Instituciones públicas

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La primera vez que laboré en una institución pública fue en Andahuaylas, no en Lima, porque en la capital de nuestro país, los egresados de periodismo, nos dedicábamos a reportear para hacer noticias, sin tomar en cuenta los riesgos que podría tomar nuestra labor, cubriendo incendios, atentados, persecuciones criminales, y tantas acciones, no nos veíamos, sentados en una oficina.
Las redacciones de diarios, periódicos y revistas eran nuestras casas, era el destino final luego de rastrear y olfatear el objetivo para generar una buena historia y entregársela a los lectores, en época del narcotráfico, terrorismo, secuestros, homicidios y asaltos a personas y bancos, el periodismo policiaco te iba formando el carácter, la calle era cómplice del periodista de noticias.
En la fragua de la carrera habían verdaderos genios, que eran capaces de relatar historias en amplias páginas, recreando su imaginación, y su infinita inteligencia, sin tener que recurrir a grabadoras, libretas de apuntes, ni nada que se les parezca, si anotaban algo, eran solo ideas centrales, el culto a la memoria, caracterizaba a estos personajes de enorme capacidad y valía.
Tuve como maestros a algunos de esos personajes que uno admiraba como si fueran cracks de fútbol, no realizaban una asistencia futbolera que terminaba en gol, pero la sensación era parecida cuando uno se regocijaba de leer su producción periodística, nos sentíamos extasiados por sus mágicas plumas, y colosal narrativa, siempre quisimos alcanzar su nivel y enarbolar sus creaciones.
Por eso vemos con pesar, que la formación periodística que nos enseñaron los antiguos, no incentive a las nuevas generaciones de seguir ese derrotero, hoy la gente sale de las universidades no para llegar a ser director, editor, jefe de redacción, editorialista, o redactor principal de un medio de prensa, sino para encasillarse y apolillarse en una oficina de imagen institucional y RR.PP
No es que las oficinas públicas no sirvan, porque en nuestro tiempo también eran importantes, pero quienes transitaban por ellas, era gente que había realizado su trayectoria en medios de comunicación masiva, y que en base de su experiencia, realizaban una actividad más pasiva, como editores, tituleros o cabeceros, relevando su trabajo público para continuar en su labor mediática.
Pero, qué profesionales engrosan hoy las oficinas de imagen institucional, son jóvenes, sin ninguna experiencia periodística, porque está claro que no tienen ningún recorrido como reporteros, porque es fundamental, tener formación y haber desarrollado actividades en diversos campos de la información e investigación periodística, para estar en condiciones de asumir cargos públicos. La carrera de comunicación social, pretende hoy emparentarse con la carrera de periodismo, sin entender que tienen distintas aristas, son casi parientes, pero dirigen sus acciones en diferentes caminos, mientras los comunicadores sociales desarrollan su tarea de imagen pública o privada los periodistas desarrollan la investigación y la información en un contexto de convivencia social.

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