional en los lectores, despertando sensaciones de angustia, nostalgia y deseo de actuar frente a la crisis ecológica. La literatura infantil, en particular, permite representar los conflictos ambientales desde una perspectiva simbólica y accesible, despertando empatía y sensibilidad ecológica desde temprana edad.

Además, el catedrático sostiene que la propuesta pedagógica basada en la ecocrítica plantea actividades como debates, dibujos, lecturas dirigidas o mapas mentales que permiten internalizar los contenidos ambientales. En un estudio preexperimental realizado por Saifulloh y Anam, se observó un aumento significativo en las puntuaciones de conciencia ecológica tras la implementación de sesiones de lectura crítica en el aula, lo cual demuestra el potencial de esta estrategia para generar cambios concretos en la actitud de los estudiantes.

El sustento teórico de esta propuesta se encuentra en corrientes como la teoría ecológica de Bronfenbrenner, que destaca la influencia del entorno social y natural en el desarrollo del individuo, y la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, particularmente en su vertiente naturalista. Esta última reconoce la capacidad de ciertas personas para comprender y conectar profundamente con la naturaleza, habilidad que puede ser desarrollada y potenciada mediante una educación sensible al entorno.

Obras como El Lorax de Dr. Seuss, en la que una criatura ecológica enfrenta a un empresario voraz que destruye los recursos naturales, son ejemplos de cómo la literatura infantil puede transmitir valores profundos de responsabilidad ambiental. A través de personajes atractivos y tramas accesibles, se comunican mensajes que de otro modo serían difíciles de asimilar para una audiencia infantil.

Según el escritor José Samamé Saavedra, en el Sudeste Asiático, iniciativas similares han ganado fuerza. La Asociación de Medio Ambiente y Literatura ha promovido investigaciones y debates sobre el papel de la literatura en la educación ambiental. Países como Vietnam han integrado estos enfoques en sus políticas educativas, reconociendo el valor de los libros infantiles en la formación de ciudadanos comprometidos con la sostenibilidad.

En España, un estudio realizado por Muela-Bermejo y Pérez-Martínez con 97 estudiantes de primaria reveló que las sesiones de lectura guiadas por adultos eran especialmente efectivas para despertar la conciencia ambiental. La interacción entre mediador, texto y lector permite contextualizar, cuestionar e interiorizar el contenido ecológico, creando un espacio de reflexión profunda.

Por otro lado, la literatura infantil también ha incorporado conceptos como la “solastalgia” —tristeza causada por la transformación negativa del entorno natural— y la “nostalgia ecológica”, especialmente en relatos situados en comunidades rurales de China. En estas historias, como River Road o Jun Han, los niños protagonistas desarrollan vínculos emocionales con su entorno, lo que refuerza su deseo de protegerlo.

La ecocrítica no solo desarrolla competencias cognitivas, sino también afectivas. Al despertar emociones como la preocupación, la ternura o el sentido de pérdida, los relatos ecológicos motivan la acción y fomentan el compromiso colectivo. En un mundo cada vez más amenazado por crisis ecológicas globales, la literatura infantil emerge como una aliada estratégica para educar en el cuidado, la empatía y la responsabilidad.

En conclusión, el escritor e investigador sostiene que integrar la ecocrítica en el currículo escolar no es solo una innovación metodológica, sino una necesidad urgente. La literatura infantil con enfoque ecológico no solo forma lectores, sino ciudadanos críticos, sensibles y dispuestos a actuar. Si se logra consolidar su presencia en las aulas y capacitar adecuadamente a los docentes, será posible construir desde la infancia una nueva cultura ambiental que abrace el desarrollo sostenible sin renunciar a la justicia ecológica.

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