Como decían grandiosos escritores, todos los libros alimentan, hasta los malos. Uno siempre aprende algo y todo libro enseña. Además, un libro te puede parecer malo en el momento equivocado, en la fecha equivocada y hasta en tu estado de ánimo equivocado. Sin embargo, uno debe releer los libros que extraña. Y, mientras más pasa el tiempo, uno extraña más libros siempre. Los añora porque produjeron en nosotros emociones fuertes. Yo, al igual que en años anteriores y desde adolescente, releía libros, y este 2024 también lo hice. Por ello, este año me faltó un poco para alcanzar los 240 libros leídos en 366 días.
Como les decía a mis lectores en años pasados, califico los libros del uno al diez. Solo mencionaré los que alcanzaron 10 o, tal vez, 9. En enero, me encantaron El criticón de Baltasar Gracián, quien fue uno de los padres de esa sentencia (“El mundo está al revés”) y que Guamán Poma de Ayala repetía muchas veces en sus crónicas. Me gustó también la tetralogía Sarah de Carlos Calderón Fajardo por su escritura ágil y correcta, y por su temática fantástica. Además, Pura pasión de Annie Ernaux, que cuenta sobre la infidelidad desde el punto de vista de la amante. Releí unos poemas selectos y magistrales de Arthur Rimbaud, siempre impresionante. Destaco también la lectura de Confesiones de un inquisidor: Memorias de César Hildebrandt en diálogo con Rebeca Diz Rey, un libro esclarecedor.
Y al inicio de febrero me impresionó la poesía completa de Saint-John Perse, otro genio de la lírica. Con un puntaje de 9, tengo muy en alto la lectura de El camino de las flores, de Ugo Velazco Flores, un autor que viene consolidándose poco a poco. Otra lectura genial fue Puta linda de Fernando Ampuero, un librazo del maestro. Me gustó mucho la lectura del poemario Noche fiel y virtuosa de Louise Glück y la relectura de La muralla china de Franz Kafka, una antología de relatos con su sello kafkiano. Al norte de Boston de Robert Frost también fue digno.
En marzo me pareció interesante la Biografía de Shakespeare de F. E. Halliday y las relecturas de las rimas de Gustavo Adolfo Bécquer y Trilce de César Vallejo. Me gustó mucho En agosto nos vemos de Gabriel García Márquez, aunque tenga muchos detractores. Con puntajes de 9, tengo en mis apuntes las interesantes lecturas de Shandunga de Dany Lener Carbajal Padilla, Un lugar soleado para gente sombría de Mariana Enríquez y Maestra Vida de Pedro Novoa. Otra genial relectura, con un puntaje máximo, fue Manhattan Transfer de John Dos Passos, un grande de la novela norteamericana. Además, una grandiosa lectura fueron los cuentos y leyendas amazónicos de Ciro Alegría en una antología gozosa.
En abril de este 2024 me fascinó la lectura de De los héroes, el culto de los héroes y lo heroico en la historia de Thomas Carlyle, un libro clásico que todos deberían leer. Releí con placer La metamorfosis y Un artista del hambre de Franz Kafka, obras metafóricas cumbres de la literatura universal. Con un puntaje de 9, me gustaron mucho Género y conflicto armado en el Perú de varios autores y 17 narradoras latinoamericanas de 17 autoras. Las relecturas de Historia universal de la infamia de Jorge Luis Borges, Bartleby, el escribiente de Herman Melville y El capote de Nikolái Gógol no tienen parangón. Además, me fascinaron mucho Adiós a la revolución de Francisco Ángeles, Arcángel de sombra de Clara Janés y Nadja de André Breton.
En mayo del 2024, tuve singular apreciación por la relectura de algunas partes del Antiguo Testamento, como los Salmos o Proverbios. Con un puntaje de 9 califiqué La guitarra azul de John Banville, así como una antología poética de Alda Merini. La casa de los espíritus de Isabel Allende me gustó muchísimo y pude comprobar que, contrario a lo que muchos diletantes decían, no tiene nada que ver con Cien años de soledad; hasta podría decir que son totalmente diferentes. En junio disfruté Afrodita: Cuentos, recetas y otros afrodisíacos de Isabel Allende y los dos tomos de Luz tras la memoria, que reunía los artículos culturosos de Sebastián Salazar Bondy. Con un puntaje de nueve, me entusiasmó Las dos caras del héroe de Jorge Santiago, quien, de hecho, es un autor de culto.
En julio me alegró Como dos músicas iguales y otros lunares sobre cuentos de Ugo Velazco Flores, que de hecho es uno de sus mejores libros de relatos. Con un puntaje de nueve, me entusiasmaron Compartirte con el mundo de Giuseppe Bartoli, un gran camarada, y la relectura de Álbum de familia de José Watanabe. Una lectura especial fue, sin duda, El gominola de Francis Scott Fitzgerald, que escribió esa joyita. En agosto me gustaron Invitación al viaje y otros cuentos inéditos de Julio Ramón Ribeyro, un libro polémico pero encantador, y Diario de Menorca (Primavera/verano, 1977) de Enrique Verástegui. Además, me encantó la Poesía reunida de Rossella Di Paolo, una poeta súper interesante.
En septiembre, me fascinó El amante uruguayo: Una historia real de Santiago Roncagliolo, un librazo sobre Enrique Amorín, un escritor que se codeó con la mayoría de escritores hispanohablantes de su tiempo. También Invertebrados: Reflexiones sobre la columna de opinión en el Perú de Cristián Faúndes, que es esclarecedor. Además, me gustaron en demasía la relectura de algunos diálogos de Platón, como Critón o del deber o Eutifrón o de la santidad. Asimismo, me encantaron Las bellas extranjeras y Nostalgia de Mircea Cârtârescu, al igual que La caída de Thomas Mann.
En los meses siguientes y finales del año disfruté la Poesía esencial de Mircea Cârtârescu y Los diálogos: Edición definitiva de Jorge Luis Borges y Osvaldo Ferrari. Con un buen puntaje me gustaron Donde hablan los muertos de Marco Cárdenas, Trilogías (relatos al desnudo) de Willy del Pozo, Nada que declarar: El libro de Diana de Teresa Ruiz Rosas, Vivir abajo de Gustavo Faverón Patriau, Noches de adrenalina de Carmen Ollé, Caballos de medianoche de Guillermo Niño de Guzmán, Perro con poeta en la taberna de Antonio Gálvez Ronceros, Bus de la energía pura de Pablo Salazar Calderón, Revolución caliente de Rodolfo Ybarra, Hostal Amor de Cayo Vásquez y Destino: Vagabunda de Carmen Ollé. Con estas lecturas las pasé genial este año. Entre los omitidos, ya sea por lo que dije al inicio, están, solo por poner un ejemplo, Stéphane Mallarmé. ¡¡Felices fiestas de Año Nuevo!!
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Francois Villanueva Paravicino
Escritor, corrector de estilo, columnista y amante de los libros. Estudió Literatura y cursó la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023) y Operación Catástrofe (2024). Ha sido distinguido en diferentes certámenes literarios, tanto nacionales como internacionales.


