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“COMENCÉ GRABANDO CORTOS CON EL CELULAR Y EDITÁNDOLOS EN UNA LAPTOP”

Afirma cineasta independiente Mario Samamé Saavedra

 “El plenilunio: El terror que acecha” será presentada en el Festival y Concurso de Cortometrajes “Leyendas Peruanas”, organizado por el colectivo Cine Miedo Perú.

 Al preguntarle por su vocación de cineasta, Mario Samamé Saavedra, director de la productora JPMSamSfilms y actual director del cortometraje “El plenilunio: El terror que acecha”, obra que será presentada en el Festival y Concurso de Cortometrajes “Leyendas Peruanas”, organizado por el colectivo Cine Miedo Perú, recuerda que su acercamiento al cine no fue el resultado de una formación académica tradicional ni de una carrera planificada desde temprano. Por el contrario, surgió durante un momento de aislamiento global que cambió la vida de millones de personas.

“Mi acercamiento al cine se dio en la pandemia de manera casual y autodidacta. Comencé grabando cortos con el celular y editándolos en una laptop. Siempre me atrajo contar historias, pero no imaginaba que terminaría dirigiendo”, explica. En ese periodo, como muchos creadores emergentes, encontró en los recursos limitados un estímulo para experimentar. Recordó que su hermano, el escritor e investigador José Antonio Samamé Saavedra, es el guionista del cortometraje.

Según cuenta, sus primeros proyectos fueron pequeños ejercicios audiovisuales, algunos de ellos vinculados con la animación. Aunque eran producciones sencillas, le permitieron comprender algo fundamental: cómo se construye una historia a partir de imágenes, ritmo y sonido. “La magia del cine apareció como una mezcla entre imagen, música y narrativa. Poco a poco fui entendiendo que la dirección me permitía unir todos esos elementos en una sola visión”, afirma.

Para Mario Samamé Saavedra, ese descubrimiento fue decisivo. La dirección cinematográfica no solo implicaba contar historias, sino también coordinar un equipo, diseñar atmósferas y construir una experiencia para el espectador. Mario comenta que hubo un punto de quiebre cuando empezó a compartir sus trabajos con otras personas y recibió comentarios que lo motivaron a continuar. Al inicio, dice, todo era un experimento personal, pero poco a poco comenzó a notar que sus historias generaban reacciones.

“Cuando alguien ve algo que hiciste y te dice que le provocó miedo, emoción o curiosidad, entiendes que el cine tiene un impacto real. Ese fue el momento en que pensé que podía tomármelo más en serio”, recuerda. Además, el proceso de aprendizaje lo llevó a investigar sobre lenguaje cinematográfico, montaje, sonido y narrativa visual. Aunque no pasó por una escuela de cine en un inicio, asegura que el acceso a recursos digitales le permitió formarse de manera constante.

Al preguntarle ¿por qué decidió explorar este tipo de historias de terror?, el director explica que el terror siempre le ha parecido un género muy potente para reflexionar sobre la condición humana. Más allá del miedo, cree que permite hablar de temas sociales, culturales e incluso históricos. “El terror tiene algo muy interesante: conecta con emociones profundas. El monstruo no siempre es solo una criatura; muchas veces representa nuestros temores colectivos o conflictos que atraviesan distintas épocas”, señala.

En la historia que está desarrollando, la figura del licántropo atraviesa siglos y cambia de identidad para sobrevivir entre los hombres. Esa idea, dice, nació de su interés por las narraciones que mezclan pasado y presente. “Me intrigaba imaginar cómo un mito antiguo podría adaptarse al mundo moderno. Qué pasaría si una criatura que viene de otro tiempo aprende a vivir entre nosotros sin ser detectada”, comenta.

Al preguntarle por la historia cruza varias épocas: desde el siglo XVIII hasta el año 2025. ¿Cómo trabajó esa estructura narrativa? Mario explica que el desafío principal fue construir una continuidad entre los distintos momentos históricos. No quería que cada época pareciera una historia aislada, sino que todas estuvieran conectadas por una misma presencia. “La idea era que el espectador sintiera que el mal se mueve a través del tiempo. Cambian los escenarios, cambian las personas, pero la amenaza sigue ahí”, dice.

Por eso, en la trama aparece primero la salida de la criatura desde Europa hacia América, luego los hechos en los bosques de Oregón en 1948 y finalmente el encuentro con el personaje de Fermín en el año 2025. Según el director, el contraste entre épocas también ayuda a generar tensión narrativa. “No es lo mismo el miedo en un bosque aislado que el miedo en una casa aparentemente normal en la actualidad”, añade.

Mario explica que le gusta situar lo extraordinario dentro de contextos comunes. Considera que el terror funciona mejor cuando el espectador siente que la situación podría ocurrir en un entorno reconocible. “Cuando el protagonista es una persona común, el miedo se vuelve más cercano. Fermín podría ser cualquiera: alguien que trabaja, que hace su rutina diaria, y de pronto se encuentra con algo que no puede explicar”, comenta. Ese contraste, según señala, también permite construir suspenso de forma gradual. La historia comienza con una situación cotidiana, pero poco a poco se transforma en algo inquietante.

Al preguntarle qué le interesa transmitir con esta historia, el director afirma que uno de los temas centrales de su proyecto es la idea de que ciertos problemas o formas de violencia no desaparecen con el tiempo, sino que cambian de forma. “El mensaje es que el mal no muere, solo se transforma. A veces creemos que las cosas quedan en el pasado, pero muchas veces siguen presentes de otras maneras”, reflexiona. También menciona que le interesa explorar la memoria, el miedo heredado y la manera en que las historias se transmiten entre generaciones.

Por otro lado, Mario Samamé Saavedra reconoce que todavía se encuentra en una etapa de crecimiento, pero tiene claro que quiere seguir desarrollando proyectos cinematográficos y fortalecer el trabajo colectivo dentro del sector audiovisual. “Me gustaría consolidar mis proyectos y aportar al desarrollo del cine en nuestro país. Creo que hay muchos talentos emergentes que necesitan espacios para crear”, dice.

Al preguntarle por ¿cómo ve el futuro del cine frente a herramientas como la inteligencia artificial? Mario sostiene que la tecnología puede ser una aliada importante, siempre que se utilice como complemento y no como sustituto del proceso creativo. “La inteligencia artificial puede ayudar mucho en la postproducción, en la edición o en los efectos visuales. Pero el cine sigue dependiendo de la mirada humana, de la sensibilidad del director y de la experiencia de quienes cuentan la historia”, afirma. Para él, el cine seguirá siendo un espacio donde convergen distintas disciplinas artísticas y donde cada obra refleja la visión particular de quien la crea. “Las herramientas cambian, pero la necesidad de contar historias sigue siendo la misma”, concluye.

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