Por: Cirilo López Huarancca
Que no nos sorprendan los resultados. Son los mismos que ahora, por mandato del calendario, estamos obligados a acatar durante un periodo más. A fin de cuentas, es parte de nuestra criolla cultura democrática: esa práctica que hemos venido cultivando de un tiempo a esta parte y a la que, con no poco sarcasmo, insistimos en llamar “la fiesta electoral”.
En esta curiosa maratón, como de costumbre, la meta está prefijada desde el arranque. Termina ganando uno de los tres lugares que la sacrosanta encuestadora posicionó como primera estrategia de manipulación. Nos los colocan en la pista atlética para que elijamos únicamente entre el menú preseleccionado, mientras el respetable público —mansas ovejas del rebaño— se siente arrastrado a apostar por uno de ellos. Al final de cuentas lo que importa es no perder el voto.
Ganó, cómo no, quien desplegó la ofensiva propagandística más feroz. Aquel que invirtió hasta lo que no tenía: empeñando e hipotecando no solo su patrimonio presente, sino el erario público del que dispondrá una vez asentado en el sillón del poder. Al diablo el desarrollo, si las propuestas demagógicas saben encandilar con regalos, cajitas de fósforo y promesas al por mayor y a cada paso.
Tras la publicación de los resultados, los ciudadanos encontraremos un breve remanso de calma frente al atronador ruido político. En apariencia, ganamos todos: los electos obtienen el codiciado poder para administrar nuestros impuestos y aplicar su política partidaria en la gestión edil; las imprentas, el festín económico del material oficial y las gigantografías que tapizaron la ciudad.
¿Y a los electores? A nosotros nos quedan los fósforos que pronto se consumirán y el recuerdo del abrazo apretado de aquel candidato que se mostró como hermano y vecino de toda la vida. Consumada la victoria, el electo iniciará su encumbramiento hacia la estratosfera del poder, inalcanzable para los de a pie. Lo que jamás recuperaremos es la oportunidad de evaluar propuestas serias y reconocer a un auténtico líder capaz de guiar el desarrollo económico y social de nuestra comuna.

