El país quizá viva sus peores momentos desde que se instaló la vida republicana, jamás habíamos observado tamaños desencuentros y corrupción instalada en el estado, nada podrá quitarnos esa percepción de las cosas, porque es lo que escuchamos y evidenciamos; la insolencia y la ignorancia se unen en el recodo del camino; las ansias de poder no tienen límites con este gobierno anodino.

Es terrible lo que viene pasando, un procurador del estado expulsado por atreverse a realizar una investigación al presidente de la república, fiscales echados de Palacio de Gobierno por pretender indagar sobre los indicios de corrupción gestados por los ascensos militares y policiales; dinero supuestamente mal habido encontrado en los servicios higiénicos del secretario de la presidencia.

Ministros impresentables, algunos con prontuarios y otros con antecedentes de violencia, incluso sin haber pasado por la universidad, reclutados para gobernar el país, demostrando una falta de respeto por los ciudadanos que otorgaron sus votos para que la izquierda gobierne el país de la manera más mediocre que se pensaba, un escenario que hace avergonzar a los peruanos dignos.

Una agencia de empleos dirigida a todos los serviles que callan los que otros ven, donde el carné partidario tiene más importancia que las condiciones y las competencias profesionales, elección de puestos de trabajo como una tómbola, de acuerdo a las posibilidades de cada militante al que debe darse empleo, porque nunca ganó lo suficiente y merece una oportunidad pese a las normas.

Un desprestigio total que haría llorar a las magnas personalidades que pasaron por importantes portafolios en el pasado, y que con sus esfuerzos generaron riqueza para nuestro país, lo que hoy permite que el estado siga soportando la aguda crisis económica, donde la minería ha sido el gran bastión de sostenibilidad para que los peruanos podamos enfrentar el futuro con esperanza y fe.

Es cierto; pese a la escasa inteligencia de estos impresentables que nos gobiernan, el país puede sostenerse, aun con las angurrias conocidas, la frase de Antonio Raymondi, “El Perú está sentado en un banco de oro” retrata las riquezas naturales que tiene nuestro suelo, el país tiene holgura en denuncios mineros, vivimos en medio de metales preciosos, solo se requiere capitales y sensatez.

Lo que necesitamos los peruanos, es que vuelvan las mentes brillantes, que los políticos cesen sus ambiciones de querer hacerse ricos en cinco años, que es lo que fija una gestión normalmente, salvo que existan situaciones irregulares a través de mecanismos extraños, en el actual mandato de izquierda, no se ha podido avanzar mucho por la intransigencia de quienes están en el poder.

El desconocimiento de la cosa pública, ha generado errores y demoras, como el caso de Banco Central de Reserva (BCR) se retrasó largamente la confianza de su presidente, y con los directores se procedió de igual modo, lo que permitió el alza del dólar, el anuncio de la nueva constituyente sigue siendo una amenaza porque genera desconcierto y fuga de capitales de los inversionistas.

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