Gracias a un amigo que me prestó el libro, leí en un par de días La lealtad de los caníbales (Anagrama, 2024), de Diego Trelles Paz, y lo que resalta a primera vista es el epígrafe de La colmena (1950), de Camilo José Cela, el máximo exponente literario del tremendismo español, que se caracteriza por reflejar la dura realidad social y política de la posguerra civil española, utilizando un lenguaje directo y sin adornos para mostrar la crudeza de la vida cotidiana.

En efecto, en esta novela se desarrolla la cotidianidad visceral de la posguerra peruana, en este caso, de la violencia política de los ochenta y de los noventa de nuestro país. Algunos de los temas recurrentes del tremendismo incluían la pobreza, la represión política, la violencia y el sufrimiento de las clases más desfavorecidas. Y todo ello aplicado a nuestra realidad nacional con Diego Trelles Paz, un autor que conoce lo necesario para hacer de su libro una entrega entretenida. Aquello siempre ha sido una constante en sus novelas, caracterizadas por un realismo visceral y crudo.

Aunque muchos lo quieran negar, existe mucha influencia también de nuestro máximo novelista peruano, don Mario Vargas Llosa, quien fue uno de los grandes aprendices de las nuevas técnicas narrativas extranjeras del siglo XX: bloques narrativos, cajas chinas, monólogos, artificios experimentales, collages, entre otros. Pero sin duda alguna, como el mismo escritor Diego Trelles Paz explicó, la presencia del gran narrador chileno Roberto Bolaño se siente con gran fortaleza. Y, como dijimos, Camilo José Cela está presente sin duda alguna; y, también, Juan Carlos Onetti, otro gran novelista y cuentista de realismo y pesimismo literario.

Luego de Bioy (2012) y La procesión infinita (2017), la publicación de este año parece cerrar la trilogía novelesca que su autor ha decidido escribir sobre la violencia política y sus secuelas posteriores en la realidad nacional. En esta entrega se cuenta un mundo putrefacto, corrupto, obsceno, mafioso, malicioso, delincuencial, lumpen, renegado, violador, acosador, estragado por el narcotráfico, la prostitución, la violencia, la pederastia, la amenaza sismográfica, la decadencia moral, entre otros males que son propios del Perú del siglo XXI.

Por ello, existe algo de escéptico y pesimista en la cosmovisión de Diego Trelles Paz, porque se enfoca en varios aspectos negativos de la sociedad, como ha caracterizado a la literatura realista peruana en el siglo XX. Como ya habíamos comprobado en otras novelas suyas, podríamos catalogar a Diego Trelles Paz como un escritor político, comprometido y crítico con la dura realidad nacional de nuestro país. Es casi un sociólogo, un antropólogo y un escritor de tinte social y político.

Y para hacer su novela más verosímil y caótica deshilvana, como lo señala en su propia novela, unos buenos registros narrativos, que son el tono, el estilo o la manera en la que se presentan las voces de los diferentes protagonistas de esta novela publicada. El autor cuida muy bien los registros narrativos de las voces de sus protagonistas. Todos ellos cuentan sus anécdotas y sus vivencias en el bar del chino Tito, que es una especie de café y de hotel como el del Nobel español, el lugar central y donde confluye toda la trama novelesca.

Y al contar sus historias utilizan las jergas, el dialecto, las mañas, la jeringonza, las groserías que incluyen elementos como el vocabulario empleado, la estructura de las oraciones, el ritmo del texto, el punto de vista narrativo (primera persona, tercera persona, etc.), el nivel de formalidad o informalidad del lenguaje y la actitud del narrador hacia los personajes y los eventos que narra. Es como si Diego Trelles Paz hubiese utilizado una grabadora para capturar el habla de sus protagonistas y los hubiese transcrito en cada bloque narrativo de su novela que existen en las diferentes partes de ella.

Como los críticos periodísticos señalan, la novela tiene como protagonistas a un camarero nikkei cuyo padre fue asesinado por un escuadrón paramilitar y espera tranquilo su venganza, una cocinera que predice el futuro de los hombres leyendo sus traseros y se enamora de una mujer, un comandante de la policía drogadicto al que persigue su pasado y un presente marcado por el crimen, un sacerdote catalán –bello y oscuro– cuyo mentor arrastra algo más que sospechas de pederastia, una colombiana que llega a Lima huyendo de la violencia y abre una peluquería, un empresario textil obsesionado con el grupo de chicha Los Shapis, una enigmática mujer entristecida que sueña con ratas, y un joven adicto al porno de abuelas que trabaja como troll fujimorista y sueña con escribir la gran novela peruana del bicentenario, de la que apenas tiene el título: “La lealtad de los caníbales”.

Al parecer, la tradición novelesca de realismo visceral, crudo y despiadado de la literatura peruana, que tiene sus gérmenes en el indigenismo y en la narrativa de la migración, ha sido recapturada por el licenciado en Cine y Periodismo por la Universidad de Lima y doctor en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Texas, Diego Trelles Paz, quien cobró protagonismo en la escena literaria internacional cuando fue galardonado con el premio internacional Premio Francisco Casavella 2012 y fue finalista del Premio Rómulo Gallegos, todo por su novela Bioy, la novela que inició todo y que aborda de lleno la época del terrorismo en Lima y, en general, en nuestro país.

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor. Estudió Literatura y la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023). Mención de honor del Premio Nacional de Relato Corto (2023) “Feria de Libro de Amazonas”. Mención especial del Primer Concurso de Poesía (2022) y de Relato (2021) “Las cenizas de Welles” de España. Ganador del Concurso de Relato y Poesía Para Autopublicar (2020) de Colombia. Ganador del I Concurso de Cuento del Grupo Editorial Caja Negra (2019). Finalista del I Concurso Iberoamericano de Relatos BBVA-Casa de América “Los jóvenes cuentan” (2007) de España.

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