COLUMNA: LA CRÓNICA DEL ESPEJO
Por: John Kenny Acuña Villavicencio
Profesor-investigador UAGro (johnkenny @uagro.mx)
El libro de Miguel Urbán, Trumpismos: Neoliberales y Autoritarios. Radiografía de la derecha radical (2025), publicado por el FCE, no pudo haber llegado en un mejor momento; mientras en México la izquierda intenta consolidar la Cuarta Transformación, en otras regiones de América Latina se busca comprender fenómenos como los encarnados por Milei, Bukele, el clan Fujimori o incluso Noboa.
El abrupto y contradictorio escenario exige una mirada global y una articulación con la emergencia de la extrema derecha a partir de Donald Trump, una figura que constituye la expresión del neoliberalismo autoritario. Grosso modo, se trata de una especie de fascismo contemporáneo que, en realidad, no ha regresado, sino que siempre ha estado presente, mutando hacia formas autoritarias y neoliberales.
Trumpismos es un documento que habla desde la militancia y la representación política, pero también es un manifiesto intelectual. Aporta de manera significativa al análisis de las derechas radicales; además, está dirigido no solo a la izquierda o a los movimientos sociales, sino a toda persona interesada en indagar por qué versiones actuales como el fascismo están más vigentes que nunca.
Sin duda, el autor teoriza esta categoría, y propone la suya propia, al sostener que no todo régimen autoritario es fascista. En su lugar, plantea la necesidad de pensar su vigencia desde la noción de autoritarismo reaccionario, cuyo propósito es restaurar, a toda costa, el capitalismo salvaje. ¡No hay novedad, camaradas!, sino más bien un fenómeno que se acelera y avanza en paralelo a lo que fue la “belle époque” de la “globalización feliz”. Por este motivo, resulta de suma importancia su interpretación: solo de este modo podremos examinar el ascenso de los trumpismos y proponer alternativas materiales, simbólicas y afectivas.
Dicho esto, Urbán no pierde el tiempo en denunciar que nos encontramos frente a un espectro donde lo viejo no terminar de morir y lo nuevo no termina de nacer, como diría Gramsci en algún momento. El trumpismo al que se hace referencia ha sido objeto de atención a escala planetaria y, como tal, se le debe considerar como un sujeto político, no solo por su capacidad de unificar a libertarians, incels, trolls, conspiranoicos y evangélicos radicales, o aglutinar a familias que nos recuerdan al fascismo, el bonapartismo y la plutocracia, sino porque también refleja algo más acuciante: la reorganización de la crisis estructural capitalista, los cambios de la democracia liberal y el control de subjetividades políticas en pleno siglo XXI.
Su tesis principal sostiene que la crisis capitalista y el quiebre de la democracia liberal permiten el ascenso del autoritarismo reaccionario. Se trata de una forma política que debe ser auscultada a partir de su momento constitutivo y de la lógica social y cultural que la hacen posible. Dicho de otro modo, el fenómeno Trump no debe ser visto como algo amorfo u opuesto a los ideales del progreso; al contrario, es la recomposición de las relaciones sociales y políticas capitalistas. Mientras varios especialistas consideran que el retorno de Trump es solo un incidente en la democracia de Estados Unidos, el historiador lo entiende como la ruptura del proyecto neoliberal instaurado con fuerza en la década de 1980.
Un aspecto importante es que el autor convierte a Trump en una categoría que trasciende fronteras. Su presencia amerita una comprensión crítica, pues se ha convertido en la viva imagen del autoritarismo capitalista de nuevo cuño, como puede observarse en líderes de derecha como Bolsonaro, Orbán, Salvini o Vox.
Para Urbán, es clave prestar atención a las crisis de 2008 y 2020, sin dejar de comparar con la crisis de los años treinta del siglo pasado. En estos periodos, más allá de que la globalización prometiera prosperidad, generó marginación, precariedad laboral y reorganización territorial. Estos impases, desesperanzas y desatenciones por parte del poder dieron lugar al surgimiento de lo que el autor llama los trumpismos, encargados de canalizar la ira popular en su fase ultranacionalista, reaccionaria y radical.
