




CRÓNICA DEL TRABAJADOR CAMPESINO
Todo campesino tiene que estar dotado de paciencia para lograr una cosecha; trabajo que realiza con doble finalidad; en primer lugar, obtener fruto para el consumo de su familia; en segundo lugar, vender parte de la cosecha para satisfacer otras necesidades, como: adquirir ropa, calzado, medicinas, útiles escolares para sus hijos, y por si fuera poco, también para cumplir con las limosnas que les son impuestas.
Dotado de paciencia porque el proceso es prolongado. Empieza por preparar el terreno, continúa con la siembra, espera a que la semilla germine, y en donde, por una u otra causa no aparece la planta, tiene entonces que resembrar, es decir: recorrer nuevamente surco, para depositar otros granos en los lugares que lo requieran.
Al cumplirse el primero, el segundo y tercer mes de haber sembrado, se efectúan respectivamente limpias (jureo) para evitar que crezcan otras hierbas que roben a la planta sus nutrientes. Este trabajo se realiza utilizando herramientas adecuados como la segadera y azadón.
Además de enfrentarse a las enfermedades y plagas de las plantas, el campesino se enfrenta a muchos animales dañinos a los que combate con trampas, espantapájaros y escopetas cargadas con perdigones de plomo.
Como las siembras son de temporal, también están expuestas a meteoros como el viento cuando sopla fuerte, el granizo, el hielo y la falta o el exceso de lluvias.
Me parece que las injusticias son una de las causas por las que muchos labradores abandonan el campo; injusticias que también hacen que nazca en ellos, el deseo y la decisión de emigrar a otras ciudad de desarrollo.
No es mi pesimismo, sino el conocimiento de la realidad, lo que me dice que jamás tendrán una vida, siquiera medianamente desahogada, quienes justo con la tierra nos alimentan. (Prof. Ruth Candy Rodas H.)



