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LOS GOLPISTAS DE JAIME BAYLY

Luego de publicar esa pequeña joya literaria titulada Los genios (2023), el escritor peruano Jaime Bayly ha regresado a la palestra internacional con Los golpistas (Revuelta Editores, 2026), una novela que se adentra en la vida personal y política de Hugo Chávez. El libro no solo reconstruye el itinerario vital de quien fuera una de las figuras más controvertidas de América Latina a través de escenas literarias, sino que también propone una lectura crítica sobre el peso histórico de los militares en la región, particularmente en el siglo XX, donde los golpes de Estado, las dictaduras y las transiciones frágiles a la democracia marcaron el devenir político de países como Venezuela.

Leer a Bayly, en mi caso, remite inevitablemente a la adolescencia. Tenía alrededor de catorce años cuando cayó en mis manos No se lo digas a nadie (1994), una novela que en su momento resultó provocadora y disruptiva. Allí, el autor abordaba sin ambages la homosexualidad en una sociedad conservadora como la peruana de finales del siglo XX. Si bien hoy estos temas han ganado mayor visibilidad y discusión pública, en aquel entonces constituían un quiebre narrativo y cultural. Bayly no solo narraba una historia íntima, sino que también desafiaba las convenciones morales de su entorno, inscribiéndose en una tradición literaria que buscaba ampliar los márgenes de lo decible.

Otra obra fundamental en su trayectoria es Los últimos días de la prensa (1996), novela que ofrece un retrato agudo —y por momentos mordaz— del mundo periodístico. Recuerdo haberla leído por recomendación de un director de diario, quien sentenció con ironía: “esa es la vida de los periodistas”. Más allá de la exageración literaria, el texto revela una verdad de fondo: muchos grandes escritores y cronistas iniciaron su vocación desde muy jóvenes. Basta pensar en figuras como Mario Vargas Llosa o José Carlos Mariátegui, quienes encontraron en el periodismo un espacio formativo decisivo. En el caso de Bayly, esa experiencia se traduce en una prosa ágil, cargada de anécdotas y de una mirada irónica que hace de la lectura un ejercicio placentero.

A esta línea narrativa se suma El cojo y el loco (2009), quizá una de sus novelas más desenfadadas y humorísticas. En ella, el autor explora los límites del decoro y la provocación, construyendo una historia que oscila entre la sátira y lo grotesco. No es extraño que haya sido considerada por algunos como una obra “subida de tono”. Sin embargo, como bien señaló en su momento Mario Vargas Llosa —quien respaldó tempranamente la obra de Bayly—, estamos ante un escritor que merece ser tomado en serio, más allá de las etiquetas o prejuicios.

Esa versatilidad se extiende incluso a su incursión en la poesía con Aquí no hay poesía (2001), un libro que apuesta por la ironía, la inmediatez y la autorreferencialidad. En este punto, resulta pertinente establecer un diálogo con Roberto Bolaño, particularmente con su poemario Los perros románticos (1995). Ambos autores comparten una sensibilidad generacional que privilegia lo cotidiano, lo marginal y lo metaliterario, aunque sus propuestas estéticas divergen en profundidad y alcance. Bayly, más cercano al registro confesional y mediático; Bolaño, a una exploración más radical de la literatura como experiencia límite.

En Los golpistas, Bayly adopta una estructura narrativa alternada que contribuye a dinamizar la novela. Por un lado, reconstruye la infancia, juventud y ascenso político de Hugo Chávez hasta su llegada al poder en 1999; por otro, se centra en los acontecimientos del golpe de Estado de abril de 2002, cuando sectores militares y civiles intentaron derrocarlo. Este recurso permite al lector comprender no solo los hechos históricos, sino también las motivaciones psicológicas y emocionales del personaje. La novela, en ese sentido, se inscribe en una tradición contemporánea que difumina las fronteras entre periodismo, historia y literatura.