A partir de esta temporalidad es posible entender la deriva política trumpista, que ofrece una aparente alternativa frente a la crisis de representación y de la democracia liberal. De esta manera, se empiezan a edificar narrativas y enemigos claramente delimitados: los inmigrantes, los intelectuales, los movimientos antirracistas, los feminismos, etc. El adversario no es el capital, como insistía Marx, sino el otro. Esta inversión de perspectiva nos recuerda una de las sentencias de Guy Debord en La sociedad del espectáculo: “En un mundo invertido, lo verdadero es un momento de lo falso”.
Urbán señala con acierto que: “El neoliberalismo se disfraza de antiestablishment para salvarse de sí mismo”. No importa el rostro de la derecha: su propósito es garantizar la plena colonización de las subjetividades, las mentalidades y los ecosistemas. Las diversas expresiones del trumpismo y del fascismo adaptado a nuestra era no solo defienden el nacionalismo a ultranza, sino que también buscan reproducir la acumulación capitalista.
Por otro lado, el autor realiza un balance de las estructuras económicas y una crítica cultural de la desafección que le permite evidenciar en qué medida el “sueño americano” se convierte en una pesadilla y en un instrumento para alimentar mitos: lo viejo, como el nacionalismo exacerbado, y lo nuevo, como las formas contemporáneas de dominación y control social. Además, si antes la propaganda de la derecha se difundía por la radio, hoy actúa mediante memes, banaliza la cotidianidad y se organiza con hashtags. Lugares donde se cruzan el supremacismo, el individualismo, la misoginia y el culto al éxito como parte de una pedagogía autoritaria. Nos encontramos frente a una racionalidad política novedosa que se organiza a partir del odio, el resentimiento y la negación de un mundo alterado por la vorágine capitalista.
El trumpismo se ha reproducido de distintos modos en diversos contextos. En Europa, la islamofobia y el euroescepticismo, entendidos como recursos ideológicos, representan el verdadero necropoder: mientras la primera construye un sujeto interno negado, la segunda reformula el proyecto nacionalista como si fuese una respuesta a la globalización y a las instituciones supranacionales. En América Latina, donde convergen el discurso racista y el antiprogresismo, el trumpismo se manifiesta cuestionando la crisis de los Estados desarrollistas, así como el fracaso de las izquierdas en el poder.
Frente a esto, ¿cuáles son las salidas y cuál el papel de la izquierda? Sin rodeos, el autor interpela a la izquierda y la acusa de haber desviado su propósito hacia la mera democratización formal, sin construir un proyecto común junto al pueblo. La izquierda se ha ensimismado y convertido en tecnócrata, antifascista y moralista. Ha dejado de lado el carácter emocional y simbólico de la lucha, aspectos reapropiados por la derecha radical. En consecuencia —advierte Urbán—, no bastan los discursos contra el autoritarismo reaccionario ni apelar a la formalización de una democracia liberal; es necesario pensar desde la dignidad de las amplias mayorías para reconstituir una izquierda popular y anticapitalista.
Finalmente, la obra destaca por su capacidad analítica e histórica. Urbán realiza una crítica marxista sin concesiones y plantea la necesidad de construir una política esperanzadora. Esta afirmación se convierte, a mi juicio, en un imperativo necesario, pragmático y ético.
Sin embargo, conviene plantear algunas cuestiones urgentes para la izquierda y para la idea de la revolución hoy. ¿Hasta qué punto el trumpismo permite explicar fenómenos como los de Milei, Bolsonaro y otros líderes, que no son simples remedos, sino formas históricas y específicas de gestión del autoritarismo neoliberal? Por ejemplo, ¿no revela la caída de Bolsonaro y su reciente encarcelamiento la crisis interna del propio trumpismo? ¿No anuncian la victoria de la izquierda y del peronismo en las elecciones legislativas parciales de 2025, en la Ciudad de Buenos Aires, la caída inminente de Milei? Si esto fuera así, ¿qué es lo que cambia y qué es lo que se mantiene?
Por otra parte, ¿cómo entender la paradoja entre mercado y democracia liberal, ampliamente sostenida por las izquierdas en el poder? Tal vez haga falta una crítica material no solo del autoritarismo, sino también del Estado como relación social capitalista. Me parece que estas preguntas son necesarias, porque nos permite, como dice el autor, luchar contra la “lacra del fascismo” y soñar con un mundo mejor.


