Productores de Andahuaylas y Chincheros promueven la amonificación para aprovechar los residuos agrícolas y contar con reservas de alimento en temporadas críticas.
Frente a los posibles efectos del fenómeno El Niño y los riesgos de disminución de pastos en determinadas temporadas del año, el aprovechamiento de los residuos agrícolas comienza a cobrar importancia como una alternativa para fortalecer la alimentación del ganado. En ese contexto, la Dirección Sub Regional Agraria Andahuaylas–Chincheros promueve la amonificación de chala de maíz, una técnica que busca mejorar la utilización de este material y convertirlo en una reserva forrajera para los periodos de escasez.
La iniciativa pone en valor un recurso que, después de la cosecha, muchas veces queda relegado en las parcelas o tiene un aprovechamiento limitado. Se trata de la chala seca de maíz, cuyo tratamiento mediante un proceso de amonificación permite modificar las características de su fibra y favorecer su aprovechamiento digestivo por los animales.
Esta práctica representa una alternativa para los productores pecuarios que buscan optimizar los recursos disponibles en sus propias unidades productivas, especialmente cuando las condiciones climáticas reducen la disponibilidad de pastos naturales y otros alimentos para el ganado.
UNA TÉCNICA QUE APROVECHA LOS RESIDUOS DE COSECHA
El procedimiento consiste en someter la chala seca de maíz a un tratamiento con una mezcla de insumos que incluye urea, suero, melaza, sal, sales minerales y maíz molido o afrecho.
Para preparar una cantidad de 50 kilogramos de chala seca de maíz, se considera la utilización de 2 kilogramos de urea, 25 litros de suero, 10 kilogramos de melaza, medio kilogramo de sal, un kilogramo de sales minerales y 5 kilogramos de maíz molido o afrecho.
La combinación de estos componentes se distribuye uniformemente sobre el material vegetal, procurando que toda la chala reciba el tratamiento. Posteriormente, se coloca en bolsas plásticas, se compacta y se sella herméticamente para evitar el ingreso de aire y permitir el desarrollo del proceso.
El material permanece cerrado aproximadamente durante 30 días. Transcurrido ese periodo, se procede a la apertura y ventilación del forraje antes de su utilización, considerando las indicaciones técnicas correspondientes para su suministro al ganado.
UNA RESERVA PARA LOS PERIODOS DIFÍCILES
Uno de los principales objetivos de esta práctica es reducir el desperdicio de los recursos agrícolas y encontrar alternativas frente a las limitaciones nutricionales que presenta la chala seca cuando se suministra sin tratamiento.
A diferencia del forraje verde, este residuo de cosecha tiene una estructura fibrosa que puede limitar su aprovechamiento digestivo. Por ello, la amonificación busca mejorar la utilización de ese material y contribuir a que los productores dispongan de una fuente complementaria de alimentación para sus animales.
Su importancia radica también en la posibilidad de planificar con anticipación las necesidades alimenticias del ganado. En lugar de esperar a que disminuyan los pastos para buscar alternativas, los agricultores pueden evaluar el tratamiento y almacenamiento de los residuos de sus cosechas como parte de una estrategia de prevención.
PREVENCIÓN Y APROVECHAMIENTO EN EL CAMPO
Desde la Dirección Sub Regional Agraria Andahuaylas–Chincheros se promueve esta alternativa como parte de las acciones orientadas a fortalecer las capacidades de los productores y fomentar una cultura de preparación frente a posibles escenarios de escasez de alimento para el ganado.
El aprovechamiento de la chala de maíz demuestra que los residuos agrícolas pueden tener un segundo uso dentro de la actividad pecuaria, siempre que reciban un tratamiento adecuado y se respeten las recomendaciones técnicas para su preparación y suministro.
De esta manera, la amonificación se presenta como una opción que merece mayor difusión entre las familias dedicadas a la agricultura y ganadería, especialmente en zonas donde la disponibilidad de pastos puede variar considerablemente según la temporada.
El desafío está en convertir los recursos que deja cada campaña agrícola en oportunidades para la siguiente temporada. Así, la chala de maíz deja de ser vista únicamente como un residuo de cosecha y pasa a formar parte de las alternativas de conservación de forraje y manejo de la alimentación ganadera.