El contexto del golpe de 2002 —un episodio clave en la historia reciente de Venezuela— aparece narrado con tensión y ritmo, evidenciando la fragilidad de las instituciones democráticas en la región. América Latina ha sido, a lo largo del siglo XX, escenario recurrente de intervenciones militares, desde las dictaduras del Cono Sur hasta los procesos revolucionarios en el Caribe. Bayly recoge ese legado y lo condensa en una historia que, aunque centrada en un individuo, remite a una problemática colectiva: la persistencia del caudillismo y la tentación autoritaria.

Uno de los aspectos más llamativos del libro es la inclusión de anécdotas personales que buscan humanizar —o, en algunos casos, desmitificar— a Chávez. Se relata, por ejemplo, su estrecha relación con su abuela, figura afectiva que contrasta con la distancia que mantenía con sus padres. Esta dimensión íntima permite entender ciertas pulsiones del personaje, como su necesidad de reconocimiento o su afán de trascendencia. La muerte de su abuela, según se sugiere, habría sido un punto de inflexión que marcó su determinación de alcanzar el poder. También se cuenta, entre las anécdotas personales, que un siquiatra reconocido diagnosticó a Hugo Chávez de sufrir una especie de esquizofrenia que lo hacía mentir en exceso, tener un ego poderoso y que, por eso, le recetó pastillas psicóticas.

Asimismo, el texto recoge episodios que refuerzan la imagen de un líder carismático, pero también contradictorio: su vida sentimental agitada (tuvo varias novias, incluso gozó de un affaire con una limeña), su cercanía con prácticas esotéricas, su capacidad de seducción política. En este punto, la figura de Fidel Castro resulta central. La relación entre ambos líderes no solo fue estratégica, sino también ideológica. Según la novela, Castro habría aconsejado a Chávez abandonar la vía golpista —que intentó en 1992 y que lo seguiría intentando incluso desde la cárcel— y apostar por la vía electoral, una estrategia que finalmente lo llevó a la presidencia. Este vínculo revela las redes de influencia que han operado en la política latinoamericana, donde los liderazgos suelen trascender las fronteras nacionales.

Durante el episodio del golpe de Estado a Hugo Chávez, Bayly introduce elementos que intensifican el dramatismo: llamadas clandestinas, negociaciones secretas, lealtades en disputa. Se narra, por ejemplo, cómo Chávez, ya detenido, logra comunicarse con Castro gracias a la complicidad de un soldado, a quien habría ofrecido millones de dólares y favores políticos. Más allá de la veracidad absoluta de estos detalles —que el lector deberá ponderar críticamente—, lo cierto es que contribuyen a construir una atmósfera de intriga que mantiene el interés a lo largo de la narración.

En términos estilísticos, Los golpistas destaca por su prosa fluida y su ritmo sostenido. Bayly demuestra, una vez más, su habilidad para contar historias que combinan información y entretenimiento, sin perder de vista una mirada crítica. Si bien algunos pasajes pueden rozar el sensacionalismo, el conjunto logra articular una reflexión sobre el poder, la ambición y las tensiones inherentes a la política latinoamericana.

En suma, estamos ante una obra que confirma la vigencia de Jaime Bayly como narrador y cronista de su tiempo. Los golpistas no es solo una biografía novelada de Hugo Chávez, sino también un espejo de nuestras propias contradicciones como región. Leerla implica, en última instancia, confrontar una historia que, aunque reciente, sigue proyectando sus sombras sobre el presente.

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Francois Villanueva Paravicino

Escritor, corrector de estilo, columnista y amante de los libros. Estudió Literatura y cursó la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Autor de Cuentos del Vraem (2017), El cautivo de blanco (2018), Los bajos mundos (2018), Cementerio prohibido (2019), Sacrificios bajo la luna (2022), Los placeres del silencio (2023), Operación Catástrofe (2024), Cantera de fuego (2025) y Fábulas de amor y libros (2025). Ha sido distinguido en diferentes certámenes literarios, tanto nacionales como internacionales.

 

 

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